Las autoridades admiten que Cuba registró en 2025 la mayor cifra de muertes desde la pandemia
Demografía
Mientras fallecen casi dos cubanos por cada nacimiento, el Cedem admite que el 50% de quienes se fueron del país eran jóvenes e infantes
La Habana/En Cuba ya mueren casi dos personas por cada niño que nace. El dato no aparece en un informe sanitario de emergencia ni en una evaluación sobre el colapso hospitalario, sino escondido en un artículo de Granma sobre el “espejo demográfico” del país. Según el órgano oficial del Partido Comunista, la Isla cerró 2025 con 68.051 nacimientos y 134.354 defunciones, un saldo natural negativo de 66.303 personas.
La cifra de fallecidos, aún no publicada en el Anuario Demográfico de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei) correspondiente a 2025, es el dato más inquietante del texto oficialista. Esta sería la segunda más alta de la serie oficial que se publica desde 1970, solo superada por las 167.675 muertes registradas en 2021, el año más letal de la pandemia de covid-19.
En 2024, la propia Onei había contabilizado 128.098 defunciones, por encima de las 117.739 de 2023 y de las 120.108 de 2022.
Cuba no solo tiene menos habitantes. También conserva niveles de mortalidad extraordinariamente altos después del pico pandémico
El salto es notable. Las muertes de 2025 superan en 6.256 las del año anterior y en 25.265 las de 2019, antes de la pandemia, cuando Cuba reportó 109.089 fallecidos. El régimen evita ofrecer una explicación específica para ese aumento, aunque lo presenta dentro de un cuadro general de baja fecundidad, envejecimiento poblacional y saldo migratorio negativo.
El dato aparece además con retraso y casi de forma lateral. En enero, Granma había informado que en 2025 se registraron 68.051 nacimientos y que la mortalidad infantil subió a 9,9 por cada mil nacidos vivos, frente a 7,1 en 2024. Aquella nota, titulada En Cuba, la vida primero, celebraba el esfuerzo del sistema de salud y atribuía sus problemas a la “difícil situación económica”, el embargo, el dengue, los huracanes y la falta de recursos humanos, pero evitaba mencionar el total nacional de defunciones.
Ahora, seis meses después, la cifra aparece en un texto dedicado al Día Mundial de la Población, sin énfasis, sin desglose por provincias, sin causas de muerte y sin comparación histórica.
Cuba no solo tiene menos habitantes. También conserva niveles de mortalidad extraordinariamente altos después del pico pandémico. El saldo natural negativo significa que, aun si ningún cubano hubiera emigrado, la población habría disminuido en más de 66.000 personas en un solo año.
Granma también afirma que el país abrió 2026 con 9.436.440 habitantes, una cifra que confirma el desplome demográfico y que debe ser leída con cautela por las inconsistencias de las estadísticas oficiales y el retraso en la publicación de datos completos. Pero incluso dejando a un lado la población total, el número de fallecidos basta para describir la magnitud de la crisis.
El texto abre además otra rendija incómoda para el discurso oficial: la fecundidad adolescente
El artículo oficial reconoce que los menores de 35 años representan el 38,4% de la población, pero advierte que son también el segmento que más se mueve fuera del país. “Al cierre de 2024, el 50% de las personas que emigraron eran jóvenes e infantes menores de 35 años”, alertó Arelis Rosalen Mora Pérez, investigadora del Centro de Estudios Demográficos (Cedem) de la Universidad de La Habana.
La observación pone nombre al vacío que se ve en las familias cubanas: abuelos solos, padres separados de sus hijos, círculos infantiles cerrados, aulas con menos alumnos y barrios donde la edad promedio sube mientras los más jóvenes hacen planes para marcharse. La propia investigadora admitió que el grupo de 0 a 4 años es el de menor presencia en la estructura poblacional, resultado directo de la baja fecundidad. En cambio, el grupo más numeroso es el de 30 a 34 años, precisamente una de las franjas más golpeadas por la emigración.
El texto abre además otra rendija incómoda para el discurso oficial: la fecundidad adolescente. El último dato completo publicado por la ONEI corresponde a 2024, cuando la tasa fue de 47,1 nacimientos por cada 1.000 mujeres de 15 a 19 años, por debajo de los 54,1 del año anterior. La disminución, sin embargo, no elimina el problema: ese año nacieron 11.597 niños de madres de entre 15 y 19 años y otros 365 de madres menores de 15, en un año donde los nacimientos totales se desplomaron a 71.358.
Para 2025, el Gobierno solo ha divulgado hasta ahora que las adolescentes representaron alrededor del 18,2% del total de embarazadas, una proporción que, según Granma, tuvo una ligera disminución respecto al año anterior.
“Si aprobamos leyes, tenemos que empezar a ejercerlas”, dijo Molina Cintra. También Antonio Aja Díaz, director del Cedem, habló de una política migratoria en la que no se reconozca solo el derecho a migrar, sino “el derecho a no tener que hacerlo”.
Granma habla de “proyecto de nación” y de la necesidad de que los jóvenes “se vean representados”. Pero los datos que publica cuentan otra historia: en Cuba hay menos nacimientos que nunca, más muertes que en cualquier año posterior a la pandemia y una juventud que sigue saliendo del país. El espejo demográfico del que habla el periódico oficial devuelve la imagen de una nación que no solo envejece, sino que se apaga.