Los cubanos descubren las virtudes del 'food truck'

Protegidas por la sombra del imponente hotel Iberostar, decenas de personas aguardan para llevarse a casa comida hecha o semielaborada

'Food truck' a un costado del hotel Iberostar Paseo del Prado, en La Habana. (14ymedio)
'Food truck' a un costado del hotel Iberostar Parque Central, en La Habana. (14ymedio)

La calle antes estaba llena de turistas pero ahora, en el tramo de Virtudes esquina a Paseo del Prado, en La Habana, solo hay un camión y una cola para comprar croquetas, sándwiches y refrescos. Protegidas por la sombra del imponente hotel Iberostar, decenas de personas aguardan para llevarse a casa comida hecha o semielaborada.

La fila ha comenzado a formarse desde muy temprano este jueves. Antes de desplegar los laterales del peculiar food truck (camión de comida rápida) la empleada escribe un "no" en la pizarra al lado de algunas ofertas que ya se han agotado y recuerda a los clientes que "esto no es una bodega, esto es un hotel". El vehículo reluce bajo el sol de marzo y en la fila se escucha un murmullo.

La apertura se ha retrasado casi media hora, desde las diez de la mañana que se debió empezar a despachar, y la empleada lamenta que los clientes se quejen de la lentitud, pero "hay pocas manos y ya tuvimos que poner el helado en otro punto de venta porque era lo que más gente atraía". En una ciudad marcada por el desabastecimiento de alimentos, ni siquiera los precios nada baratos del food truck hacen desistir de llegar hasta el lugar.

"Leímos en internet que habían abierto el camión y que había helado, marcamos a las seis de la madrugada pero tremendo embarque que nos dimos porque al final las tinas de helado ya no las están vendiendo aquí"

El sol pica y la blanca superficie del camión brilla. "Leímos en internet que habían abierto el camión y que había helado, marcamos a las seis de la madrugada pero tremendo embarque que nos dimos porque al final las tinas de helado ya no las están vendiendo aquí sino al doblar, en un local que habilitaron para eso", advierte una mujer nada más que la empleada le señala hacia la esquina.

El vehículo, producido por la empresa española GEM Soluciones Industriales, remeda al viejo Citroën H1, un vehículo comercial ligero producido por el fabricante francés entre 1947 y 1981, y que se usó en la venta de alimentos en las calles de ciudades como Londres y Berlín. La compañía europea aclara que, inicialmente, el camión de Iberostar estaba pensado como atracción para turistas.

La caída en picada de visitantes extranjeros debido a la pandemia, unida al desabastecimiento de alimentos que atraviesa la Isla, ha reconvertido el divertido food truck en un concurrido punto de comida. A diferencia de su tío abuelo, el Citroën H1, este no se mueve del lugar y ni siquiera tiene cabina para el conductor, sino que funciona como un tráiler que debe ser halado por otro vehículo.

Oferta de comida para llevar en el 'food truck' del hotel Iberostar. (14ymedio)
Oferta de comida para llevar en el 'food truck' del hotel Iberostar. (14ymedio)

"Vine para buscar las croquetas precocinadas que están vendiendo, es esta cola o esperar por horas frente a una tienda a ver si sacan algo, por lo menos esto es más seguro aunque no es barato. Barato ya no hay nada en La Habana", comenta un joven sentado en la tapa de una cisterna desde antes de que saliera el sol.

Los precios de los alimentos van desde el bocadito de jamón de 35 pesos, la cifra más baja que se lee en la pizarra, pasando por una combinación de tres hamburguesas con panes y refresco que superan los 550 pesos y otros combos más complejos que cuestan un tercio del salario mínimo mensual. No quedan ni dulces, ni bocaditos de jamón con queso y las bebidas solo se sirven con comida.

"Los precios no están caros si los comparas con lo que están vendiendo algunas paladares a domicilio, pero claro, sin el servicio a la casa tampoco esto está a la mano de cualquiera"

"Vine a encargar tres pollos asados para un cumpleaños que tengo mañana, pero los pollitos estan, la verdad, bastante chiquitos", lamenta una señora que llega y ve el pequeño porte de los pollos. "Algo es mejor que nada'', le responde otro cliente. "Si usted va a comprar esos pollos congelados no los encuentra y en la tienda donde los hay solo le venden uno por persona". El precio de la combinación que busca la mujer es de 750 pesos.

"Los precios no están caros si los comparas con lo que están vendiendo algunas paladares a domicilio, pero claro, sin el servicio a la casa tampoco esto está a la mano de cualquiera. Son precios que se pueden pagar una vez pero olvídate de hacerte habitual de este camión", añade una joven que ha cargado con una bolsa llena de croquetas para llevar.

Al inicio de la pandemia, cuando el turismo comenzó a caer y muchos hoteles cerraron sus puertas, el Iberostar Parque Central habilitó un servicio de entrega de alimentos a domicilio. Había platos preparados y también combinaciones con diferentes tipos de quesos y embutidos. "Por poco nos queman las líneas, la gente llamaba desesperada", recuerda un empleado del almacén.

Ante la abundancia de pedidos, la administración del lugar dejó el servicio para pedir solo con 24 horas de antelación y cambió un poco las ofertas. "Ahora lo que vendemos mayoritariamente a domicilio son platos ya hechos y estas variantes de croquetas precocinadas, fundamentalmente", explica el trabajador.

Mientras habla, por una esquina de la calle Virtudes doblan dos jóvenes. Cada uno lleva una caja con helado que han comprado en el local vecino que ahora despacha el producto para evitar mayores aglomeraciones frente al camión. Uno de ellos también lleva una caja y, en la tapa, el logotipo de la cadena hotelera. Nueve letras que hasta hace poco solo significaban un lujo prohibitivo para cualquiera de los que ahora hacen cola en ese lugar.

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