Fernando Valdés, el espía castrista que se ganó la confianza de Luis Posada Carriles
Cuba
Una investigación de 'Miami Herald' revela como un espía del régimen cubano se infiltró en el exilio de Miami
La Habana/Fernando Armando Valdés Pérez, identificado por las autoridades estadounidenses como un agente de inteligencia cubana y detenido el pasado julio, logró durante años infiltrarse en círculos del exilio anticastrista de Miami hasta convertirse en una persona de máxima confianza de Luis Posada Carriles, según revela una investigación de The Miami Herald.
La investigación, titulada Engaño y Bloody Marys: Cómo un espía cubano en Miami se convirtió en un militante anticastrista y firmada por la periodista Nora Gámez Torres, reconstruye cómo Valdés mantuvo una estrecha relación con una de las figuras más controvertidas del exilio cubano mientras, según las autoridades estadounidenses, ocultaba sus vínculos con la inteligencia de La Habana.
Según la investigación, Valdés Pérez, de 61 años, no ocupaba un lugar marginal dentro de esos círculos, sino que llegó a convertirse en una persona cercana a Posada Carriles durante sus últimos años en Miami: lo acompañaba a citas médicas, asistía a sus actividades, organizaba sus celebraciones y estaba pendiente de distintos aspectos cotidianos de su vida.
“Fernando era su representante, su apoyo; lo llevaba a todas partes, como si fuera un enfermero. Se encargaba de sus medicamentos; era un hijo entregado”
Orlando González, director de Rescate Jurídico, una organización con sede en Hialeah dedicada a apoyar a presos políticos cubanos, y amigo cercano de Posada, relató que “Fernando era su representante, su apoyo; lo llevaba a todas partes, como si fuera un enfermero. Se encargaba de sus medicamentos; era un hijo entregado”.
Valdés fue detenido en el Aeropuerto Internacional de Miami durante una operación conjunta del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) y el FBI, y deportado a Guatemala el 7 de agosto. Según las autoridades, había ocultado sus vínculos con la inteligencia cubana al solicitar su residencia permanente en Estados Unidos.
El Miami Herald señala que el ICE identificó a Valdés como un agente encargado de infiltrarse en organizaciones de exiliados cubanos desde al menos la década de 1990. Reconstruye que su vínculo con Posada Carriles comenzó años antes de su etapa en Miami, cuando el militante anticastrista permanecía detenido en Panamá tras ser acusado de conspirar para asesinar a Fidel Castro durante una cumbre celebrada en ese país en el año 2000.
La investigación recoge cómo Valdés consiguió proyectar una imagen de cercanía y confianza dentro de la comunidad cubana de Miami. Santiago Álvarez, promotor inmobiliario de Miami y antiguo benefactor de Posada, lo describió como una persona con una capacidad excepcional para relacionarse: “Fernando era audaz, un tipo carismático, hecho para caerle bien a todo el mundo; era casi demasiado perfecto” y apuntó que “era amigo de todos; lo arreglaba todo”.
Abreu recordó que Valdés “apareció de repente, diciendo que quería ayudar” y que acudía a la prisión “como si fuera suya”
La investigación del Herald también documenta que Valdés logró acercarse al ámbito político cubanoamericano de Miami mediante donaciones a campañas electorales. Según los registros de la Comisión Federal Electoral citados por el medio, aportó 2.900 dólares a la campaña de reelección de la representante María Elvira Salazar en 2022 y 1.000 dólares en 2024, esta última contribución realizada a través de la empresa Sr. Valdes Cigars. También donó 1.000 dólares a la campaña del también representante Mario Díaz-Balart en 2018 y 2.000 dólares en 2024.
Valdés comenzó entonces a visitar a Posada con frecuencia en la prisión panameña, algo que llamó la atención de Ernesto Abreu, allegado a Luis Posada Carriles. Él y otros se preguntaban por qué Valdés, sin una conexión previa evidente con Posada, acudía tan seguido a verlo y cómo podía asumir los gastos de esas visitas. Abreu recordó que Valdés “apareció de repente, diciendo que quería ayudar” y que acudía a la prisión “como si fuera suya”.
