En las bodegas estatales de La Habana, muchas consignas y ningún producto
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El dilema que se presenta cada día al cubano es que a lo que puede acceder, no hay; de lo que hay, no lo puede pagar
La Habana/La vieja bodega estatal junto al mercado de 19 y B, en El Vedado habanero, nunca ha podido competir del todo con el bullicioso agro. Bien surtido de toda clase de frutas y verduras, a su lado el comercio destinado a las compras por la libreta se fue quedando cada vez más como epítome de la escasez del país.
Cuando a finales de diciembre de 2023, en la mitad del local se estableció el negocio privado de envíos a domicilio Zona K’liente, los contrastes se agudizaron. Nunca, eso sí, hasta el extremo que se observa ahora, cuando la crisis se ha recrudecido debido a la falta de combustible y las bodegas del mercado racionado se han quedado vacías.
Mientras tanto, no solamente prospera la mipyme Zona K’liente, sino los puestos del mercado adyacente
Este martes –el primer día de la semana que abre el agro de 19 y B tras la pausa de domingo y lunes–, tan solo había en los anaqueles una ínfima cantidad de compotas, destinadas a los niños hasta los dos años de edad de cada unidad familiar. Vacía de productos, pero no de consignas. “Somos continuidad”, “Pensar como país”, son algunas de las frases escritas en mayúsculas al frente del mostrador pintado de verde, como si las letras grandes y estridentes bastaran para alimentar.
Mientras tanto, no solamente prospera la mipyme Zona K’liente, sino los puestos del mercado adyacente. Otra cosa son los precios. Mandarinas importadas a 1.500 pesos la libra, guanábana a 1.000, col morada a 2.000, pierna de cerdo a 950, la unidad de mamey a 400 pesos…
Ambos espacios evidencian el dilema que se presenta cada día para el cubano de a pie para sobrevivir: a lo que puede acceder, no hay; de lo que hay, no lo puede pagar.