Los cubanos madrugan para comprar el dólar en Cadeca, que ya cuesta 150 pesos en el mercado informal

Los que vivieron la inestabilidad de las divisas durante el Período Especial no tardaron en reconocer que esa fue la misma cifra en que llegó a valorarse entonces la moneda estadounidense 

Como un hormiguero, los santaclareños se atrincheraron durante la madrugada de este sábado en el entronque de las calles Cuba y Tristá. (14ymedio)
Como un hormiguero, los santaclareños se atrincheraron durante la madrugada de este sábado en el entronque de las calles Cuba y Tristá. (14ymedio)

La noche comienza a refrescar sobre Santa Clara y, después de comida, los coleros atraviesan el parque Vidal rumbo a la casa de cambio (Cadeca). La costumbre es nueva pero el método es tan habitual como la pobreza y el subdesarrollo de la Isla: aguantar toda la madrugada para garantizar uno de los primeros puestos en la cola.

El botín: los cien dólares "por cabeza" que promete vender el Gobierno a quien alcance un lugar. Como un hormiguero, los santaclareños se atrincheraron durante la madrugada de este viernes en el entronque de las calles Cuba y Tristá.

Es una esquina céntrica y crucial para el movimiento de la ciudad, interrumpida no obstante por una larga valla de zinc, que frena el tráfico. Los habitantes de la ciudad están acostumbrados a bordear el obstáculo, que los "protege" de las ruinas del antiguo hotel Florida, para llegar a la Cadeca y a la sucursal del Banco de Crédito y Comercio.

"Tremendo show se armó esa noche", dice a 14ymedio uno de sus lectores en Santa Clara. "Más de cien personas esperando y todo hecho un desastre. Un tipo se puso a gritar que aquello era un descaro y que no aguantaba más".

A las diez de la noche, cuenta el hombre, el ambiente ya estaba "caldeado". De lejos, en el parque, la Policía no le perdía ni pie ni pisada a los coleros. "Es normal que patrullen por esa zona y, de vez en cuando, interceptan a algún borracho o a un universitario desprevenido y los 'invitan' a entrar a la guasabita", añade.

La Policía no le perdía ni pie ni pisada a los 'coleros'. "Es normal que patrullen por esa zona y, de vez en cuando, interceptan a algún borracho o a un universitario desprevenido y los 'invitan' a entrar a la 'guasabita'"

La guasabita es el nombre que los santaclareños dan a una guagua pequeña y gris donde los oficiales improvisan sus "interrogatorios". "De ahí se sale en camilla", dice el hombre, "por eso los coleros también la evitan".

Pero ni siquiera una golpiza hipotética o un arresto imprevisto detienen a los que deben cambiar sus dólares. En Cadeca empiezan a girar los mecanismos de un engranaje que nadie comprende del todo y que funciona a base de trampas, trucos y sobornos.

La regla fundamental: mantener el terreno y estar pendiente de los movimientos ajenos. El eufemismo por excelencia, "cuidar la cola", es la carta bajo la manga de quienes aparecen y desaparecen, se intercambian con otro, o duplican su lugar bajo toda clase de pretextos.

La "cola del dólar" es confusa y agotadora, con el peligro adicional de saber que todos los que salen o entran a ella llevan dinero en los bolsillos, lo cual tienta a los bandoleros y asaltadores de la ciudad.

"Yo le he cogido hasta miedo a hacer colas", admite el hombre, que dice sentir la misma neurosis en Cadeca que en una línea para el pollo, el café o los cigarros. La venta trasnochada de divisas se ha convertido en un negocio más del mercado informal.

En Cadeca empiezan a girar los mecanismos de un engranaje que nadie comprende del todo y que funciona a base de trampas, trucos y sobornos

"Pero no te equivoques", agrega, "este es un negocio de poca monta, aquí no está la 'mafia' de Santa Clara. Esto es cosa de los mismos que 'luchan' unas libritas de carne o unos tabacos. La idea es gastar el tiempo que otros no pueden o no quieren gastar. Por eso cogen un porciento".

En el momento de mayor agonía, cuando ya no quedan ganas de gritar ni protestar, sale el sol. Los trabajadores de Cadeca, con mucha parsimonia, ventilan el establecimiento y empiezan a llamar a los primeros números. Pero nada garantiza que haya dólares para cubrir la demanda.

"Todo el mundo sabe que puedes pasarte la madrugada allí y que todo sea por gusto", concluye el hombre, "pero es lo que hay. Este es el único país donde se puede vivir de hacer colas".

Quienes lean los reportes diarios de la prensa oficialista, no podrán detectar ninguna anormalidad. Con sutileza, el Gobierno va recalibrando la balanza de cambio: todos los días vende el dólar más caro, pero exige comprarlo al menor precio posible.

Mientras, las tasas de cambio se han disparado en el mercado informal. 150 pesos alcanzó este sábado el precio del dólar, de acuerdo al monitoreo del medio digital El Toque. Los que vivieron la inestabilidad de las divisas durante el Período Especial no tardaron en reconocer que esa era la cifra en que llegó a valorarse el dólar durante la anterior crisis.

Con 149 y 148 pesos, respectivamente, el euro y la Moneda Libremente Convertible (MLC) casi rozan el umbral de la moneda estadounidense. Con estas cifras, frases como "recuperar la capacidad de compra del salario en peso cubano" o "tipo de cambio único", formuladas por el ministro Alejandro Gil Fernández, son ya pésimos chistes de humor económico.

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