El Miño y La Piña, de la carne al pellejo

Este lunes, decenas de personas esperaban para comprar pellejos, costillas y huesos

El mostrador, con la oferta de huesos y pellejos, es una tosca barra cercada por rejas y dista mucho de la imponente arquitectura de la fábrica El Miño. (14ymedio)
El mostrador, con la oferta de huesos y pellejos, es una tosca barra cercada por rejas y dista mucho de la imponente arquitectura de la fábrica El Miño. (14ymedio)

Cerca de 600 metros separan a la fábrica de embutidos El Miño del mercado La Piña, pero no es la distancia física la que aleja a un local del otro. Mientras una fue la más famosa industria de chorizos de Cuba y ahora produce alimentos para la venta en divisas, el otro solo comercializa lo que descarta la vecina fábrica: pellejos, costillas y huesos.

Este lunes, decenas de personas esperaban a las afueras de La Piña para hacerse con los subproductos del antiguo El Miño que, bajo el actual nombre de Empresa Cárnica Tauro, elabora también ahumados, picadillos y hamburguesas. La mayor parte de las producciones de esta empresa, perteneciente al Grupo Empresarial de la Industria Alimentaria, terminan en hoteles y tiendas en moneda libremente convertible (MLC).

"Vine para comprar algo de grasa de cerdo porque no hay aceite vegetal en ningún lado y en mi casa no tenemos nada para cocinar los alimentos", explica a 14ymedio un joven que aguardó por más de una hora para al final llevarse una bolsa con 429 pesos en costillas y 355 de pellejos, un tercio del salario mínimo mensual en Cuba.

"Aquí venden lo que El Miño descarta y hay que sentirse bendecido porque se supone que somos privilegiados de vivir tan cerca de esa empresa y tener acceso a esto, en un momento en que el cerdo está tan caro", explica el joven. La fila era custodiada por una representante del gobierno del municipio de Cerro, que vigilaba para evitar peleas y aglomeraciones.

Con el nombre de un río español, El Miño se inauguró en 1925 y marcó a varias generaciones de cubanos con sus sabores. (14ymedio)
Con el nombre de un río español, El Miño se inauguró en 1925 y marcó a varias generaciones de cubanos con sus sabores. (14ymedio)

El mostrador, con la oferta de huesos y pellejos, es una tosca barra cercada por rejas y dista mucho de la imponente arquitectura de la fábrica El Miño, con su fachada de granito negro y sus vidrieras con amplias fotografías que muestran una variedad de productos que los clientes han dejado de ver hace mucho tiempo en las tiendas en moneda nacional. 

Con el nombre de un río español, El Miño se inauguró en 1925 y marcó a varias generaciones de cubanos con sus sabores, en especial sus chorizos en manteca que llegaban a los hogares en latas de varios formatos, sus morcillas y tasajos. En 1962 la fábrica fue confiscada y en 1986 fue sometida a una reparación con significativos cambios tecnológicos que incluyeron las construcción de una alta chimenea.

Aunque la enorme estructura se convirtió en un símbolo de la industria, nunca llegó a usarse y los gases contaminantes de la producción de embutidos se esparcen por toda la barriada junto a muchos roedores. Ni siquiera otra remodelación llevada a cabo en los años 90 y que agregó una nueva chimenea catalogada como "ecológica" resolvió los problemas. 

Con el tiempo, los malos olores se han convertido en una señal de que han abastecido de materia prima a El Miño y que ya las redes de mercado negro de los alrededores pueden empezar a prepararse para la llegada de los embutidos. "Si empiezas a sentir la peste, sabes que pronto alguien vendrá a tocarte a la puerta para proponerte un jamón o que venderán pellejos en La Piña", explica una vecina.

A la emblemática industria y al pobre mercado parecen separarlos solo la distancia de "una costilla".

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