Delcy Rodríguez, la heredera del chavismo que La Habana conoce bien

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¿Quién es la dirigente que asume el mando en Venezuela? ¿Por qué tranquiliza y, a la vez, preocupa a Cuba?

Para la audiencia cubana, conviene detenerse en quién es Delcy Rordríguez y por qué su nombre no resulta en absoluto ajeno a La Habana.
Para la audiencia cubana, conviene detenerse en quién es Delcy Rordríguez y por qué su nombre no resulta en absoluto ajeno a La Habana. / EFE
14ymedio

04 de enero 2026 - 12:10

La Habana/Tras la captura de Nicolás Maduro, el poder en Venezuela no ha quedado en el aire. Como suele ocurrir en los regímenes fuertemente centralizados, el relevo estaba previsto. Delcy Eloína Rodríguez Gómez, hasta ahora vicepresidenta ejecutiva, asumió como "presidenta encargada" en un movimiento que puede resumirse como "a rey muerto… reina coronada". Para la audiencia cubana, conviene detenerse en quién es esta mujer que hoy administra la transición forzada del chavismo y por qué su nombre no resulta en absoluto ajeno a La Habana.

Delcy Rodríguez nació en Caracas en 1969, en el seno de una familia profundamente marcada por la militancia de izquierda. Es hija de Jorge Rodríguez, histórico dirigente de la Liga Socialista, muerto bajo custodia policial en los años 70, y hermana de Jorge Rodríguez, uno de los operadores políticos más influyentes del chavismo. Abogada de formación, Rodríguez construyó su carrera no desde el carisma ni la popularidad, sino desde la lealtad ideológica, la disciplina partidista y la confrontación sistemática con Occidente, virtudes muy valoradas tanto en Caracas como en La Habana.

Su ascenso fue constante. Canciller entre 2014 y 2018, se convirtió en una de las voces más agresivas del chavismo en foros internacionales, especialmente ante la OEA y la ONU. Su retórica, afilada y militante, le granjeó sanciones personales de Estados Unidos y la Unión Europea, pero también la consolidó como figura de confianza dentro del círculo íntimo de Maduro. Desde 2018 ocupa la Vicepresidencia Ejecutiva, un cargo desde el cual ha controlado áreas clave como economía, petróleo, relaciones exteriores y, no menos importante, la interlocución con aliados estratégicos.

Delcy Rodríguez no solo ha visitado la Isla en múltiples ocasiones, sino que se ha convertido en una de las principales gestoras del eje Caracas-La Habana

Entre esos aliados, Cuba ocupa un lugar central. Delcy Rodríguez no solo ha visitado la Isla en múltiples ocasiones, sino que se ha convertido en una de las principales gestoras del eje Caracas-La Habana en los últimos años. Se ha reunido repetidamente con Miguel Díaz-Canel, ha sostenido encuentros con delegaciones del Partido Comunista de Cuba y ha participado en negociaciones vinculadas al suministro energético y la cooperación bilateral. Para el Gobierno cubano, Rodríguez representa una garantía de continuidad: una dirigente formada en el mismo lenguaje político, con idéntica desconfianza hacia el pluralismo y una comprensión profunda del valor de la represión como herramienta de estabilidad.

Ese alineamiento quedó claro tras las protestas del 11 de julio de 2021 en Cuba, cuando Delcy Rodríguez expresó públicamente su respaldo a Díaz-Canel y justificó la represión contra los manifestantes. En aquel momento, no apeló a matices ni a llamados al diálogo, sino que abrazó sin reservas la narrativa oficial cubana de "intento de golpe blando" y de "injerencia extranjera". Esa postura la colocó, sin ambigüedades, en el mismo campo político y moral del castrismo gobernante.

En Venezuela, su figura despierta reacciones encontradas. Para la oposición, Delcy Rodríguez no es una moderada ni una tecnócrata pragmática, sino una de las arquitectas del sistema de control chavista, involucrada en decisiones que han profundizado la crisis económica y social del país. Ha sido señalada por su papel en operaciones financieras opacas, en la gestión de sanciones internacionales y en la articulación de alianzas con actores como Rusia, Irán y Turquía. Para los sectores más duros del chavismo, en cambio, encarna la continuidad del proyecto bolivariano.

Su protagonismo tras la caída de Maduro podría no implicar, por tanto, una apertura ni una ruptura, sino un cierre de filas. Así lo entendió rápidamente el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, quien expresó este sábado su respaldo inmediato al Gobierno venezolano y a Delcy Rodríguez, denunciando lo que calificó como una agresión estadounidense. El mensaje fue claro: La Habana apuesta por ella como garante de sus intereses en Caracas.

Sin embargo, el presidente Donald Trump ha dejado claro que Washington dirigirá la transición venezolana y se ocupará de la gestión petrolera del país, un tutelaje que nadie sabe cómo encajará en la retórica nacionalista y antiimperialista que ha mantenido hasta ahora Rodríguez. El mandatario estadounidense aseguró que su secretario de Estado, Marco Rubio había mantenido una "larga conversación" con la entonces vicepresidenta. En palabras del republicano, la dirigente chavista se mostró dispuesta a colaborar con EE UU.

Solo en las próximas horas se sabrá si la abogada opta por propiciar la desarticulación del régimen y la administración estadounidense sobre el sector petrolero o mantiene su discurso confrontacional contra la Casa Blanca. La Habana está muy atenta a cada matiz en sus palabras, a cada gesto de acercamiento o de rechazo que Rodríguez haga hacia Trump y a cualquier declaración que refuerce la alianza con Cuba o la enfríe.

En cambio, Marco Rubio ha dejado claro que no le importan las palabras, sino los actos: Washington trabajará con el Gobierno venezolano actual si toma las "decisiones adecuadas" y evaluará a quienes hoy ejercen el poder en el país “por lo que hagan”, no por lo que dicen.

Podría ser la garantía de que, pese al golpe sufrido con la captura de Maduro, el chavismo no se disuelve, se reacomoda, y lo hace bajo figuras confiables para el aparato cubano

Para el castrismo, el nombre de Delcy Rodríguez es algo más que un relevo institucional. Podría ser la garantía de que, pese al golpe sufrido con la captura de Maduro, el chavismo no se disuelve, se reacomoda, y lo hace bajo figuras confiables para el aparato cubano, con garantías de apoyo económico y de prolongar las misiones oficiales que mantienen a miles de cubanos en la nación sudamericana. No es casual que Rodríguez haya sido una de las principales defensoras de mantener la cooperación petrolera con la Isla, incluso en los momentos de mayor asfixia económica para Venezuela.

En clave cubana, la pregunta no es solo quién es Delcy Rodríguez, sino quién será a partir de ahora. Todo indica que podría comportarse como una administradora de la crisis, no una reformista; una gestora de la liquidación de Maduro, no de una transición democrática genuina. Su historial muestra a una dirigente preparada para negociar desde la dureza, no desde la concesión. Pero en un contexto como el chavista, donde se han premiado por décadas el oportunismo y la simulación, nadie conoce su verdadero rostro.

Para La Habana, Delcy Rodríguez era hasta ayer una aliada conocida, pero ahora comienza a ser la gran incógnita que debe resolver a la mayor velocidad posible.

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