Los leones de Camagüey, entre el hambre y la negación oficial
Cuba
Dos de los felinos serán trasladados al zoológico de Ciego de Ávila
La Habana/Las imágenes de los leones del zoológico de Camagüey rompieron en cuestión de horas el silencio habitual que rodea el deterioro de estos recintos en Cuba. Lo que mostraban era difícil de relativizar. Los llamados reyes de la selva se veían esqueléticos, con la piel pegada a los huesos, escasa movilidad y un aspecto general de agotamiento. La denuncia comenzó a circular hace apenas tres días y desde entonces el caso se convirtió en una prueba visible no solo del estado de esos felinos, sino también del abandono crónico que arrastran los zoológicos del país.
La reacción de la dirección del Casino Campestre no fue reconocer la gravedad del problema, sino atrincherarse en la defensa oficial. En un comunicado difundido por instituciones locales, la administración negó cualquier rastro de abandono y desnutrición, calificó las denuncias de “manipulación” y aseguró que los animales reciben atención especializada. Pero esa respuesta llegó después de que varios ciudadanos denunciaran que habían intentado llevar comida por su cuenta y se les impidiera hacerlo con el argumento de que los leones “no pasan hambre”.
Lo más revelador es que, tras el escándalo, sí hubo cambios visibles dentro del recinto. Los reportes más recientes describen limpiezas aceleradas, reparaciones de urgencia, áreas restringidas y mayor vigilancia sobre quienes usan teléfonos móviles dentro del zoológico. No hubo, sin embargo, una explicación transparente sobre cuánto tiempo llevaban los leones en ese estado ni sobre quién debía responder por el deterioro de las instalaciones y de los animales.
Hubo un tiempo en que el problema de los leones en los zoológicos cubanos no era, supuestamente, la falta de comida, sino el exceso de crías
Hubo un tiempo en que el problema de los leones en los zoológicos cubanos no era, supuestamente, la falta de comida, sino el exceso de crías. En 2017, un despacho de EFE recogía que los dos principales zoológicos habaneros habían registrado más de 500 nacimientos desde finales de los años 80, hasta reunir 45 ejemplares de león africano, una cifra inusual para este tipo de instituciones.
Aquel baby boom obligó incluso a aplicar medidas de control reproductivo, primero con anticonceptivos hormonales para las hembras y después con vasectomías a los machos. Parte de esos animales procedía de una donación de Namibia firmada en 2012 –se trasladó un total de 146 animales, en una operación que el régimen llamó con pompa Arca de Noé II–, mientras otros descendían de ejemplares regalados por Tanzania a Fidel Castro en los años 70. Vista desde hoy, aquella pregonada abundancia contrasta de forma feroz con la imagen actual de unos felinos consumidos por el hambre.
En diciembre de 2025 ya se había denunciado el caso de un león del zoológico del municipio de Florida, también en Camagüey, que supuestamente llevaba varios días sin comer y roía huesos viejos dentro de su jaula. A eso se suma otro antecedente todavía recordado en la provincia, cuando en mayo de 2021, tres leones escaparon del Consejo de Artes Escénicas de Camagüey por negligencia antes de ser capturados. Son episodios distintos, pero juntos dibujan una misma escena de precariedad, descuido institucional y control reactivo, no preventivo.
El caso de Camagüey encaja, además, con una cadena de denuncias sobre el deterioro de los zoológicos en toda la Isla. En mayo de 2024, este diario reportó la situación del zoológico Bartolomé Masó, en Manzanillo, donde los leones Gerardo y Karen aparecían desnutridos y con el esqueleto visible bajo el pelaje. Cada uno necesitaba unos 10 kilos diarios de carne, huesos, vísceras, pescado, pollo y desperdicios cárnicos, una dieta que ya resultaba imposible de sostener. Gerardo tenía nueve años y había llegado de Kenia, mientras Karen había nacido en 2019 tras una cesárea practicada a su madre. El problema no era solo la falta de alimento, sino también el secretismo en torno a la alimentación de los animales.
Un trabajador atribuía varias muertes a la falta de los alimentos específicos que requiere cada especie
En agosto de 2025, ese mismo deterioro quedó expuesto en el Zoológico Nacional de La Habana. Los leones donados por Namibia aparecían famélicos y un trabajador resumió la lógica de supervivencia del lugar con una dura frase: cuando muere un animal, se lo dan de comer a los demás.
Mucho antes, en octubre de 2021, este diario describió la reapertura del zoológico de la avenida 26, en La Habana, con una frase que hoy podría aplicarse a varios parques del país: “Esto parece más un cementerio que un zoológico”. Entonces ya faltaban especies emblemáticas, entre ellas el rinoceronte, la boa y la tortuga Galápagos, y un trabajador atribuía varias muertes a la falta de los alimentos específicos que requiere cada especie. A ese cuadro se sumarían luego nuevas denuncias sobre animales desnutridos, enfermos y sin agua suficiente.
En medio de la crisis de Camagüey ha surgido, además, una noticia que no resuelve el problema, pero sí desplaza parte de la atención. Este 5 de abril, el periódico oficial Invasor informó que el zoológico de Ciego de Ávila, en pleno proceso de reanimación, recibirá dos leones donados desde Camagüey. La nota presenta la decisión como parte de la recuperación del parque avileño y asegura que existe un convenio con entidades de la agricultura y la ganadería para garantizar alimento a los carnívoros, descritos allí como el eslabón más sensible del sistema.