La 'guillotina' de la calle Monte amenaza con decapitar a los transeúntes

La corrosión ha afectado durante años la pared de un edificio, provocando que se caiga a pedazos

Ancianos, estudiantes y clientes de un comercio están entre las potenciales víctimas de una pared que se cae a pedazos. (Collage)
Ancianos, estudiantes y clientes de un comercio están entre las potenciales víctimas de una pared que se cae a pedazos. (collage)

Ancianos que acuden a comprar pan en un local cercano, clientes de un comercio contiguo, estudiantes que van o regresan de la escuela por la popular y céntrica calle Monte a la altura de la calle Águila, todos se encuentran entre las potenciales víctimas de la guillotina.

Los vecinos han bautizado con este nombre a la pared lateral de un edificio por su parecido con el artefacto francés inventado hace más de 200 años para decapitar a los reos condenados a muerte. "La guillotina en cualquier momento le pasa factura a uno de los viejitos que hacen la cola para comprar pan", explica a 14ymedio Ramón, un residente de la zona, que señala que la tienda despacha dos veces al día y muchos mayores se acumulan ante la puerta durante horas para poder comprar.

Esta situación hace que, en ocasiones, la fila se extienda tanto que queden muchas personas justo debajo de la estructura en peligro de derrumbe.

El bullicio generado por el tráfico, el claxon de los vehículos y la algarabía de los transeúntes que recorren las ventas de los cuentapropistas de portal en portal hacen pasar desapercibido el peligro inminente que acecha en silencio sobre la cabeza de muchos. Los vecinos, conscientes del riesgo, reclaman a las autoridades una solución antes de que ocurra una desgracia.

"La guillotina en cualquier momento le pasa factura a uno de los viejitos que hacen la cola para comprar pan", explica a 14ymedio Ramón, un residente de la zona

Este lunes, alrededor de las cuatro de la tarde, se formaba una fila en las afueras de la panadería Monte Nuevo. Julio, un jubilado de 67 años, dijo no haberse percatado de la existencia de la guillotina. "Llevo meses viniendo a buscar pan aquí, y no me había fijado. Ahora no camino más por debajo de ese lugar", dice sin más.

"La jubilación miserable que cobro, la pandemia y la crisis que ha provocado este Gobierno han causado estragos en mi mente. Es muy difícil la sobrevivencia por estos tiempos para los cubanos de a pie, mientras ellos [los gobernantes] viven como reyes".

Julio recuerda que hace pocos días, a unos 200 metros de la panadería, un hombre perdió la vida debido al colapso de una edificación que tenía orden de demolición hace 15 años. "¿Sabes cuándo van a venir corriendo a reparar o demoler eso? Cuando se venga abajo y provoque otra muerte. Otro cubano aplastado como si fuera una cucaracha", opina mientras señala con el dedo índice a un pequeño grupo de estudiantes de secundaria, que pasa en ese momento por debajo de la estructura en mal estado. "Ojalá no sea un muchacho de estos", añade.

"Desidia" es la primera palabra que viene a la mente del encargado de poner cloro en las manos de quienes frecuentan la tienda Panamericana Monte y Águila cuando se le pregunta por qué no se arregla o demuele la guillotina. "Por suerte, todo indica que el edificio se mantiene en buenas condiciones. Lo único malo es esa pared lateral", cuenta a 14ymedio.

El trabajador asegura que hace mucho tiempo la edificación contigua fue desmantelada, dejando el costado a la intemperie. La corrosión ha afectado durante años la pared, provocando que se caiga a pedazos y se comience a observar el daño estructural de la esquina.

Los vecinos, conscientes del riesgo, reclaman a las autoridades una solución antes de que ocurra una desgracia. (14ymedio)
Los vecinos, conscientes del riesgo, reclaman a las autoridades una solución antes de que ocurra una desgracia. (14ymedio)

La enorme grieta que nace en la base del primer piso y alcanza la azotea del tercer piso del edificio de Máximo Gómez (Monte) y Águila hace que la estructura se sostenga cada vez con menos fuerza. "En otras ocasiones han caído sus buenos pedruscos, pero, por fortuna, nadie ha salido herido", continúa el empleado de la tienda. "Entonces aparece alguien del Gobierno y manda a poner una cinta que impida el paso por debajo", explica, aunque, con el paso de los días, "la cinta vuelve a desaparecer y las personas a confiar y a pasar".

A unos seis metros de la pared se ubica un baño que recibe a cientos de personas cada día, pero la cuentapropista que lo gestiona sabe bien que su silla debe estar situada "lo más lejos posible de esa pared, por si se viene abajo".

A su lado, otro jubilado que sobrevive vendiendo jabitas de nailon resume la situación: "Es una desgracia lo que estamos viviendo, porque ese problema de la pared se puede solucionar en un momentito si clausuran el paso por debajo del portal, o en un par de días si vienen a demoler". Según él, hay muchos que bordean la zona de peligro, sin embargo, "son más los que pasan por ahí, huyendo del sol".

"Sabemos que es posible, porque en el derrumbe del otro día, en menos de 24 horas habían limpiado y apuntalado todo", añade. "Claro, pero todo así rápido porque hubo un muerto y eso no les conviene a los dirigentes, porque es mala publicidad para los turistas. No arreglan la guillotina porque, simplemente, a nadie le importa". Por el momento.

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