Un enorme bache se convierte en cascada y trampa para transeúntes en el Cerro habanero
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El agua se precipita dentro de una profunda cavidad en Amenidad y Cruz del Padre, arrastrando la basura acumulada en la calle
La Habana/Un socavón enorme en la intersección de Amenidad y Cruz del Padre, en el municipio habanero del Cerro, se ha convertido en una peligrosa trampa para peatones y vehículos. El pavimento presenta una gran abertura en la que el agua acumulada por la lluvia se precipita como una cascada. Alrededor del agujero, las rejillas del alcantarillado aparecen desplazadas, el asfalto está destrozado y la basura se acumula entre los escombros.
A escasos metros, varios peatones intentan cruzar la calle, convertida en una sucesión de charcos y baches. Una mujer levanta su carrito de compras para atravesar la zona inundada, mientras otros transeúntes buscan dónde apoyar los pies sin acabar dentro del agua.
El peligro no es hipotético. En febrero de 2025, Jonathan Oliva, un niño de 12 años, murió tras ser succionado por una alcantarilla durante las inundaciones que afectaron a La Habana. El menor regresaba de la escuela cuando fue arrastrado por el agua en la zona de Villanueva y Vía Blanca, en Luyanó, cerca del hospital Miguel Enríquez. Su cuerpo fue encontrado al día siguiente.
La tragedia conmocionó a la capital y volvió a poner sobre la mesa el deterioro del alcantarillado. En un recorrido por las zonas inundadas este diario comprobó numerosas acumulaciones de basura que obstruían los desagües, mientras el agua superaba el metro de altura en algunos puntos.
Otro episodio mortal ocurrió en septiembre de 2022, cuando una niña murió arrastrada por la corriente mientras intentaba cruzar una calle inundada junto a su prima en el municipio del Cotorro. Un hombre consiguió rescatar a una de las menores, pero no pudo salvar a la otra. Algunos testigos aseguraron entonces que ambas habían sido arrastradas hacia una alcantarilla.
También los vehículos han terminado atrapados en los enormes agujeros de las calles habaneras. En junio de 2024, una motocicleta y un automóvil cayeron en un profundo cráter cubierto por el agua en la intersección de Infanta y Ayestarán, también en Cerro. Los vecinos ayudaron a recuperar la moto y no se reportaron lesionados.
En abril de aquel mismo año, otro bache gigantesco en el mismo municipio se había convertido en una piscina improvisada donde varios niños se bañaban. Según los residentes, llevaba unos cinco años abierto sin que las autoridades solucionaran el problema. El agujero era tan grande que impedía el paso de vehículos de mayor tamaño.
El problema reapareció con especial crudeza en julio de este año, cuando las lluvias y las alcantarillas obstruidas formaron un río de aguas sucias en Cuatro Caminos, en Centro Habana. Una vecina expresaba entonces su temor de que otro niño fuera tragado por la corriente, como había ocurrido con Jonathan Oliva.
En Amenidad y Cruz del Padre, entretanto, el agua cae dentro del socavón, entre desperdicios, rejillas desplazadas y bordes rotos de pavimento. A pocos pasos, la vida cotidiana intenta seguir su curso, como si se resignara a que este y otros desastres formen parte irremediable de la normalidad.