Sin dólares, ya no se puede conseguir bombillos en Cuba

Desde hace más de un año, en las tiendas de La Habana no se venden lámparas ni bombillos en moneda nacional

Desde que Fidel Castro inició la "revolución energética", los viejos refrigeradores y los bombillos ahorradores quedaron en el punto de mira. (14ymedio)
Desde que Fidel Castro inició la "revolución energética", los viejos refrigeradores y los bombillos ahorradores quedaron en el punto de mira. (14ymedio)

El bombillo empezó a parpadear y dos días después no encendía. Nena, una jubilada de Centro Habana que se entretiene cosiendo en su vieja máquina Singer, supo que la oscuridad de su cuarto no presagiaba nada bueno. Desde hace más de un año en las tiendas de La Habana no se venden lámparas ni bombillos en moneda nacional.

"La primera idea fue quitarle el bombillo al patio y ponerlo en el cuarto pero al probar, la lámpara seguía sin encender y eso era una pésima señal", comenta a 14ymedio la jubilada. "Mis hijos pensaron que a lo mejor era el encendedor, pero al final todo era más grave de lo que parecía: el transformador interno de la lámpara se rompió".

Reemplazar la lámpara de Nena es "una misión imposible". La crisis económica ha hecho desaparecer muchos productos básicos de las tiendas estatales donde faltan desde las almohadas hasta el cemento, pasando por las velas. La situación empeoró durante los largos meses en los que la pandemia obligó a mantener abierto solo el comercio de productos de alimentación.

"Lo cerraron todo: las tiendas donde vendían zapatos, tubos de plomería o una batidora. Como si el coronavirus fuera a evitar que esas cosas se siguieran rompiendo y la gente no necesitara sustituirlas"

"Lo cerraron todo: las tiendas donde vendían zapatos, tubos de plomería o una batidora. Como si el coronavirus fuera a evitar que esas cosas se siguieran rompiendo y la gente no necesitara sustituirlas", lamenta Nena. "Cuando algunos de esos productos regresaron, ya eran exclusivos de las tiendas en divisas. La luz blanca se paga en verdes", ironiza.

Las necesidades se acumularon y cuando volvieron a vender bombillos apenas duraron unos pocos días. La pensionada lamenta que los revendedores aprovechasen la oportunidad para comprar todos los que pudieron y después venderlos por las nubes. "Yo me acuerdo que hace unos años tú dabas una patada y salían bombillos por todas partes, lo mismo incandescentes que los otros de luz fría", evoca.

Desde que Fidel Castro inició la "revolución energética" a principios de siglo para desterrar de las viviendas los electrodomésticos obsoletos, los viejos refrigeradores y los bombillos ahorradores quedaron en el punto de mira.

Las brigadas de trabajadores sociales, una especie de guardias rojos de Castro, pasaban de casa en casa apuntando los aparatos de alto consumo eléctrico, que fueron reemplazados por otros más ahorradores. La venta de bombillos incandescentes se prohibió tanto en pesos como en convertibles, además de prohibirse su importación. Los pocos que lograron conservar alguno, lo escondían de las miradas codiciosas.

Los bombillos ahorradores, también conocidos como lámparas fluorescentes compactas de bajo consumo (CFL, sus siglas en inglés), fueron reemplazando a los incandescentes, pero su vida fue corta y no fueron muy populares, por su escasa luminosidad. La forma enrollada de los nuevos bombillos se convirtió en todo un símbolo de la Revolución Energética, que dio su nombre al año 2006.

Juan Alberto, que aquel año era un adolescente con ganas de cantar sobre un escenario lleno de luces de colores, hoy debe entrar a tientas a su cuarto porque lleva más de dos meses sin poder reemplazar una lámpara rota. "Ya he perdido la cuenta de cuántos golpes en los dedos de los pies me he dado y cuánto he caminado buscando alguien que me venda una", comenta.

"Ya he perdido la cuenta de cuántos golpes en los dedos de los pies me he dado y cuánto he caminado buscando alguien que me venda una"

Juan Alberto supo por un amigo que en las tiendas en moneda libremente convertible se podían comprar bombillos, cables, lámparas y todo tipo de artículos necesarios para la iluminación de interiores y exteriores, pero él no tiene una tarjeta magnética con divisas ni ningún pariente en el extranjero que le mande dólares para depositar en el banco.

"Desde finales de 2019 yo no había vuelto a ver un solo bombillo en ninguna tienda, así que me di cuenta de que esto iba a ser un viacrucis". Tras recorrer más de una decena de mercados estatales, Juan Alberto solo encontró en oferta DVD obsoletos, equipos de música anticuados y una plancha de pelo llena de polvo.

Hasta que llegó a la conocida Ferretería La Cubana, popularmente llamada con su tradicional nombre de "Feíto y Cabezón". A Juan Alberto se le apagó el rostro. El bombillo fluorescente que necesitaba para volver a iluminar su cuarto estaba en la vidriera del local al exorbitante precio de 11 dólares. Después de tal frustración, caminó varias cuadras más por la avenida Reina y se topó con un hombre que susurraba "bombillos led y de luz fría".

Por 150 pesos cubanos, un poco más de seis dólares, aquel comerciante informal ofrecía uno de los productos más buscados en las calles cubanas. "Compré dos por si acaso, pero cuando llegué a mi casa y los probé resulta que el problema era la lámpara y no hay en ninguna parte, así que tendré que seguir a oscuras", asegura este habanero, que recuerda ahora lo que se dijo oficialmente al inicio sobre las tiendas en divisas.

"En la televisión dijeron que eran tiendas para mercancías de alta gama, pero un bombillo no es un producto de lujo, tampoco lo es una pechuga de pollo ni un pedazo de queso. Hemos tenido que aprender a vivir sin todo eso, pero ¿sin luz?", se pregunta. "Al paso que vamos regresaremos pronto a las cavernas".

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