El desfile pasó, las carpas se quedaron

Foto del día

La Avenida 40 amaneció silenciosa y bloqueada por estructuras vacías que recuerdan una celebración obligatoria y efímera

“Estoy aquí desde ayer a las nueve de la noche, cuidando la carpa para que no se la lleven".
“Estoy aquí desde ayer a las nueve de la noche, cuidando la carpa para que no se la lleven". / 14ymedio
Julio César Contreras

01 de mayo 2026 - 17:07

San José de las Lajas (Mayabeque)/La resaca del Primero de Mayo se despierta tarde en la Avenida 40 de San José de las Lajas. El bullicio ensayado de la víspera ha dejado paso a un silencio pegajoso, apenas interrumpido por el zumbido de un triciclo eléctrico que pasa despacio y por el crujido de las lonas que el viento sacude con desgano. En medio de la calle, como si la fiesta hubiera quedado congelada, varias carpas azules y rojas permanecen plantadas sobre el asfalto, obstaculizando el tránsito y recordando que el entusiasmo obligatorio dura apenas unas horas, pero sus consecuencias se quedan un poco más.

A la sombra de una de esas estructuras metálicas, cubierta con un pedazo de vinilo azul desteñido, un hombre de mediana estatura se abanica con la gorra mientras mira el reloj con desesperación. “Estoy aquí desde ayer a las nueve de la noche, cuidando la carpa para que no se la lleven, y tres horas después del desfile sigo haciéndole guardia a este pedazo de vinil”, asevera, con los ojos rojos y la camisa pegada al cuerpo por el sudor. 

“Aquí se estuvo vendiendo hasta hace un rato refresco, cerveza y ron”.
“Aquí se estuvo vendiendo hasta hace un rato refresco, cerveza y ron”. / 14ymedio

Según comenta el propio trabajador, su jefe le prometió que media hora, a más tardar, luego de terminar el desfile, estaría un camión asignado recogiéndolo todo y que su labor terminaría cuando llegara el vehículo. Pero el transporte no aparece y el sol avanza sin contemplaciones sobre la avenida casi desierta. “Aquí se estuvo vendiendo hasta hace un rato refresco, cerveza y ron”.

A pocos metros, otra carpa de lona roja protege un mostrador vacío y una parrilla metálica que aún conserva el olor de la carne asada. Después de concluir el entusiasmo fingido y las consignas forzadas, lo que queda en el área son los restos de una celebración que desapareció con la prontitud acostumbrada de los últimos años.

Desde el portal de su casa, justo frente a la tribuna levantada para el desfile, Rolando observa la escena con la paciencia resignada de quien ha visto repetirse el mismo ritual demasiadas veces. A sus 77 años, asegura que el Primero de Mayo ya no le provoca orgullo ni entusiasmo, sino cansancio. “Veinte minutos después de haberse terminado el desfile, quitaron la corriente, como para que no hayan dudas de que la fiesta del proletariado es por un ratico nada más”, afirma.

La fiesta se esfuma rápido, pero el desorden permanece.
La fiesta se esfuma rápido, pero el desorden permanece. / 14ymedio

El anciano cuenta que tuvo que levantarse en la madrugada para pedirle a algunas personas que bajaran la voz. “Estaban de guardia cuidando el área donde se coloca la presidencia del desfile. En realidad lo que estaban era tomando ron”, cuestiona con una sonrisa amarga.

Para los vecinos de la Avenida 40, la resaca del Primero de Mayo no se mide en dolores de cabeza ni en cansancio muscular, sino en el tiempo que tardan en retirar las carpas que bloquean la calle y en disiparse el olor persistente a orine humano que se concentra junto a los postes de electricidad y las paredes cercanas. La fiesta se esfuma rápido, pero el desorden permanece, como una huella difícil de borrar.

También te puede interesar

Lo último

stats