Crónicas de La Habana
En Cuba se cae el sistema eléctrico, pero nunca el represivo
Cuba
La Habana/Mientras Cuba pierde cada vez más artistas, el Estado no renuncia a decidir quién puede serlo oficialmente. Cientos de músicos, actores, dramaturgos, cineastas, bailarines y creadores visuales han decidido reconstruir sus carreras fuera de la Isla, pero el nuevo entramado laboral conserva intacta una vieja facultad del poder: acreditar, evaluar y hasta retirar la condición de artista profesional a cualquier creador.
La Resolución 29/2026 del Ministerio de Cultura, publicada este viernes junto al nuevo Código de Trabajo, establece que la evaluación artística es “obligatoria para ejercer profesionalmente en la rama artística”, salvo las excepciones previstas. Entre sus objetivos figura incluso “otorgar o revocar la condición de artista profesional”.
La norma sustituye a otra de 2014, pero no desmonta el sistema. Los institutos cubanos de la Música y del Arte e Industria Cinematográficos, el Consejo Nacional de las Artes Escénicas y el Instituto de Información y Comunicación Social mantienen el control del proceso de evaluación, designan tribunales y atienden las reclamaciones.
El mecanismo recuerda inevitablemente al Decreto 349, aprobado en 2018 y todavía no derogado
El sistema no se limita a una certificación inicial. Los artistas pueden ser sometidos a evaluaciones periódicas y, si pierden la categoría exigida, quedar “devaluados”. En ese caso, la entidad con la que mantienen relación laboral puede dar por terminado el vínculo. La propia normativa contempla, además, que una evaluación desfavorable pueda conducir a la pérdida de la condición profesional o a la disolución de una unidad artística.
El mecanismo recuerda inevitablemente al Decreto 349, aprobado en 2018 y todavía no derogado. Aquella norma convirtió en contravención la prestación de determinados servicios artísticos sin autorización y permitió sancionar tanto a creadores como a quienes los contrataran. Las medidas incluían multas, confiscaciones, suspensión de espectáculos y retirada de licencias.
El 349 provocó uno de los rechazos más sonoros que había conocido hasta entonces el sector cultural cubano. De aquella contestación surgió parte del movimiento que desembocaría después en el Movimiento San Isidro y en la concentración del 27 de noviembre de 2020 frente al Ministerio de Cultura (27N).
A ese enfrentamiento siguió una oleada migratoria que también vació buena parte del sector cultural. No existe una estadística oficial que permita saber cuántos artistas cubanos han emigrado desde 2021, pero la salida atraviesa prácticamente todas las manifestaciones. Tras las protestas del 11 de julio de 2021, PEN America y PEN Internacional, organizaciones de defensa de la libertad de expresión y los derechos de escritores y artistas, junto con Cubalex, documentaron la detención de decenas de creadores.
En las artes visuales, la relación entre conflicto político y exilio es aún más directa
La represión política se mezcla con la crisis económica, los bajos salarios y la falta de perspectivas. En la música, varios nombres de primera línea han trasladado fuera de Cuba el centro de sus carreras. Leoni Torres se estableció en Miami en 2021, tras pronunciarse sobre la represión del 11J; Haydée Milanés también se instaló en EE UU y ha contado que sus posiciones públicas tuvieron consecuencias profesionales. Cimafunk vive principalmente en Nueva Orleans, mientras Carlos Varela desarrolla una parte creciente de su actividad fuera del país y mantiene una estrecha relación con Madrid. Y lo mismo ocurre con Liuba María Hevia.
La pérdida también alcanza a actores y figuras de la televisión. Coralita Veloz, Premio Nacional de Televisión, se instaló en Miami; Erdwin Fernández (hijo) salió tras denunciar amenazas y represalias laborales por sus opiniones políticas; y Daniel Romero, protagonista de José Martí, el ojo del canario y El Mayor, emigró después de participar en el 27N y ha citado aquel episodio y el 11J entre las razones de su marcha.
En las artes visuales, la relación entre conflicto político y exilio es aún más directa. Tania Bruguera salió de Cuba en 2021 tras años de detenciones, vigilancia y restricciones. Hamlet Lavastida abandonó el país ese año después de casi tres meses encarcelado y viajó a Europa junto a la poeta Katherine Bisquet. Luis Manuel Otero Alcántara, figura del Movimiento San Isidro y de las protestas contra el Decreto 349, llegó a Miami en julio de este año tras cumplir cinco años de prisión.
El teatro tampoco escapa a la sangría. Carlos Celdrán, Premio Nacional de Teatro y fundador de Argos Teatro, trasladó su obra a España y Miami. Raúl Martín, fundador de Teatro de La Luna, creó en 2022 Teatro El Duende en República Dominicana. Rogelio Orizondo desarrolla su carrera en Estados Unidos, mientras Yunior García, fundador de Trébol Teatro, salió de Cuba en 2021 y su grupo fue cerrado después.
La Resolución 30/2026 permite a las entidades de representación artística percibir hasta el 30% del valor de los contratos de servicios artísticos
En la danza, el fenómeno puede medirse por compañías. En 2023, ocho bailarines del Ballet de Camagüey permanecieron en España durante una gira, cerca de una quinta parte de la delegación. Ese año, otros ocho integrantes de Lizt Alfonso Dance Cuba hicieron lo mismo. En 2024, al menos nueve miembros del Ballet Nacional de Cuba abandonaron la compañía durante una estancia en Puerto Rico. Regina Balaguer, directora del Ballet de Camagüey, reconoció que el éxodo se había vuelto “mucho más intenso”.
El cine y el audiovisual muestran otra cara del vaciamiento. Carlos Lechuga, director de Melaza y Santa y Andrés, ha desarrollado buena parte de su carrera fuera de las instituciones oficiales desde que esta última película fue retirada del Festival de Cine de La Habana. También se trasladó a Madrid parte de la generación vinculada al cine independiente. Alejandro Alonso, autor de El proyecto, Abisal y La historia se escribe de noche, emigró a España en 2021 junto a la realizadora y productora Daniela Muñoz Barroso.
Ambos están vinculados a Estudio ST, productora independiente nacida en Cuba y hoy con sedes en La Habana y Madrid, que reúne a José Luis Aparicio, Violena Ampudia, Gabriel Alemán, Fernando Fraguela, Carlos Melián y Joanna Montero. También se instaló en España la productora Claudia Calviño, figura clave del cine independiente cubano y responsable de títulos como Juan de los muertos.
Mientras tanto, la nueva regulación conserva el sistema de intermediación económica. La Resolución 30/2026 permite a las entidades de representación artística percibir hasta el 30% del valor de los contratos de servicios artísticos, según su participación en la gestión y otros gastos de comercialización. El resto corresponde a la unidad artística.
El porcentaje ya existía en regulaciones anteriores. Lo significativo es que el Gobierno lo mantiene, a pesar de su impopularidad, mientras renueva su legislación laboral.
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