Triste Navidad en Cuba

El fin de año llegará en medio de una crisis que no parece tener fin y una devaluación galopante del peso cubano

El simbólico árbol navideño no estará en las casas de todos los cubanos, sencillamente porque los comercios nacionales no los venderán. (14ymedio)
El simbólico árbol navideño no estará en las casas de todos los cubanos, sencillamente porque los comercios nacionales no los venderán. (14ymedio)

El aire comienza a soplar desde el norte, las frescas temperaturas anuncian el arribo del breve invierno cubano y, con él, se acerca también la Navidad. Los arbolitos destellan en un festival de luces de colores detrás de los cristales y algunos anaqueles se visten de gala y guirnaldas, pero solo en las tiendas en dólares, símbolos del apartheid económico que se está afianzando en el país.

Aunque el discurso oficial se empeñe en mostrar estos días como un tiempo de esperanza, pasado lo peor de la pandemia, esta Navidad difícilmente puede ser alegre. Muchos ya no están entre nosotros: quienes perdieron la batalla frente al covid, quienes fueron a parar a prisión simplemente por salir a protestar, los que se fueron al exilio dejando familias rotas, hijos sin poder ver a sus padres, padres sin poder ver a sus hijos.

Las desigualdades son más pronunciadas de lo que habían sido nunca entre quienes pueden pagar con moneda extranjera y quienes solo cuentan con la humilde moneda nacional

El fin de año llegará en medio de una crisis que no parece tener fin, una devaluación galopante del peso cubano y la imposibilidad cada vez más evidente de una vida en la que todos los cubanos tengan las mismas oportunidades. La compra de los productos tradicionales para celebrar en diciembre, como la carne de cerdo, los frijoles negros y la yuca, plantea un reto para muchas familias debido a su elevado costo.

La polarización no es solo política, sino económica. Las desigualdades son más pronunciadas de lo que habían sido nunca entre quienes pueden pagar con moneda extranjera y quienes solo cuentan con la humilde moneda nacional. Y las fiestas navideñas son fiel reflejo de esas diferencias.

El simbólico árbol navideño no estará en las casas de todos los cubanos, sencillamente porque los comercios nacionales no los venderán. Por eso, muchos deberán observar las guirnaldas y las estrellas parpadeantes detrás de la vidriera casi inaccesible de una tienda en la que no pueden ni soñar con comprar.

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