Crónicas de La Habana
El químico suma cuerpos desplomados al paisaje de La Habana
Campismo
Mayabeque/Lo que durante años fue una de las opciones más asequibles para vacacionar en familia en Cuba hoy sobrevive entre maleza, cabañas desmanteladas y áreas recreativas en ruinas. Un recorrido por los campismos populares cercanos a playa Jibacoa –Los Cocos, Las Caletas, El Abra y La Laguna– revela el deterioro de unas instalaciones que antes había que reservar con al menos una semana de antelación y que ahora muestran claros signos de abandono.
Según pudo comprobar 14ymedio en el lugar, ubicado en en Santa Cruz del Norte, Mayabeque, solo estaban en funcionamiento las habitaciones y la piscina de Los Cocos, además de unas pocas cabañas en Las Caletas. El resto de las instalaciones presentaba un estado muy precario: construcciones rodeadas de matorrales, áreas comunes sin mantenimiento y zonas de recreación que apenas conservan rastros de su antiguo uso.
Un trabajador de la zona explicó a este diario que uno de los problemas principales es la imposibilidad de asumir el costo de algunos servicios. “Se está haciendo muy difícil mantenerlos, sobre todo por el tema del chapeo”, comentó. Al tratarse de áreas amplias, la limpieza de la maleza depende de chapeadoras que funcionan con combustible, un insumo cada vez más escaso y caro en la Isla. Según su testimonio, la última vez esa labor costó 25.000 pesos, una cifra que hoy resulta casi imposible de asumir.
La falta de desbroce se nota a simple vista. En torno a muchas cabañas, la hierba crece sin control y llega hasta los accesos. Algunas construcciones han perdido puertas y ventanas, mientras otras conservan apenas la estructura. A la decadencia de los alojamientos se suma el estado de los espacios de uso colectivo. Las áreas de juegos, cafeterías, ranchones y otras instalaciones recreativas muestran un deterioro evidente y dan la impresión de llevar mucho tiempo sin reparaciones ni atención.
En varias zonas, el pavimento aparece cuarteado, sucio o invadido por la vegetación. Donde antes hubo espacios pensados para el ocio y el descanso, ahora predominan el abandono y la falta de mantenimiento. La escena contrasta con la belleza natural del entorno de Jibacoa, uno de los destinos de playa más conocidos de la zona occidental.
La piscina de Los Cocos, una de las pocas áreas aún utilizables, también evidencia el deterioro general. Aunque permanece abierta, una parte de la instalación está fuera de uso y sucia, lo que confirma el estado parcial de operatividad del campismo. Incluso en el complejo mejor conservado del área, el abandono resulta evidente.
La diferencia con años anteriores es notable. De acuerdo con testimonios recogidos en la zona, en estas fechas era habitual que las cabañas estuvieran muy solicitadas, pese a que las condiciones ya entonces eran deficientes. Ahora, sin embargo, la demanda parece haberse desplomado al mismo ritmo que el estado de las instalaciones. “Quitando las primeras cabañas de Los Cocos, esto parece una película de Resident Evil”, resume un campista durante el recorrido.
Más allá de la imagen extrema de algunas áreas, el problema de fondo es el mismo que golpea a casi todos los servicios en Cuba: falta de recursos, escasez de combustible y deterioro acumulado. En el caso de los campismos, ese desgaste tiene además un valor simbólico. Durante muchos años, el campismo popular fue presentado por la Unión de Jóvenes Comunistas como una alternativa de descanso accesible para los cubanos, especialmente para estudiantes y familias trabajadoras que no podían aspirar a hoteles o destinos de mayor costo.
Hoy, en muchos de esos enclaves, la promesa oficial ha quedado reducida a un puñado de habitaciones en uso y a instalaciones que se sostienen a duras penas. El caso de los campismos de Jibacoa ilustra, además, un deterioro que no parece coyuntural. No se trata solo de la falta de pintura o de una avería puntual, sino de un desgaste profundo en la infraestructura y en los servicios básicos de mantenimiento. Ya no solo escasean los alimentos, el transporte o la electricidad: también se desmoronan los pocos lugares donde generaciones de cubanos podían permitirse unas vacaciones modestas cerca del mar.
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