La industria de Ciego de Ávila, incapaz de asimilar la extraordinaria cosecha de piña

Los funcionarios  piden que se contenga el trasiego para que no se pudra la fruta, pero hasta la fecha no han tenido éxito

En esta fábrica de Ciego de Ávila se acumulan 800 toneladas de piña, muchas provenientes de Matanzas. (Invasor)
En esta fábrica de Ciego de Ávila se acumulan 800 toneladas de piña, muchas provenientes de Matanzas. (Invasor)

Cobrar en moneda libremente convertible (MLC), uno de los principales incentivos de las famosas 63 medidas para impulsar la producción agrícola, ya ni siquiera funciona como reclamo. Los retrasos para pagar de esta forma ascienden a aproximadamente seis meses y los productores prefieren llevarse los pesos, constantes y sonantes, en el acto antes que confiar en que medio año más tarde puedan recibir algo mejor.

Lo revela María Teresa de la Torre Ordaz, jefa del grupo de producción en la Unidad Empresarial de Base (UEB) Conservas de Frutas y Vegetales de Ciego de Ávila, en un reportaje sobre la saturación de piña (de la variedad española roja) que se ha producido este mayo. "Los productores no desean moneda libremente convertible como pago, porque demoran hasta seis meses para recibirla. Quieren dinero en mano, rápido y oportuno", revela la funcionaria, que paga a 700.000 pesos el quintal de la fruta si la transporta el agricultor.

El monto es muy superior al que ofrece la Empresa Agroindustrial Victoria de Girón, en el municipio matancero de Jagüey Grande de Matanzas, lo que ha provocado que las toneladas de piña lleguen a un nivel que la vetusta industria no es capaz de gestionar. Una historia de éxito que de repente se ha convertido en pesadilla, hasta el punto de que los directivos de la fábrica de conservas de Majagua no saben cómo pedir a los productores que dejen de llevar la fruta. Según cuenta el diario provincial Invasor este martes, en esta fábrica se acumulan unas 800 toneladas, muchas de ellas provenientes de Matanzas.

El retraso en la molienda es ahora mismo de dos días, ya que, según cuenta Dainier Ortiz Duquesne, jefe de patio, el pasado 27 de mayo había 215 cajones recogidos, con 112 toneladas de la fruta a la intemperie. Muy por encima de lo que se puede procesar, que son unas 70 toneladas los mejores días y 100 los que sobresalen en rendimiento. Además, había seis camiones esperando ser vaciados y otros tres lo hacían afuera.

Al cúmulo de piña recibida se une que la fábrica tiene el rendimiento limitado por las roturas y averías que aquejan a las industrias cubanas

Al cúmulo de piña recibida se une, como es habitual, que la fábrica tiene el rendimiento limitado por las roturas y todo tipo de averías que aquejan constantemente a las industrias cubanas. Como la serpiente que se muerde la cola, la avalancha de fruta, a su vez, está forzando las máquinas más de lo que –ya a duras penas– pueden soportar y aumentan las fallas en las bandas transportadoras, los angulares, la pesa, la batea de lavado, la estera, el molino, la zaranda y el viejo concentrador.

A todo esto se suma la escasez de energía. Antes, afirman los trabajadores, se protegía la industria para que no dejara de funcionar con las limitaciones, pero la escasez es tan grande que los directivos no lograron arrancar un compromiso de la empresa de energía provincial para evitar apagones.

Los funcionarios, que dan todo tipo de detalles sobre las llegadas de la fruta, la capacidad de la maquinaria y los recursos humanos, desbordados, piden que se contenga el trasiego para que no se pudra la fruta, pero hasta la fecha no han tenido éxito, en ocasiones porque, incluso, el productor no se acerca al lugar y solo lo hace el chofer. En el reportaje llegan a decir que se espere para cortar la piña de la mata, argumentando que es una fruta que aguanta mucho tiempo sin estropearse. "¿Por qué el corta y dale, corta y dale?", dice, exigiendo paciencia.

Los productores, por su parte, alegan no tener la culpa de que la fábrica sea incapaz de asimilar la fruta que les llega. "Entendemos que la industria está envejecida y ha recibido un volumen grande de la fruta, los apagones, las roturas, pero no puedo dejar que se me pudra en el campo", cuenta uno de los entrevistados para la nota.

"El precio que pagan en Jagüey Grande no alcanza ni para pagar a los trabajadores en el surco, poco más de 400.00 pesos el quintal", añade, lo que lleva a muchos productores como él a desplazarse hasta Ciego de Ávila, donde las condiciones son más ventajosas, algo que no harían, insisten, si la industria de Matanzas fuera más conveniente para ellos.

"Los productores llaman, porque quieren venir", insisten las funcionarias, que no esperaban que el éxito de la zafra terminara por ser un inconveniente.

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