Día del maestro en Cuba: entre el éxodo y la crisis

El desabastecimiento y las penurias económicas han recortado la posibilidad de agasajar a los profesores con regalos 

 A los “maestros emergentes” que comenzaron a formarse a inicios de este siglo, le han seguido todo tipo de proyectos pedagógicos para acortar los tiempos de enseñanza. (EFE)
A los “maestros emergentes” que comenzaron a formarse a inicios de este siglo, le han seguido todo tipo de proyectos pedagógicos para acortar los tiempos de enseñanza. (EFE)

Tiene 15 años y en unos días comenzará un curso de siete meses para formarse como profesor de química, una labor que lo llevará de vuelta a la escuela secundaria básica, donde acaba de graduarse. Esta vez estará frente a un aula. Gabriel es uno de los tantos maestros formados a toda velocidad para tratar de frenar el éxodo de profesionales en las escuelas cubanas, pero su vocación es mínima y sus conocimientos escasos.

Este 22 de diciembre, jornada en que se celebra el Día del Maestro en la Isla, la tradición es agasajar con regalos a esos que enseñan desde las más simples letras del abecedario hasta las más complicadas fórmulas matemáticas. Sin embargo, la crisis económica y el desabastecimiento han recortado este año los presentes. "Mis hijos van a llevar un paquetico de detergente y listo", me contaba este miércoles una madre de dos niños de primaria.

Donde antes abundaban las flores, los jarrones de cristal, los perfumes o los licores, ahora aparecen más productos de la urgencia: jabones de lavar, tubos de pasta dental, cuadritos concentrados con sabor a pollo y, de manos de las familias con más poder adquisitivo, puede llegar un paquete de salchichas o de picadillo de pavo. "Hay gente que los parientes en Miami les han mandado los regalos con tiempo, pero yo no tengo a nadie en el extranjero", comenta otra vecina con gemelos en la secundaria.

Donde antes abundaban las flores, los jarrones de cristal, los perfumes o los licores, ahora aparecen más productos de la urgencia

Otros estudiantes tienen el problema de no saber a quién entregar el presente. "Mi hijo apenas dio clases el curso pasado y este va por el mismo camino", cuenta Yantiel, un habanero de 38 años que ha visto pasar al menos tres jóvenes maestros por el aula de su pequeño sin que ninguno haya durado más allá de unas semanas. "El primero se enfermó de dengue y no volvió a trabajar más después de eso. La otra era una mujer muy joven que se fue a través de Nicaragua y al último lo sancionaron por tantas inasistencias".

Aunque la cifra global del déficit de maestros rara vez aparece en los medios oficiales. Solo en la provincia de Ciego de Ávila faltaban en septiembre pasado 575 maestros, según la prensa local. Esas ausencias no solo se deben a que los bajos salarios de los docentes y sus inmensas responsabilidades laborales los hacen desertar en masa y dedicarse a ocupaciones más ventajosas en lo económico. La falta de vocación también golpea a un sector donde se han hecho demasiados experimentos.

A los "maestros emergentes" que comenzaron a formarse a inicios de este siglo, le han seguido todo tipo de proyectos pedagógicos para acortar los tiempos de enseñanza y graduación de los profesores. La urgencia por completar las plantillas docentes ha venido acompañada de cada vez más promociones de pedagogos con serias lagunas de conocimientos y endeble capacidad para transmitir valores éticos o morales.

"Tenía que llenar muchos papeles y entre reuniones, informes sobre la situación de las familias de mis alumnos y todas las actividades políticas se me iban mucho del tiempo que debía usar para preparar mis clases"

"Uno de los maestros de mi hijo lo único que sabía hacer bien era usar el mando a distancia del televisor del aula", ironiza Yantiel. Pero incluso aquel torpe profesor ahora es recordado con nostalgia por más de una veintena de estudiantes que ven pasar sus días "dibujando, sentados en el área del matutino o jugando con los móviles porque no tienen a nadie que les imparta las asignaturas", remacha.

Entre quienes han abandonado las aulas los motivos no solo son los bajos salarios y el alto costo de la vida. "Tenía que llenar muchos papeles y entre reuniones, informes sobre la situación de las familias de mis alumnos y todas las actividades políticas se me iban mucho del tiempo que debía usar para preparar mis clases", cuenta Indira, una cienfueguera graduada en la Licenciatura de Español y Literatura que, después de tres años como maestra de primaria, cruzó la selva del Darién y ahora vive en Miami.

"Me gustaba mucho enseñar pero fui perdiendo las ganas en el camino", reconoce. "Cuando ya tenía todo listo para salir del país fui a ver a la directora de la escuela y le conté que me iba. Me aseguró que en menos de un mes tres maestros le habían dicho lo mismo". Indira sueña con volver algún día a estar frente a un aula pero lo ve poco probable. "Me mantengo en un grupo de WhatsApp con los colegas que dejé en Cuba".

Este jueves, en el aula donde Indira impartía sus clases de español en una escuela del municipio de Plaza de la Revolución, algunos padres organizaron una pequeña fiesta para agasajar a la auxiliar pedagógica que ha intentado suplir el trabajo de la profesora emigrada. "Me llamaron por videoconferencia y saludé a mis alumnos". En la mesa de la maestra, Indira vio algunos de los regalos que llevaron: "Frazadas de piso y jabón".

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