"El guajiro que no tenga un triciclo o una yegua pierde la comida en el campo"
Guantánamo
La falta de combustible y de transporte estatal golpea por igual a pasajeros, estudiantes y agricultores de Guantánamo
Guantánamo/A las afueras de la terminal de ómnibus de Guantánamo, donde antes el viajero buscaba la ruta de guagua que lo acercara a su municipio, ahora espera algún triciclo eléctrico, un automóvil particular, una moto o, si el destino y la distancia lo permiten, hasta un coche de caballos. Hay pasajeros que preguntan, conductores que negocian y vehículos pequeños donde cada asiento cuenta.
"El precio del litro de gasolina aquí está por encima de los 2.500 pesos y el diésel a 1.900, así que eso dispara todos los precios de estos carros", explica a 14ymedio el conductor de un viejo Ford que hace la ruta desde la estación hacia otros poblados de la provincia. "La gente depende de esto porque de aquí ya no salen guaguas estatales para llegar a esos pueblitos".
La crisis del transporte, grave dentro de la ciudad de Guantánamo, adquiere otra dimensión cuando se mira hacia los municipios y comunidades rurales. Allí no se trata solamente de llegar tarde al trabajo o caminar varias paradas: la falta de vehículos condiciona la asistencia a la escuela, una consulta médica y hasta la posibilidad de sacar del campo una cosecha antes de que se eche a perder.
Juan Carlos, de 59 años, lleva días haciendo cuentas. Tiene una hija ingresada en un hospital de la cabecera provincial y necesita visitarla a diario. "Un triciclo te cuesta 500 o 600 pesos", lamenta. Además de verla, debe llevarle alimentos. "Todos los días hay que llevarle la comida, así que son 500 pesos para allá y 500 pesos para acá, eso no hay bolsillo que lo aguante".
En las calles guantanameras, los triciclos eléctricos se han convertido en un modo de transporte imprescindible. Los hay azules, negros, con toldos para proteger a los pasajeros del sol y adaptaciones hechas sobre la marcha. En torno a ellos se forman pequeños grupos que esperan un asiento o preguntan el precio antes de subir. La escena se repite mientras las rutas estatales de ómnibus prácticamente han desaparecido y la movilidad queda en manos de transportistas privados.
Para quienes viven fuera de la ciudad, el problema comienza mucho antes. Ramona reside en Cuneira, una comunidad rural del municipio El Salvador situada a 23 kilómetros de Guantánamo, y debe viajar regularmente a la capital provincial para recibir curas relacionadas con su diabetes. Cada traslado se ha convertido en una operación que exige dinero, tiempo y suerte.
"Yo tengo una volanta con una yegua y recojo pasajeros, pero también traslado viandas y frutas a Guantánamo, donde mi hermano tiene una carretilla de venta"
"Antes teníamos el tren pero ahora ni eso, dependemos todo el tiempo de los triciclos", cuenta. Para los estudiantes de esas zonas, especialmente quienes deben desplazarse hasta centros educativos alejados de sus casas, la escasez de transporte también convierte la jornada escolar en una carrera de obstáculos. Llegar al aula depende muchas veces de encontrar un vehículo, tener dinero para pagarlo o caminar parte del trayecto.
Pero la crisis no golpea solo el traslado de las personas. También deja varadas en los campos los productos que deberían terminar en los mercados de la ciudad.
"Yo tengo una volanta con una yegua y recojo pasajeros, pero también traslado viandas y frutas a Guantánamo, donde mi hermano tiene una carretilla de venta", explica un residente en El Salvador. El vehículo de tracción animal, asociado durante décadas a trayectos cortos y zonas rurales, vuelve a ganar protagonismo ante la falta de combustible.
"El guajiro que no tenga algo así o no se haya comprado un triciclo eléctrico se le pudre la comida en el campo porque no hay petróleo para sacarla", resume.
La consecuencia termina alcanzando también al consumidor. Si transportar un saco de viandas cuesta más, ese gasto acaba incorporado al precio de venta. El combustible caro, la falta de transporte estatal y la necesidad de recurrir a alternativas privadas forman una cadena que comienza en el surco y termina en el bolsillo.