Del azul al amarillo: los cubanos ruegan a la Virgen de Regla y a la Virgen de la Caridad
Religión
Falta de transporte, girasoles cada vez más caros y rostros resignados, la tónica de las procesiones este año
La Habana/La iglesia de la Virgen de la Caridad del Cobre en La Habana, en la esquina de Manrique y Salud, estaba este martes tan llena como cada 8 de septiembre. La homilía del arzobispo de la capital, Juan de la Caridad García Rodríguez, no se salió un ápice de los cauces esperados, más allá del rezo habitual por la gente que sufre y la súplica para que los desesperados encuentren el camino de Cristo.
A simple vista, nada parece cambiar este año en el rito repetido: los cubanos siguen acudiendo multitudinariamente a la celebración del día de la Patrona de la Isla, siguen buscando cobijo espiritual en Cachita, vistiendo su color amarillo característico.
Observando bien, sin embargo, surgían las diferencias. La primera, la fuerte vigilancia. Desde primeras horas del día, una cinta amarilla impedía el paso de vehículos desde una cuadra antes de llegar al templo. Fuera de este y en las calles adyacentes, había más policías que de costumbre, aunque los rostros, año con año, son más resignados.
A varios activistas, de hecho, la Seguridad del Estado les impidió salir de su casa tanto hoy como ayer, cuando se celebra el día de la Virgen de Regla. Es el caso de la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, su esposo, Ángel Moya, y la también Dama de Blanco María Cristina Labrada, según reportaron a Martí Noticias. La periodista independiente Camila Acosta también denunció un operativo en las inmediaciones de su vivienda este 7 de septiembre.
Había más agentes, sí, pero menos girasoles. El precio de un pequeño ramo está a 2.000 pesos, el doble que hace apenas dos años y cuatro veces más que en 2022. La crisis de combustible, que azota inevitablemente el transporte, también ha disuadido a muchos devotos. “Un triciclo eléctrico hasta allá no baja de 300 pesos la ida y probablemente más la vuelta”, lamentaba una jubilada de Nuevo Vedado. La mujer, este año, se ha contentado con comprar una velita y prenderla en su casa. “Sin girasoles, que también están muy caros”, decía, corroborando la inflación de las flores.
Un joven, residente en Luyanó, alegaba que no quería que le cogiera la noche en Centro Habana y luego “tener que regresar a oscuras porque ni alumbrado público hay con esto de los apagones”.
Los que sí acudieron a la procesión lo hicieron con la devoción de siempre, entre rezos y cantos. Al paso de la Virgen, alzaban los cables de la luz con una escoba, para impedir que la imagen chocara con ellos. “Total, si ni corriente hay”, bromeaba un anciano al ver la escena.
En Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario, el arzobispo Dionisio García Ibáñez presidió la eucaristía y recalcó, según un breve comunicado hecho público por el Arzobispado en sus redes sociales, que “el único camino para el bien, para el progreso de los cubanos, nace de la libertad y el respeto”.
Más festiva fue, este lunes por la tarde y como de costumbre, la procesión de la Virgen de Regla, que la religión yoruba identifica con la orisha Yemayá. Desde su iglesia, al otro lado de la bahía de La Habana, acompañaron a la efigie una mezcla de cánticos católicos, bailes afrocubanos y, sobre todo, globos y ropas azules, el color que la caracteriza.
Y ello, pese a que el desánimo ha cundido también entre los devotos de Yemayá. “No se escuchó ayer ningún toque de santos por Yemayá ni por la víspera de Oshún”, contaba una joven de Cerro. “En mi cuadra solo una vecina preparó el altar y algunos pudimos pasar a dejar velas y a orar. Claro, ella tiene un ecoflow y con eso mantuvo una luz en la sala y también puso unos cantos en una bocina, pero nada más, todas las otras cuadras a la redonda eran oscuridad y silencio”.
Al igual que sucedió hoy en Centro Habana, la multitud ayer en Regla fue custodiada por agentes de Policía motorizados y a pie.
Por la mañana, los devotos se acuclillaban en la orilla de la bahía para hacer sus peticiones en silencio a la protectora del mar. Poco antes había tenido lugar la misa, también multitudinaria.