Cuba fabricará mascarillas 'azulitas' en marzo, cuando la pandemia cumpla un año

La prensa oficial anunció la puesta en marcha de una planta de fabricación en Matanzas

Las personas sin hogar son de los más vulnerables en medio de la pandemia. Al no tener un lugar fijo donde residir se les hace imposible cumplir con la premisa de "quédate en casa".
Los expertos recuerdan que no basta con usar la mascarilla, sino que ésta debe estar en condiciones adecuadas y bien colocada. (14ymedio)

Un año después de la llegada del primer caso de covid-19 a Cuba, la Isla comenzará, por fin y si no hay ningún imprevisto, a fabricar mascarillas desechables, higiénicas y quirúrgicas.

Hasta ahora, las mascarillas que se ven en las calles habaneras están reforzadas con doble tela, improvisadas a partir de un pañuelo o de un ajustador de mujer y hasta a la moda con lentejuelas y mensajes impresos. Todas muy diferentes pero con algo en común: la gran mayoría proviene de la inventiva y los esfuerzos de cada cual, porque el Estado no ha realizado una venta masiva para que la población adquiera esta nueva prenda.

Este martes, la prensa oficial anunció finalmente la puesta en marcha en marzo de la planta estatal de fabricación, perteneciente a la Empresa de Confecciones Textiles Unimoda, parte a su vez del Grupo Empresarial Gardis, en Matanzas. Según su directora general, la maquinaria estará lista para producir en torno a 100 unidades por minuto, lo que supone 84.000 cada ocho horas.

La prensa no ha informado si estarán destinadas al público general, su precio de venta o si serán de uso recomendado u obligatorio, frente a la de tela común que se emplea habitualmente en la Isla

Las mascarillas de factura cubana siguen el estándar internacional con triple capa, dos de telas no tejidas (TNT spunbond) y el filtro intermedio (meltblown). Sin embargo, poco se sabe realmente sobre este nuevo producto.

La prensa no ha informado si estarán destinadas al público general, su precio de venta o si serán de uso recomendado u obligatorio, frente a la de tela común que se emplea habitualmente en la Isla. También podrían estar exclusivamente destinadas a los profesionales y, de ser así, se ignora si únicamente al personal que trabaja en primera línea en la lucha contra la pandemia o en cualquier empleo esencial.

La escasez de estos productos incluso en hospitales ha obligado a algunos sanitarios destinados en unidades de covid a tener que usar las de tela, según contaron a 14ymedio fuentes médicas de Santiago de Cuba.

Diosdado Abreu Falcón, director del Grupo Empresarial Gardis, se limitó a expresar su júbilo, en su cuenta de Facebook, por el ahorro que supondrá disponer de la planta y evitar la importación de un elemento que se ha hecho imprescindible en el mundo.

El pasado septiembre, el directivo se explayó más en la misma red social y reconoció que la burocracia estaba obstaculizando el proyecto que, inicialmente, aspiraba a la fabricación a través de impresión en 3D, consistente en un soporte de plástico, una lámina de acetato y un elástico para la sujeción.

"Aunque todos han tratado de ayudar, comenzando por el Ministerio de Economía y Planificación, ya llevamos tres meses y hoy hace falta lograr la soberanía en este elemento. No pedimos ni un dólar, solo apoyo para esta inversión", denunció.

"Falta que la importadora cierre el contrato y que el Banco Central autorice la apertura de una cuenta de fines específicos, pues el ofertante es un extranjero residente en el país... Le pagaremos en CUC, por lo que Cuba no tendrá gastos en moneda libremente convertible"

Abreu explicaba entonces que cada mascarilla importada cuesta al Estado 46 centavos de dólar estadounidense, mientras la de fabricación local supondría 6 centavos. Sin embargo, "falta que la importadora cierre el contrato y que el Banco Central autorice la apertura de una cuenta de fines específicos, como el Gobernador le solicitó, pues el ofertante es un extranjero residente en el país... Le pagaremos en CUC, por lo que Cuba no tendrá gastos en moneda libremente convertible", dijo.

Los planes han cambiado y finalmente se producirá la mascarilla conocida como quirúrgica en otros países y llamada popularmente en Cuba azulita. La mayor parte de la venta de este producto está en manos privadas, ya sea a través del comercio por cuenta propia o del mercado negro. Un paquete de diez unidades cuesta unos 480 pesos, mientras que las de fabricación casera se venden cada unidad a un precio que oscila entre los 20 y los 60 en dependencia más del diseño visual que de su efectividad.

En EE UU son las de uso más extendido y pueden venderse en paquetes de 50 unidades a 20 dólares, un precio muy aproximado al que tienen en Europa, donde son las consideradas más aptas para las personas enfermas y personal sanitario por su alta capacidad de filtrado. El precio relativamente bajo en el continente se logró la pasada primavera gracias a las reducciones de impuestos y medidas de control de precios, cuando se recomendó su uso a toda la población y se multiplicó la fabricación.

Francia las impuso en escuelas recientemente como parte de un paquete de medidas destinado a fortalecer el control de la cepa británica frente a las mascarillas higiénicas, que han proliferado en el continente también como alternativa más económica y reutilizable.

Los expertos recuerdan que no basta con usar la mascarilla, sino que esta debe estar en condiciones adecuadas y bien colocada

Las mascarillas de tela son las más utilizadas en las calles cubanas, e incluso los negocios privados que se mantienen vendiendo comida para llevar en la capital cubana, han dotado a sus empleados de estos productos manufacturados en casa aprovechando la superficie para colgar en ella publicidad de su restaurante o cafetería. Para el Día de los Enamorados ya han empezado a venderse algunas de rojo encendido y corazones de brillo, pero no cuentan con ningún control. En España, estas mascarillas de tela deben seguir una norma que obliga a su fabricación con filtros y TNT.

En la Unión Europea existe un siguiente escalón con las llamadas Equipos de Protección Individual (EPI) a las que pertenecen las mascarillas FFP 1, 2 y 3 (también llamadas N95 o K95) en función del filtrado, que puede alcanzar el 99%. Sin embargo, estas están recomendadas solo para profesionales o situaciones de gran exposición al virus (en los transportes públicos de países con altas incidencias se han popularizado) y cuestan el triple de las quirúrgicas (1,50 euros, equivalente a unos 43 pesos).

Estas últimas son una rara avis en la Isla, donde cuestan entre 100 y 140 pesos cada una, dependiendo de si llevan filtro. Cuando se ve a alguien en las calles portando una N95, muchos se quedan mirando como si condujera el último modelo de auto del año o un sofisticado reloj inteligente. Sin ir más lejos, el mandatario Miguel Díaz-Canel, a quien podía verse con mascarilla quirúrgica en las reuniones oficiales, lleva semanas usando la N95.

Los expertos recuerdan que no basta con usar la mascarilla, sino que esta debe estar en condiciones adecuadas y bien colocada. Utilizarla más horas de las debidas, exponerla a la suciedad ambiental o corporal o no ajustar bien los bordes son las formas más comunes de inutilizar una mascarilla. Sin embargo, en Cuba, su reemplazo puede ser un lujo y terminan por usarlas durante varios días, algo expresamente contraindicado.

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