La Cuba real inspira más terror que cualquier bruja de Halloween

No asustan tanto las calaveras, los payasos infernales y los vampiros como los precios de los dulces y la inseguridad en las calles

Todo el local, como tantos otros establecimientos por estos días, está adornado, a la manera estadounidense, para celebrar la noche de las brujas. (14ymedio)
Todo el local, como tantos otros establecimientos por estos días, está adornado, a la manera estadounidense, para celebrar la noche de las brujas. (14ymedio)

Un médico especial recibe este fin de semana a los clientes en el restaurante privado Rey & Gaby, en G y 25, el corazón de El Vedado. Lleva bata blanca pero toda salpicada de rojo, con manchas que asemejan sangre y tripas que salen del cuerpo. Todo el local, como tantos otros establecimientos por estos días, está adornado, a la manera estadounidense, para celebrar la noche de las brujas, Halloween, el 31 de octubre.

Calaveras, telas de araña, payasos infernales, vampiros... Todo de cartón piedra, incluidas las calabazas redondas, que en el vecino país del norte son naturales, con sus caras terroríficas esculpidas a mano, y en la Isla son una variedad inexistente.

En Rey & Gaby se ve que se han empleado a fondo con la decoración, aunque lo que asusta de verdad es la realidad circundante. Para empezar, sus precios –un pedazo de  cheesecake, otro producto netamente  yuma, cuesta más de mil pesos–, capaces de provocar un infarto en el cuerpo más estoico.

La oscuridad de los apagones programados ha aumentado la inquietud en las calles: la penumbra es propicia para todo tipo de asaltantes, mucho más vivos que los zombis

En la misma puerta del restaurante, da más miedo el inspector  rompecaderas del transporte, que intenta meter a empujones dentro de una guagua a una multitud tratada como pescado en lata.

La gente, desde hace meses, se nota circunspecta, cuando no irascible o directamente violenta.

Más allá, se alzan amenazantes las casas en ruinas de lo que fue el barrio más rico de la capital, de columnas en precario equilibrio y fachadas ajadas, invadidas por la vegetación salvaje.

En los últimos meses, además, la oscuridad de los apagones programados ha aumentado la inquietud en las calles: la penumbra es propicia para todo tipo de asaltantes, mucho más vivos que los zombis.

Y qué decir de los cuentos de terror que se rumoran por los barrios. Según uno de ellos, en algunos barrios de la ciudad se pasean dos vehículos policiales, en realidad camuflados, que llegan por sorpresa a las esquinas donde se encuentran revendedores y los multan sin piedad con miles de pesos.

Más tristes que las almas en pena, vagan los parientes de los miles y miles de cubanos que en el último año han abandonado la Isla, en un éxodo sin precedentes que deja tras de sí ciudades fantasmas.

Definitivamente, en los tiempos que corren, Cuba es de por sí más terrorífica que cualquier bruja de Halloween.

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