"Empezamos a hablar el mismo idioma y de momento nos juntamos decenas de personas"

Una consigna quedó prendida en la mente de este habanero: "Díaz-Canel suelta el poder"

"Ahí mismo en San Rafael nos dispersaron, había un cordón policial que tuvo un altercado con los manifestantes que iban adelante". (14ymedio)
"Ahí mismo en San Rafael nos dispersaron, había un cordón policial que tuvo un altercado con los manifestantes que iban adelante". (14ymedio)

"Fue muy emocionante, algo que nunca había vivido. En videos y en otros países, pero aquí en Cuba, jamás en la vida", confiesa a 14ymedio Yonder, uno de los jóvenes habaneros que este domingo, pasadas las dos de la tarde, salió de su casa a gritar por la libertad de Cuba.

"En mi camino a 23 y Malecón vi varios muchachos que estaban sentados por allí aleatoriamente. Todos buscando y buscando con sus miradas, y se nos empezaron a unir Empezamos a hablar el mismo idioma y de momento nos juntamos decenas de personas", relata Yonder de 32 años.

"Había policías que nada más nos estaban custodiando porque no podían hacer nada", agrega. Cuando el joven, junto a sus amigos llegó a Galiano, asegura ya eran unos 500 los que marchaban en contra de la dictadura. "Un mar de pueblo gritando 'patria y vida', 'libertad', 'no tenemos miedo'".

A pocas horas de hacerse viral la protesta en San Antonio de los Baños, en la provincia de Artemisa, en varias ciudades a lo largo de la Isla se fue levantando la voz de miles de cubanos que de manera pacífica tomaron las calles para protestar contra el régimen.

"Una de las cosas más emocionantes que viví fue ver a un señor que salió en chancletas, con una efusividad increíble y se unió a nosotros. No acababa de ponerse la camiseta y el nasobuco cuando la gente empezó a aplaudirle", asegura Yonder.

En el recorrido, explica, quien no se unía a la manifestación se quedaba parado viéndolos, "asombrados, atónitos", y lo que hacían era aplaudir y gritaban desde sus ventanas o desde la propia calle: "fuerza", "libertad".

"En algunos momentos –nunca con nosotros, en la calle– algunas personas gritaron consignas como 'viva Fidel', 'viva la revolución', 'mira la gusanera', y el grupo le respondía: 'pasa hambre, esto lo estamos haciendo por ti también'".

En su intento de llegar al Capitolio, Yonder y los demás manifestantes, tuvieron que utilizar vías alternas porque la policía política bloqueó las calles principales. Así entraron al bulevar de San Rafael donde "había un señor en silla de ruedas que estaba marchando". También se unieron "muchos ancianos", que no podían seguir el paso de la protesta porque se marchaba muy rápido, "pero nos apoyaban, decían 'basta ya', 'libertad', 'ahora sí'".

"Vi muchos golpes, le dieron a mucha gente. Muchos se los llevaban en camiones, cuando juntaban 15 o 20 arriba del camión, salían disparados"

"Ahí mismo en San Rafael nos dispersaron, había un cordón policial que tuvo un altercado con los manifestantes que iban adelante. Nos reorganizamos un poco, pero tuve que correr, fue una estampida. No vi a nadie en el piso y todos nos estábamos ayudando. Nos desviamos y salimos al arco del Barrio Chino".

En ese trayecto, la policía arrestó a todo el que veía filmando o que gritaban vítores. "Vi muchos golpes, le dieron a mucha gente. A muchos se los llevaban en camiones, cuando juntaban 15 o 20 arriba del camión, salían disparados. Gente con heridas en la cabeza, soltando sangre y los montaban en los camiones esos y se los llevaban directo a la estación, nada de hospitales".

La policía también detuvo a un taxista que se les unió y que había parado su vehículo en medio de la calle como forma de protesta, cuenta Yonder. "Lo sacaron del taxi a palos y se lo llevaron preso. Uno de los militares se montó en el taxi y se lo llevó".

Mientras todo esto ocurría, en Centro Habana, cerca del Teatro Martí, en La Habana Vieja, otra "multitud increíble intentaba pasar hacia el Capitolio" al igual que otro gigantesco grupo que se acercó al Parque Central. "Había unos cordones increíbles de agentes de la Seguridad del Estado, muchachos muy jóvenes, pero vestidos muy típico con sus pulovitos o camisitas y el relojito dorado, y por ahí no había quién pasara".

Poco antes de decidir marcharse hacia su casa, Yonder vio cómo "las piedras volaban" por encima de su cabeza contra los policías. Intenté alejarme por seguridad y también tenía pocas fuerzas. No había comido nada desde el día anterior. Moría de sed". Entre Ayestarán y Aranguren una consigna quedó prendida en su mente: "Díaz-Canel suelta el poder".

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