Según refirieron Abreu y González al Miami Herald, en una ocasión “Valdés animó a Posada a escapar de prisión, diciéndole que había cortado la valla perimetral y que podía proporcionarle un arma”. La propuesta fue interpretada por algunos allegados como un hecho inusual, dentro de una relación cuya verdadera naturaleza todavía desconocían.
Tras la liberación de Posada en 2004, Valdés continuó vinculado a él durante su permanencia en Centroamérica. Según la investigación del Miami Herald, cuando la presidenta panameña Mireya Moscoso indultó a Posada y lo liberó de prisión en agosto de ese año, Orlando González lo trasladó en avión a Honduras en un vuelo fletado por Santiago Álvarez. Según Álvarez, el grupo recibió información de que el gobierno cubano había contratado a paramilitares para asesinar a Posada, por lo que este tuvo que abandonar Honduras.
Posada pasó entonces más de un año oculto en Guatemala, donde fue acogido por Valdés. Según el reportaje, vivía a unos escasos 200 metros del consulado cubano en Ciudad de Guatemala.
Durante ese período, la relación entre ambos se estrechó aún más. Abreu relató al Miami Herald que Valdés cuidaba de Posada en detalles diarios: “En Guatemala, le preparaba el desayuno; a las 11 de la mañana le preparaba un bloody mary, y a la una de la tarde le daba su whisky escocés”.
Años después resumió así aquella experiencia: “Acostarse con el enemigo, eso fue lo que pasó”
Las dudas sobre Valdés también marcaron el traslado posterior de Posada hacia Estados Unidos. Santiago Álvarez pidió a Ernesto Abreu que no llevara a Valdés desde Guatemala hasta México, donde planeaba recoger a Posada en su barco camaronero.
“Estaba preparando un barco –el Santrina– para traerlo aquí [a Miami] porque su vida corría peligro”, dijo Álvarez. Sin embargo, según su testimonio recogido por el Miami Herald, Posada se negó a continuar sin él: “Luis se negó rotundamente a que Fernando Valdés se quedara en Guatemala; dijo que, si Valdés no venía, él tampoco iría”.
Durante ese viaje, Abreu terminó convencido de que Valdés podía ser un agente de la Seguridad del Estado cubano. Años después resumió así aquella experiencia: “Acostarse con el enemigo, eso fue lo que pasó”.
El caso de Fernando Armando Valdés Pérez recuerda otros episodios de infiltración de la inteligencia cubana en Estados Unidos, aunque las autoridades estadounidenses no lo han relacionado con esas estructuras. El antecedente más conocido es la llamada Red Avispa, una red de agentes cubanos infiltrada en organizaciones del exilio en el sur de Florida que fue descubierta por el FBI en 1998.
Entre los integrantes de la red estaban Gerardo Hernández Nordelo, Antonio Guerrero Rodríguez, Ramón Labañino Salazar, Fernando González Llort y René González Sehwerert, calificados por la propaganda del régimen cubano como “Los Cinco” o “Los Cinco Héroes”.
Estos espías fueron procesados en Estados Unidos por cargos que incluyeron espionaje, conspiración y actuación como agentes no registrados de un gobierno extranjero.
Otros casos posteriores mostraron el alcance de las operaciones de inteligencia cubana dentro de Estados Unidos. Víctor Manuel Rocha, ex embajador estadounidense en Bolivia y antiguo funcionario del Departamento de Estado, fue condenado en 2024 a 15 años de prisión tras admitir que actuó durante décadas como agente secreto del gobierno cubano.
Antes de Rocha, Ana Belén Montes, analista de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), fue condenada en 2002 a 25 años de prisión por conspiración para cometer espionaje después de entregar durante años información clasificada a La Habana. Montes fue liberada en enero de 2023 tras cumplir más de dos décadas de condena.