Muere a los 85 años el obispo auxiliar de La Habana, Alfredo Petit Vergel

El 15 de noviembre de 1991, el Papa Juan Pablo II lo nombró obispo de San Cristóbal de La Habana

En 2005, Petit denunció que ante la imposibilidad de construir nuevos templos en la Isla,  los católicos se habían visto obligados a crear las así llamadas 'casas de oración'. (Facebook)
En 2005, Petit denunció que ante la imposibilidad de construir nuevos templos en la Isla, los católicos se habían visto obligados a crear las así llamadas 'casas de oración'. (Facebook)

El obispo auxiliar de La Habana, Alfredo Petit Vergel, falleció este sábado en la capital cubana, a los 85 años de edad, según informó una nota difundida por la parroquia San Julián De Los Güines.

Nacido el 24 de julio de 1936 en La Habana, Petit cursó estudios en el colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas hasta ingresar en el seminario El Buen Pastor, donde completó los estudios en Humanidades y Filosofía, detalla el texto difundido en la página de Facebook de la parroquia.

Nacido el 24 de julio de 1936 en La Habana, Petit cursó estudios en el colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas hasta ingresar en el seminario El Buen Pastor

"El colegio Pío Latinoamericano en Roma lo acogió hasta graduarse de Licenciado en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, tras lo cual recibió el 23 de diciembre de 1961 la ordenación sacerdotal". De regreso a Cuba, se desempeñó como párroco de la Catedral de La Habana y luego de la parroquia El salvador del Mundo en el barrio del Cerro.

El 15 de noviembre de 1991 el Papa Juan Pablo II, nombró a Petit obispo de San Cristóbal de La Habana, justo en un momento en que la crisis económica tras la caída del bloque socialista se recrudeció en la Isla. A partir de ese año, también creció el número de cubanos que se acercaron a las iglesias tras décadas de férreo ateísmo.

Además, Petit atendió la parroquia de Nueva Gerona en la Isla de la Juventud y al momento de su muerte era pastor en la de San Francisco de Paula en La Víbora y en la capilla de Santa Teresita en el barrio Santa Amalia, del municipio de Arroyo Naranjo.

En una entrevista lamentó los obstáculos que limitaban el accionar de la Iglesia, como el hecho de que el Gobierno "ha controlado siempre el número de sacerdotes en el país”

En 2005, durante la Congregación del Sínodo de los obispos celebrada en Cuba, Petit denunció que ante la dificultad y prácticamente la imposibilidad de construir nuevos templos" en la Isla, los católicos se habían visto obligados "a crear las así llamadas 'casas de oración' o 'casas de misión', situadas en los barrios periféricos y en los pequeños poblados y caseríos".

También en una entrevista lamentó los obstáculos que limitaban el accionar de la Iglesia, como el hecho de que el Gobierno "ha controlado siempre el número de sacerdotes en el país y éstos nunca han sido suficientes para cubrir las necesidades pastorales. Otra dificultad ha sido el difícil acceso a los medios de comunicación".

Petit fue, además, una de las víctimas de las llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (Umap), los campos de concentración que existieron en Cuba entre 1965 y 1968, destinados principalmente a homosexuales pero también a religiosos y todo aquel rechazado en las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

En junio de 1966 recibió un citatorio y fue trasladado junto con un testigo de Jehová y presos comunes a un campamento de Camagüey. Como secuela de su estancia en el campo, sus manos tenían laceraciones que le provocaron algunos trabajos forzados, como cuando tuvo que levantar una cerca con alambres de púas sin guantes protectores.

Una Biblia, que le permitieron conservar los militares, fue su aliada para celebrar por las noches misas clandestinas a las que asistían los católicos del campo de concentración. Petit ocultaba el vino de consagrar en frascos de medicinas y su madre se encargaba de llevarle las hostias.

Petit permaneció recluido hasta 1967, cuando se ordenó sacar de las Umap a todas aquellas personas mayores de 27 años; otros de los beneficiados fueron los padres Jaime Ortega y Armando Martínez. A su salida, el arzobispo Evelio Díaz le confió a Alfredo Petit Vergel la parroquia del Salvador del Mundo en El Cerro.

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