Nadie quiere a las 'azulitas' cubanas

Más de 300.000 mascarillas de factura nacional se acumulan en la planta de Gardis en Matanzas y sobra materia prima para hacer más

Empleados de la fábrica de Unimoda en Matanzas. (Granma)
Empleados de la fábrica de Unimoda en Matanzas. (Granma)

Las azulitas cubanas se amontonan en los almacenes de Gardis. La planta, ubicada en Matanzas, acumula ya 300.000 unidades de mascarillas y, aunque hay materia prima para hacer medio millón más, su destino parece condenado hasta el punto de que "hay quienes se cuestionan qué sentido tiene mantener en activo dicha fábrica", pregunta Granma.

La empresa Unimoda, perteneciente al grupo Gardis, comenzó a producir las mascarillas de factura nacional tras una enorme y catastrófica cadena de penalidades. Tanto se demoró el proceso que, cuando las azulitas llegaron a las tiendas, la pandemia ya estaba de salida y ahora su única opción parece ser su incorporación al sistema de Salud, un puesto que actualmente ocupa la estatal Empresa de Suministros Médicos (Emsume), que las importa, sobre todo, de China.

Omar Tápanes Hernández, director general del grupo empresarial, explica a la prensa oficial que, si el país considera necesaria su contribución, las mascarillas seguirán fabricándose, aunque de sus declaraciones se desprende que para ello necesitará asegurar materia prima de manera estable.

Si el país considera necesaria su contribución, las mascarillas seguirán fabricándose, aunque de sus declaraciones se desprende que para ello necesitará asegurar materia prima de manera estable

De cumplirse esta condición "sería posible cubrir las necesidades del sistema de Salud por mucho tiempo e incluso exportar hacia países del área unos tres millones de mascarillas cada mes", reza el texto. "Contamos con el equipamiento y la fuerza de trabajo joven y ya calificada", señala el funcionario.

Tápanes Hernández sostiene que "los recursos generados" han logrado cubrir la inversión, pero los directivos nunca han dado señales de una venta significativa de las mascarillas y las cantidades acumuladas en los almacenes o el exceso de materia prima –toda una novedad en la Isla– parecen respaldar el fracaso de las azulitas.

Durante el estallido de la pandemia, en 2020, y en medio de una pelea mundial por hacerse con las codiciadas mascarillas, Cuba anunció a bombo y platillo que "por primera vez" fabricaría sus propios nasobucos "desechables, higiénicos y quirúrgicos". El proceso, contaron entonces, permitiría al país un ahorro significativo en importaciones. "A un promedio de 46 centavos de dólar Cuba las importa, solo seis centavos costaría fabricarlas en casa", esgrimió el entonces director de Gardis, Diosdado Abreu Falcón.

Así, Lway Aboradan, un sirio residente en Cuba desde 1994, ganó la licitación del contrato. Su propuesta llegó tan pronto como la pandemia estalló en occidente, en marzo de 2020 y, aunque su intención era asociarse con el Gobierno, la burocracia lo llevó a tomar la decisión de ser solo proveedor de maquinaria y materia prima. Además, aunque su desembolso era en divisas, tuvo que aceptar inicialmente cobrar –poco a poco y en función de la venta– en CUC y, con la Tarea Ordenamiento, en pesos cubanos.

En octubre de 2021, lamentaba no haber visto aún ni un centavo y desgranaba toda una serie de disgustos, entre los que estaban la mala manipulación de la maquinaria o los problemas para formar a los empleados –por videoconferencia–, que demoraron infinitamente el proceso de arranque. A esas alturas, poco después de comenzar la producción, ya tenían 250.000 mascarillas quirúrgicas cogiendo polvo, porque ni una sola había salido del local.

Meses después, ya en abril –el uso obligatorio de mascarillas quedó eliminado en la Isla el 31 de mayo, a excepción de en los servicios de salud– Unimoda exponía la extraordinaria situación de baja demanda, motivada fundamentalmente porque su principal destinatario, el sistema de Salud Pública, ya tenía sus necesidades cubiertas con Emsume, que para ese momento ya tenía una disponibilidad con normalidad.

Emsume es la comercializadora de materiales médicos, integrada en el grupo estatal Medisol, y según sus propios datos importa el 95% de sus productos, la mayoría de China

Emsume es la comercializadora de materiales médicos, integrada en el grupo estatal Medisol, y según sus propios datos importa el 95% de sus productos, la mayoría de China. La factura nacional, finalmente, no suponía la principal ventaja esperada ya que, según Unimoda, las que traía Emsume eran también más económicas.

Así las cosas, la venta quedaba restringida casi en exclusiva para el turismo, a otros organismos y la venta online. La empresa alegaba que la comercialización tenía que ser en moneda libremente convertible (MLC) para respaldar la importación de materias primas y su precio oscilaba entre los 10 y 12 centavos. Aunque no especificó si el costo era de venta o fabricación, ya se trataba casi del doble anunciado por Abreu Falcón. "En total, tenemos una veintena de clientes, incluida la distribución a la población en moneda nacional", dijo Maribel Rodríguez Argüelles, directora de Unimoda.

Granma se preguntaba por qué se veían aún por la calle mascarillas de menor calidad que las de Unimoda, aunque un lector espetó con clarividencia entonces: "La demanda de la población fue suplida por los vendedores particulares. Muy demorado su actuar, al igual que el artículo periodístico, después de tantos meses".

La nota de este jueves en la prensa oficial, dedicada a recordar que sigue habiendo casos de covid-19 y no hay que bajar la guardia, afirma, no obstante, que la empresa contribuyó "en el enfrentamiento al coronavirus SARS-COV-2 en la provincia". La explicativa deja algo claro: que las flamantes mascarillas made in Cuba apenas han salido de Matanzas.

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