La cola se volvió un rugido cuando se acabó el helado

La caja de helado de vainilla de 10 litros valía 520 pesos y era una por persona. Vendieron solo 12

Empleados de la pizzería El Italiano, en La Habana, cargando con las tinas de helado que consiguieron sin tener que hacer cola. (14ymedio)
Empleados de la pizzería El Italiano, en La Habana, cargando con las tinas de helado que consiguieron sin tener que hacer cola. (14ymedio)

Una multitud se congregó este lunes en el local de Infanta y Carlos III conocido como El Cuchillo en el mismo instante en que, de un vehículo recién estacionado, comenzaron a descargar cajas con helado. El placer lácteo cada vez es más escaso en Cuba y, por eso, todos los transeúntes que pasaban por el lugar acudieron ansiosos y prestos a hacer fila.

Muchos de los que pedían desesperadamente "el último" ni siquiera sabían qué sabor iban a vender, y mucho menos su precio. Cuando ya llevaban tiempo esperando y se enteraron de cuánto costaba, algunos de ellos tuvieron que abandonar la cola por no llevar dinero suficiente.

La caja de helado de vainilla de 10 litros valía 520 pesos y solo vendían una por persona. También había pequeñas paletas de guayaba, a 15 pesos cada una y con un límite de 10 unidades por comprador.

"Tiene que llegar la Policía y maltratarnos para poder organizarnos", decía uno de los que esperaban bajo el sol de la una de la tarde. "Miren cómo nos tienen, solo para intentar comprar un poco de helado, es el colmo"

"Tiene que llegar la Policía y maltratarnos para poder organizarnos", decía uno de los que esperaban bajo el sol de la una de la tarde. "Miren cómo nos tienen, solo para intentar comprar un poco de helado, es el colmo".

La fascinación por el helado no viene solo por el calor y la necesidad de llevarse algo bien frío a la boca. En los años 70 y 80, Fidel Castro se obsesionó con grandes planes ganaderos que hicieran de Cuba una potencia láctea. En la Isla se emplazaron numerosas fábricas de queso, yogur y helado con tecnología del campo socialista, al tiempo que se abrieron heladerías estatales por todo el país.

Un hombre "organiza" la cola para comprar helado en el comercio conocido como El Cuchillo. (14ymedio)
Un hombre "organiza" la cola para comprar helado en el comercio conocido como El Cuchillo. (14ymedio)

Pero de aquellas tablillas que anunciaban decenas de sabores poco queda y el producto escasea en pesos cubanos. Ahora, apenas se vende helado en algunos puntos de la capital cubana y cuando aparece, provoca más conflictos y peleas que alivio.

Justo cuando un agente de civil daba órdenes para colocar a la gente, antes de que comenzara la venta al público, los que hacían fila contemplaron con sorpresa cómo trabajadores de la pizzería El Italiano, situada enfrente de El Cuchillo, salían con tinas de helado sin tener que aguardar lugar. La cola se volvió entonces un rugido. Pero de poco sirvieron las protestas: solo vendieron a los 12 primeros afortunados, y algunos más tuvieron que conformarse con las 10 paleticas per cápita. La mayoría se fue con la bolsa vacía.

"Esto es una falta de respeto, ¿nos van a decir que solo bajaron 12 cajitas nada más?", se preguntaba indignada una mujer. "¿Hasta cuándo el descaro de esta gente con el pueblo? ¿Ahora qué le digo a mis niños, que no tienen derecho a comer helado? Ni helado, ni confituras ni nada", estallaba.

"Esto es una falta de respeto, ¿nos van a decir que solo bajaron 12 cajitas nada más?", se preguntaba indignada una mujer. "¿Hasta cuándo el descaro de esta gente con el pueblo?

En el mercado informal y en los sitios de venta de alimentos a domicilio, la misma tina de helado cuesta el doble. Este martes, varias paladares que hacen envíos "hasta la puerta de la casa" ofrecían tinas de sabor de vainilla a 1.100 pesos cada una. Vender para revender es un negocio redondo en el caso de este producto muy buscado por familias con niños y enfermos convalecientes que no pueden comer alimentos sólidos.

A las afueras del hospital La Dependiente, en el municipio habanero de Diez de Octubre, tres de cada cinco personas que esperaban este lunes para entregar los termos con el almuerzo a sus familiares ingresados, como pacientes de covid, llevaban también helado. "Mi prima solo quiere comer esto, así que si se lo tengo que buscar debajo de la tierra se lo busco", comentaba una mujer.

Las trifulcas por conseguir el cada día más preciado producto lácteo no son nuevas. Recientemente, este diario constató el mismo problema en el Ditá de la avenidas 26 y 37, en el Nuevo Vedado habanero. Más de 40 personas hicieron fila bajo el sol para intentar comprar paquetes de seis potes de helado, que vendían a 258 pesos.

Después de media hora organizando a los que se acercaron, solo vendieron una docena de "módulos". El resto se fue a casa con la amarga experiencia de haber perdido casi una hora de su vida.

Mientras tanto, la heladería insigne de la capital, Coppelia, tiene limitada la compra de helados a unas pocas bolas por persona y sus ofertas son netamente para llevar, siempre que cada cliente traiga su propio envase, pues en el lugar no expenden envases. A pesar de ello, este martes la fila en Coppelia era pertinaz como la llovizna bajo la que amaneció La Habana.

"Los cubanos nos vamos a matar los unos a los otros", protestaba una mujer con uniforme de custodio en voz alta mientras se retiraba de El Cuchillo este lunes, cuando ya el helado se había acabado. Un joven le respondió: "Los que nos van a matar son los de allá arriba, esos sí que no hacen cola y nos tiene el día entero de aquí para allá".

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