En lugar de facilitar la importación de harina, el Gobierno cubano arremete contra los 'revendedores'

Con la complicidad de la prensa oficial, los funcionarios señalan a los cuentapropistas como los culpables del encarecimiento del pan y las galletas

Ya el Gobierno ha liberado una jauría de inspectores en toda la provincia, con instrucciones de “detectar cualquier ilegalidad. (Cubadebate)
Ya el Gobierno ha liberado una jauría de inspectores en toda la provincia, con instrucciones de “detectar cualquier ilegalidad". (Cubadebate)

La escasez de la harina de trigo, con el consecuente encarecimiento del pan y las galletas en el mercado, ha llegado rápidamente a su punto crítico. A las dificultades para elaborar los productos se suma la ausencia de un mecanismo efectivo para la importación de la materia prima necesaria.

Sin embargo, sin ofrecer soluciones al problema del hambre, que se agravará todavía más con la llegada del nuevo curso escolar, ni facilitar las importaciones a los trabajadores por cuenta propia, el Gobierno cubano, más ineficiente que nunca, ha concentrado sus esfuerzos en una redada contra los vendedores de alimentos.

"Cualquier mipyme puede, en teoría, importar productos", asegura a 14ymedio un productor de galletas en Sancti Spíritus. "Claro está: siempre que lo fundamente". "Lo que no se puede es ir a otro país y traer un contenedor de harina, por ejemplo, para vendérselo aquí a los productores que lo necesitan para sus negocios".

"Hace un mes", prosigue, "cuando empezó la desaparición de la harina, fui a Cubaexport para solicitar la importación de las cantidades que necesitaba. Pero ellos no pueden suplir más que pequeñas cantidades, por lo que el trato con ellos no funciona. Lo mismo me pasó con otras vías de importación estatal, son un problema".

Desde La Habana, le hablaron de alguien que vendía harina por cantidades: "Me decían que era legal, pero claro, uno siempre sabe lo que hay".

El productor cuenta que se reunieron entre varios y se dirigieron al Gobierno para solicitar permiso de importar un contenedor de harina que, después, repartirían entre todos. "Los funcionarios nos plancharon", lamenta. "La justificación fue que se puede hacer una contratación como mipyme o trabajador por cuenta propia, con los términos del Gobierno, pero que en colectivo no se puede. 'Eso es revender', nos dijeron".

La subida de precios es una expresión de duda e inseguridad por parte de los cuentapropistas, reconoce la nota, pero cuando debe señalar un culpable lo busca entre los propios productores

Los vendedores de Sancti Spíritus han comenzado a abordar por la calle a los reporteros oficialistas. "Ahora dicen que a partir de la semana próxima no podemos vender ningún producto con harina de pan o trigo, ¿qué tú sabes de esto?", preguntaron al autor de una crónica publicada en el diario Escambray sobre la escasez de este producto en la provincia.

El periodista, que avanza por el bulevar espirituano abrumado por los "precios estratosféricos de casi todo", tiene que admitir su desconocimiento cuando los ciudadanos le exigen explicaciones ante el flujo inestable de las tarifas del pan y las galletas.

Otro vendedor sospecha que "el gobierno provincial prohibió su venta y no queremos arriesgarnos". De veinte o veinticinco pesos, los paquetes de galletas rebasaron los 120, eso si se logra "capturar" a algún comerciante improvisado de los que recorren las calles en bicicleta o a pie.

La subida de precios es una expresión de duda e inseguridad por parte de los cuentapropistas, reconoce la nota, pero cuando debe señalar un culpable no lo busca en la burocracia del comercio estatal, sino en los propios productores.

Una vez identificado el "enemigo", Escambray arremete contra el sector privado: "Que si la guerra en Ucrania, que si la harina subió en el mercado negro, que si ya no la consiguen con tanta facilidad, que si el precio del dólar en la calle superó los 145 pesos..., en fin, un rosario de excusas para justificar la subida del precio".

El Gobierno no ha emitido ninguna prohibición, afirma, se trata más bien de una estrategia del sector privado para "manipular al pueblo" y justificar el alza de precios

No conforme con dejar claro al culpable oficial del encarecimiento y desaparición de la harina, el reportero acude a las autoridades provinciales. Ricardo García Hernández, coordinador de Programas y Objetivos del gobierno provincial de Sancti Spíritus –la misma persona que declaró la "inocencia" de los funcionarios que mandaron a destruir una locomotora patrimonial de 1917 en Jatibonico– deja clara su postura: "No hay justificación para que los privados sigan subiendo los precios".

El Gobierno no ha emitido ninguna prohibición, afirma, se trata más bien de una estrategia del sector privado para "manipular al pueblo" y justificar el alza de precios.

"Aquí no hemos hablado de prohibir nada, ni siquiera hemos restringido los precios, aunque llamamos la atención sobre algunos precios abusivos que hemos detectado en los últimos días con respecto a las galletas y el pan", dice el funcionario, lavándose las manos.

Advierte, eso sí, que ya el gobierno ha liberado una jauría de inspectores en toda la provincia, con instrucciones de "detectar cualquier ilegalidad asociada a la producción de dichos alimentos".

Tras concluir su reunión con García Hernández, el reportero ignora o finge no saber por qué suben los precios de los alimentos en Cuba: "Si el Gobierno de la provincia no ha prohibido la venta de pan, galletas, dulces o cuanto producto contenga harina de pan o de trigo, ¿por qué entonces se empeñan algunos en subir constantemente los precios? ¿Por qué resulta tan fácil seguir exprimiendo el ya maltrecho bolsillo de los trabajadores?".

Las autoridades piden más "resistencia creativa" y ofrecen ejemplos como el de Gabriel Pérez, un joven de Guanabacoa que fabrica harina "alternativa"

Como ocurre en Sancti Spíritus, otros medios de prensa estatales han acudido a los gobiernos locales para repetir la pantomima de una "explicación oficial". En cada uno de los casos, el funcionario invoca la nota publicada por el Ministerio de Comercio Interior el 23 de agosto: la escasez se debe a un "recrudecimiento del bloqueo, la actual crisis logística internacional y las limitaciones financieras del país", que ha limitado su importación de trigo.

Por otra parte, las autoridades piden más "resistencia creativa" y ofrecen ejemplos como el de Gabriel Pérez, un joven de Guanabacoa que fabrica harina "alternativa". Junto a sus hermanas, Pérez vendió un apartamento en La Habana y compró un terreno para "comenzar en el negocio de la harina".

Los campesinos de la zona les enseñaron algunas técnicas de cultivo que luego aprovecharon para confeccionar su marca, Bacoretto. Su producto, que el Gobierno expone como emblema del cuentapropismo, fabrica harina a partir de algarrobo, arroz, yuca, coco y plátano. "Es lo mismo que siempre se ha hecho, hace un montón de años, en el oriente cubano y en el campo", admite Pérez, para tranquilizar a sus clientes.

Mientras la prensa oficial entrevista a "inventores" de harinas y busca absolver al Gobierno de toda culpa, las madres cubanas siguen preocupadas por la inminencia del curso escolar y la imposibilidad de ofrecer pan como merienda a sus hijos; la familia sigue pagando las bolsas de galleta a precios inconcebibles y los productores intentan mantener un "perfil bajo" delante de inspectores que, más que delincuentes, buscan chivos expiatorios.

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