Crece el temor de que Trump priorice la apertura económica sobre el cambio político en Cuba
Cuba
El experto John Kavulich ve señales de que EE UU podría conformarse con un régimen similar a lo que existe en Vietnam o China
Madrid/El riesgo de que la Administración de Donald Trump propicie una apertura económica sin cambios políticos en Cuba va cogiendo cuerpo en algunos sectores. En ese análisis coinciden dos economistas, un estadounidense y un cubano, que consideran que hay signos evidentes que apuntan en esa dirección.
“Una pregunta clave es si EE UU habría asumido tácitamente como resultado tolerable una ‘modernización autoritaria’ en Cuba y no un ‘cambio de régimen’”, plantea el economista cubano Pedro Monreal, que vive en Madrid. En un hilo publicado hoy jueves en su cuenta de X, el experto considera una teoría creíble el hecho de que Washington aparque, como hizo en Venezuela, el proceso de transición. La teoría sigue a una serie de propuestas que ya puso este miércoles sobre la mesa puramente centradas en lo que las partes podrían negociar económicamente.
“Hay por lo menos dos datos que justifican esta hipótesis: el primero es que la posición de EE UU incluye una retórica de ‘colapso’ y de ‘régimen fallido’ en Cuba a la vez que ofrece un ‘trato’ (make a deal now). Presión para forzar concesiones y puerta abierta a negociaciones”, señala el economista, que añade otro argumento. “El segundo dato relacionado con la hipótesis es el ‘pragmatismo transaccional’ que utiliza la diplomacia de la actual Administración de EE UU. Una implicación de ese ‘pragmatismo’ es que permite mantener una retórica de ‘cambio de régimen’ matizada por ‘deals’ concretos”.
La experiencia ha demostrado, desmenuza Monreal, que la Administración de Trump busca forzar la situación para imponer unas condiciones, pero su país debe obligatoriamente ganar algo en ello. “Prioridad a lo económico en negociaciones diplomáticas (dinero, aranceles, comercio,inversiones, recursos) y menosprecio de lo “abstracto” (valores, reglas internacionales). Lo importante son beneficios tangibles para EE UU”, apunta. Qué podría aportar Cuba en este contexto es más complicado de responder que en el caso venezolano, donde el petróleo era una evidencia.
La experiencia ha demostrado que la Administración de Trump busca forzar la situación para imponer unas condiciones
El economista cree que la compensación de propiedades expropiadas mediante acuerdos en turismo, agricultura o energía es un punto de partida, pero también podría haber otras oportunidades para empresas estadounidenses en cualquier sector, y cita las importaciones agropecuarias, de medicamentos y otros bienes de primera necesidad, así como el turismo y servicios de remesas, que ya están autorizados pero tienen restricciones.
Este planteamiento chocaría con las intenciones de parte del exilio, que ha acogido de manera muy favorable las iniciativas del nuevo recaudador de impuestos de Miami-Dade. Dariel Fernández lleva cerca de un año centrado en apuntar sobre presuntos casos de fraude en el uso de licencias federales para comerciar con Cuba. Esos casos, a su juicio y el de otros políticos de Florida, serían motivo suficiente para eliminar las autorizaciones de manera radical, un asunto que reiteró el lunes en una rueda de prensa en el puerto de Miami.
El congresista republicano por Florida Carlos Giménez insistió allí en que esos permisos, previstos para beneficio de la empresa privada, pueden acabar usándose de manera fraudulenta, por lo que es mejor erradicarlos.
Pero la Administración de Trump, sostiene Monreal, puede ir en sentido completamente contrario y “flexibilizar restricciones económicas actuales, incluyendo, una reinterpretación de cash in advance que facilitaría exportaciones desde EE UU”, aunque esta es una hipótesis, incide, “parece probable”.
Esta opinión la comparte John S. Kavulich, presidente del Consejo Económico y Comercial US-Cuba, que publicó este miércoles una columna en Café Fuerte titulada La Administración Trump está abriendo la puerta diplomática a Cuba. En ella, el economista sostiene que hay tres pasos previstos dentro del Gobierno estadounidense. “Primer paso en la negociación, cambiar la economía cubana. Segundo, invitar a empresas estadounidenses. Tercero, por ahora, el tipo de gobierno no importa; simplemente que funcione como China y Vietnam”, plantea.
El experto sostiene que Washington no va a exigir al régimen cambios políticos, sino gestión económica, comercial y financiera
El experto sostiene que Washington no va a exigir al régimen cambios políticos, sino gestión económica, comercial y financiera, ejemplo de ello es, argumenta, que China y Vietnam están dirigidas por el Partido Comunista, pero dan oportunidades a las empresas estadounidenses. “Independientemente de si un país tiene un sistema de gobierno autoritario, democrático, dictatorial, militar, monárquico, oligárquico, parlamentario, participativo, presidencial, teocrático, totalitario o de cualquier otro tipo, el presidente Trump se enfoca en las oportunidades que existen para las empresas estadounidenses: la exportación, la importación y la prestación de servicios”, dice.
Por si cupiera la interpretación de que Trump no va a tocar Asia, fuera de su área de influencia de acuerdo con la renovada doctrina Donroe, esto ya ha ocurrido en Venezuela, donde se sustituyó a un Nicolás Maduro con mando en plaza para aupar a su vicepresidenta a cambio de concesiones para las empresas estadounidenses. Miguel Díaz-Canel es, cree Kavulich, un subalterno que ni siquiera tiene el capital simbólico de Maduro.
“Para algunos miembros de la Administración Trump-Vance, el Gobierno de Díaz-Canel no es el problema clave”, subraya el economista, que apunta a las regulaciones económicas y señala que sería toda una oportunidad precisamente para el régimen realizar esos cambios, ya que encontraría no solo la aceptación de Washington, sino la de las propias China y Rusia, o la Unión Europea, cuyos inversores se han frenado por la rigidez administrativa de La Habana.
“En mayo de 2022, la Administración Biden-Harris autorizó la inversión y el financiamiento directos a una empresa privada ubicada en Cuba, propiedad de un ciudadano cubano. Casi cuatro años después, el Gobierno cubano no ha emitido las directrices ni las regulaciones necesarias”, pone como ejemplo. “La empresa, con sede La Habana, debe presentar una página ante su institución financiera, operada por el Gobierno de Cuba; similar a un formulario ‘Conozca a su Cliente’, autorizando oficialmente la inversión y el financiamiento directos”.
El economista –conocedor de los negocios entre ambos países, además de partidario de que se favorezcan– añade que la Organización Trump, con sede en Nueva York, “tenía interés en las oportunidades relacionadas con el turismo en Cuba” y cree que esa puede ser la clave de una reanudación de la colaboración entre ambos países.
No está claro que en Florida sea fácil de encajar un cambio que se limite solo a lo económico, pero el precedente de Venezuela invita a pensar que todo puede ocurrir. Ya lo adelantó Marco Rubio a Bloomberg el pasado sábado: “Olviden, dejen de lado por un momento el hecho de que no hay libertad de expresión, ni democracia, ni respeto por los derechos humanos. El problema fundamental de Cuba es que no tiene economía, y las personas que están a cargo de ese país, que controlan ese país, no saben cómo mejorar la vida cotidiana de su pueblo”.