La élite del régimen cubano tiene casa en Florida
Gaesa
El caso de Adys Lastres Morera revela cómo los familiares del poder militar en la Isla han usado Estados Unidos como destino migratorio, empresarial y patrimonial
La Habana/La noticia más comentada por los cubanos este viernes no fue el acto de desagravio a Raúl Castro en La Habana, donde el homenajeado estuvo ausente, sino una ocurrida al otro lado del estrecho de Florida. Todo empezó con una detención por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), un nombre perdido entre expedientes migratorios y dos apellidos que a cualquier cubano informado le resultan familiares: Lastres Morera. La arrestada era Adys, hermana de Ania Guillermina Lastres Morera, presidenta ejecutiva de Gaesa, el conglomerado militar que administra buena parte del dinero que entra y sale de Cuba.
Adys Lastres Morera tampoco entró a Estados Unidos como ingresan miles de cubanos cada año, con una mochila al hombro, una frontera de por medio y una historia de miedo que contar ante un oficial migratorio. Llegó el 13 de enero de 2023 como residente permanente legal, según ICE, reclamada por su hijo Ernesto Carvajal Lastres, ciudadano estadounidense que llevaba doce años viviendo en el país. En otras palabras, Adys no llegó por una rendija del sistema migratorio. Llegó por una puerta familiar, legal y perfectamente abierta.
Miles de personas emigran por vías familiares y obtienen residencia en Estados Unidos sin que su nombre interese a nadie. Pero en el caso de Adys había una pieza que cambiaba el sentido de todo. Su hermana no era una funcionaria cualquiera. Ania Guillermina Lastres Morera, general de brigada, quedó al frente de Gaesa tras la muerte, en julio de 2022, de Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, ex yerno de Raúl Castro y arquitecto durante más de dos décadas del emporio económico de los militares. Primero asumió de manera interina. En febrero de 2023 fue confirmada como presidenta ejecutiva del conglomerado que controla una parte decisiva de la economía cubana.
La ruta de Adys en Estados Unidos tampoco se parece a la de tantos cubanos que, después de obtener papeles, empiezan de cero en un restaurante, un almacén o un centro comercial. Poco más de un año después de su llegada, su nombre ya aparecía en los registros corporativos de Florida como agente registrada y manager de REMAS Investments LLC, una compañía creada en abril de 2024 y presentada públicamente como plataforma de inversión inmobiliaria.
En su página web, REMAS ofrecía compra y venta de propiedades, remodelaciones, administración de fondos y proyectos en zonas como Tampa y Lehigh Acres. El lenguaje era el habitual del mercado inmobiliario del sur de Florida, rápido, optimista, lleno de promesas de rentabilidad. La diferencia estaba en el nombre detrás de aquella vitrina: una mujer directamente emparentada con la cúpula económica de la dictadura cubana.
En Cuba, Adys Lastres Morera no aparecía como una funcionaria visible del aparato estatal, pero tampoco como una humilde ama de casa. Un perfil profesional a su nombre la presentaba como ingeniera en Telecomunicaciones. Su rastro más llamativo, sin embargo, estaba en el negocio turístico privado. Antes de emigrar administraba alojamientos en La Habana, entre ellos Casa Verde Habana y Casa Presidente, un apartamento de 320 metros cuadrados descrito como “de lujo”.
Adys estaba allí, administrando o representando sociedades inmobiliarias, mientras su hermana dirigía el corazón económico de los militares cubanos
En Florida, REMAS no era su única huella empresarial. Su nombre aparece también en STA Elena Investments LLC, una sociedad registrada en enero de 2025. Allí figura como mánager junto a Maria E. Gomez Martinez, Jorge Chall Rodriguez y Jose E. Veliz Gonzalez. A diferencia de REMAS, donde su posición parecía más central, en STA Elena compartía el mando con otros gestores. La empresa compró al menos un lote en Lehigh Acres por 25.000 dólares, una operación menor en términos inmobiliarios, pero suficiente para mostrar el tipo de estructura que empezaba a formarse. Compañías, terrenos, direcciones de Florida y nombres conectados por documentos públicos.
Las compañías de responsabilidad limitada en Florida no publican balances, utilidades ni beneficiarios reales con el detalle necesario para establecer ganancias o ingresos. Los registros disponibles no dicen quién aportó el capital, si hubo comisiones, si existieron clientes ni cuánto dinero pasó por esas estructuras. El dato comprobable es otro. Adys estaba allí, administrando o representando sociedades inmobiliarias, mientras su hermana dirigía el corazón económico de los militares cubanos.
¿Cuántos familiares de dirigentes, militares, empresarios estatales o intermediarios del poder cubano han usado Estados Unidos como refugio patrimonial?
Tras la detención, Adys Lastres Morera quedó bajo custodia del ICE a la espera de un proceso formal de deportación. Las autoridades estadounidenses aseguran que su residencia permanente fue revocada por decisión del secretario de Estado, Marco Rubio, quien la acusó de vivir en Florida y administrar activos inmobiliarios mientras ayudaba al régimen comunista de La Habana. El ICE no ha informado de cargos penales contra ella, pero sostiene que su permanencia en Estados Unidos contradice los objetivos de política exterior de Washington hacia Cuba.
El hijo de Adys, Ernesto Carvajal Lastres, salió a defenderla tras el arresto. Aseguró que la familia había hecho “todo bien”, desde la reclamación hasta la residencia, “como todos los cubanos”. También denunció que no había podido hablar con su madre desde la detención y que la mantenían aislada. “Yo creía que había venido a un país donde se respetan las instituciones, y aparentemente no”, dijo, al cuestionar que Rubio pudiera revocar una residencia permanente sin pasar antes por un tribunal.
La pregunta no es únicamente qué hizo Adys Lastres Morera. El cuestionamiento mayor es quiénes más han hecho lo mismo. Cuántos familiares de dirigentes, militares, empresarios estatales o intermediarios del poder cubano han usado Estados Unidos como refugio patrimonial. Cuántos han comprado propiedades, creado sociedades o movido capitales mientras en La Habana denuncian al “enemigo imperialista” y piden resistencia a los ciudadanos comunes. Cuántos nombres duermen todavía en registros corporativos, escrituras de propiedad y expedientes migratorios.