Un Día de las Madres sin flores ni regalos

Economía

“Este año lo único que puedo comprarle a las madres de mi familia es un jabón de baño para cada una”, admite Dianet con una mezcla de vergüenza y resignación

Día de las madres 3   Yoani
El Día de las Madres parece haberse convertido más en un ejercicio de supervivencia económica que en una celebración. / 14ymedio
Julio César Contreras

09 de mayo 2026 - 08:31

San José de las Lajas (Mayabeque)/Atrás quedó la tradición de tender, cada segundo domingo de mayo, la cama con la mejor sábana disponible y colocar sobre ella los regalos para mamá: un perfume, una bata de casa, unas chancletas nuevas o una cajita de bombones que sobrevivía intacta hasta después del almuerzo familiar. En San José de las Lajas, a pocos días del segundo domingo de mayo, el Día de las Madres parece haberse convertido más en un ejercicio de supervivencia económica que en una celebración.

“Esto es lo que nos va quedando de un dinerito que mandó mi hijo de afuera”, dice Georgina, de 74 años, mientras aprieta en la mano una tarjeta Clásica donde apenas sobreviven nueve dólares. Frente a ella, los estantes de la tienda La Época exhiben el mismo paisaje repetido: paquetes de detergente, pomos de champú, servilletas, espaguetis y algunos jabones importados con precios que parecen de otro país. La jubilada mira una y otra vez los anaqueles como si, de tanto insistir, pudiera aparecer una oferta milagrosa. Pero no. “Se ha ido como humo y prácticamente no hemos comprado nada, y queda por delante una fecha que debemos celebrar".

En el local, el aire acondicionado funciona a medias y combate sin mucho éxito el calor húmedo que entra desde la calle. Apoyadas en las cajas registradoras, las dependientas conversan sobre los apagones, el precio del arroz y el último corte eléctrico en Jamaica, el barrio periférico donde muchos han levantado casas improvisadas de placa y fibrocemento. Nadie menciona promociones por el Día de las Madres. No hay flores de plástico, ni cintas rosadas, ni siquiera un cartel improvisado con marcador diciendo “Felicidades mamá”. Todo luce tan frío como una oficina estatal.

Todas las tiendas tienen lo mismo de siempre, con los mismos precios abusivos

“Todas las tiendas tienen lo mismo de siempre, con los mismos precios abusivos”, protesta Georgina. La mujer hace cálculos mentales mientras mira un producto a 2,50 dólares. Si compra eso para una nieta que acaba de dar a luz, entonces su hija y su sobrina se quedarán sin nada. “Las pensiones rondan los cinco o seis dólares mensuales y aquí cualquier bobería cuesta la mitad de eso”, lamenta.

La inflación ha borrado las fronteras entre lo necesario y lo sentimental.
La inflación ha borrado las fronteras entre lo necesario y lo sentimental. / 14ymedio

Entre los clientes está también Dianet, recién llegada de Palma Soriano y residente ahora en un llega y pon en las afueras del municipio. Anda con un niño pequeño de la mano y una lista imposible en la cabeza: jabón, desodorante, algo para su madre en Oriente y, si alcanza, un detalle para las primas y hermanas que tiene cerca. “Yo este año lo único que puedo comprarle a las madres de mi familia es un jabón de baño para cada una”, admite con una mezcla de vergüenza y resignación.

Mientras habla, una anciana revisa los paquetes de papel sanitario como si evaluara piezas de joyería fina. En otra esquina, dos muchachas discuten si vale la pena gastar siete dólares en un champú o comprar mejor aceite para cocinar. La inflación ha borrado las fronteras entre lo necesario y lo sentimental. Un pomo de colonia puede equivaler a varios días de comida; una simple tarjeta postal, si apareciera, sería casi un lujo.

Un pasaje solo de ida está en 5.000 pesos. En vez de celebrar el Día de las Madres, estamos viviendo tiempos de madre

Para Dianet, entrar en una tienda en dólares recuerda el cuento de la Cucarachita Martina: escoger entre demasiadas necesidades con apenas unas monedas en la cartera. “Antes del viernes tengo pensado enviarle por correo a mi mamá un giro de 200 o 300 pesos”, explica. Ir hasta Oriente quedó descartado. “Un pasaje solo de ida está en 5.000 pesos. En vez de celebrar el Día de las Madres, estamos viviendo tiempos de madre”.

En los comercios privados del centro la escena no cambia demasiado. Los escaparates muestran botellas de ron, paquetes de café, algunas confituras importadas y perfumes pequeños que parecen custodiados como reliquias. Los precios, sin embargo, espantan. Doce dólares por una fragancia modesta, casi diez por una crema corporal, más de 1.000 pesos por una taza decorada con flores artificiales.

Aimé, trabajadora del Banco Popular de Ahorro y abuela primeriza, lleva días recorriendo tiendas estatales y mipymes sin decidirse. “No puedo gastar 12 dólares en un perfume para mi hija y, por otra parte, regalarle espaguetis o leche condensada me parece vulgar para esta ocasión”, dice. La mujer busca algo “que le guste y le sea útil”, una combinación que en la Cuba actual se ha vuelto casi imposible.

“Una postal acompañada por otro objeto sería un regalo decente”, añade, mientras mira unas servilletas estampadas que quizá termine comprando por falta de alternativas. “Pero ni postales hay. A veces es preferible no entrar a estos lugares, porque se sale con las manos vacías y con el disgusto encima”.

Afuera, en el parque central, algunos artesanos intentan salvar la temporada vendiendo flores tejidas a crochet, bisutería barata y marcos de madera barnizada. Varias mujeres se detienen, preguntan precios y siguen caminando. La mayoría hace cuentas en silencio.

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