Medio millón, según el Gobierno; cansancio y desinterés, según la calle

1 de Mayo

La campaña de firmas por la paz ocupó el centro del acto, mientras la retórica oficial alternaba llamados al diálogo con amenazas de sangre y fusil

El nuevo emplazamiento ofrece la ventaja de ser más manejable para las cámaras y menos arriesgado ante una baja convocatoria.
El nuevo emplazamiento ofrece la ventaja de ser más manejable para las cámaras y menos arriesgado ante una baja convocatoria. / 14ymedio
Darío Hernández

01 de mayo 2026 - 14:37

La Habana/“Prácticamente la mitad de la gente ya se había ido cuando eso comenzó”, asegura un asistente al desfile del Primero de Mayo en La Habana. La Tribuna Antiimperialista José Martí, frente a la Embajada de Estados Unidos, volvió a ser este año el escenario escogido por el poder para representar una unanimidad que cada vez cuesta más sostener. 

El cambio de sede, tradicionalmente en la Plaza de la Revolución, fue justificado por las autoridades con la crisis energética. Pero el nuevo emplazamiento también ofrece la ventaja de ser más manejable para las cámaras, menos arriesgado ante una baja convocatoria y más fácil de convertir, mediante planos cerrados y una narración entusiasta, en una postal de apoyo multitudinario.

El acto giró alrededor de dos obsesiones: el temor a una intervención estadounidense y la necesidad desesperada de exhibir el apoyo popular. Bajo el lema “La patria se defiende”, repetido hasta la saciedad, y con la celebración del centenario del natalicio de Fidel Castro como telón de fondo, miles de trabajadores fueron movilizados desde la madrugada hacia el Malecón habanero. El desfile fue presentado por la prensa oficial como una marcha combativa, patriótica y voluntaria. En la calle, sin embargo, la escena tenía más de obligación y de operación logística que de fervor ciudadano.

Con la celebración del centenario del natalicio de Fidel Castro como telón de fondo, miles de trabajadores fueron movilizados desde la madrugada.
Con la celebración del centenario del natalicio de Fidel Castro como telón de fondo, miles de trabajadores fueron movilizados desde la madrugada. / 14ymedio

La convocatoria había sido organizada desde cuatro puntos de La Habana hasta la Tribuna. Uno de los asistentes, que salió desde la concentración de la calle Infanta alrededor de las 6:30 de la mañana, describe a este diario cómo lo vivió: “Lo que más había eran congas. Conté como cinco. Lo típico. Muchos pullovers de centros estatales, y un montón de militares”. Según escuchó entre los participantes, muchas personas estaban citadas desde las dos o tres de la madrugada.

Cuando inició el acto central, a las 8:15 a.m., muchos de los convocados ya se habían marchado. “A la hora en que comenzó todo y luego de escuchar la discografía de Silvio Rodríguez entera, con el sol ya pegando fuerte, fácilmente se había ido la mitad”, relata el asistente. Durante los discursos, añade, los participantes seguían abandonando el lugar. “Cuando bajaron los grupos y se concentraron en la Tribuna, estuvieron casi una hora parados. Y la gente ya estaba agotada”.

Pese a ello, los medios oficiales anunciaron la presencia, en la capital, de 500.000 trabajadores. Las imágenes, sin embargo, no sostienen esa cifra. La densidad visible en fotos y videos, los claros en la multitud, la amplitud de las zonas laterales y la propia composición del lugar no se corresponden con medio millón de personas concentradas en esa área, salvo que se extendieran de manera mucho más masiva por avenidas adyacentes. 

"Estuvieron casi una hora parados. Y la gente ya estaba agotada”.
"Estuvieron casi una hora parados. Y la gente ya estaba agotada”. / 14ymedio

“El Gobierno necesitaba medio millón. Las imágenes muestran bastante menos”, resume un observador. Y, sobre todo, muestran algo más dañino para el relato oficial, porque la multitud que ya no parece convencida ni siquiera de quedarse hasta el final.

Guaguas, citaciones laborales, orientaciones sindicales y presión administrativa forman parte de una coreografía conocida en cada acto político de esta envergadura. La capacidad de mover personas sigue siendo una de las pocas competencias organizativas que conserva el aparato estatal, incluso en medio de la crisis energética y cuando el transporte público cotidiano continúa siendo una pesadilla para millones de cubanos. 

“Mucha gente tomando alcohol, sin hacer caso a la actividad”, cuenta la fuente. En algunos tramos, las bocinas parecían intentar sustituir con ruido lo que faltaba en entusiasmo. “La avenida vacía, con las bocinas a todo meter”, resume el asistente. 

“Hablaban de paz, de diálogo, y a la vez que si el pueblo está dispuesto a morir, que si dame mi fusil, que si recogerán sangre".
“Hablaban de paz, de diálogo, y a la vez que si el pueblo está dispuesto a morir, que si dame mi fusil, que si recogerán sangre". / 14ymedio

El momento central del acto fue la entrega simbólica a Raúl Castro y a Miguel Díaz-Canel de las firmas recogidas en la campaña “Mi Firma por la Patria”, que según el registro estatal ascienden a 6.230.973 rúbricas “por la paz y la soberanía”. La cifra fue celebrada como prueba de unidad nacional. Pero, según los testimonios recogidos, esa adhesión tampoco fue tan voluntaria como proclamó la propaganda. “Mis vecinos y yo hemos sido prácticamente acosados toda esta semana para la firma. Pasaron tres veces en los últimos tres días”, denuncia un residente en Diez de Octubre.

La televisión estatal repitió una y otra vez que la concentración era la verdadera Cuba, en contraste con el descontento visible en Facebook, medios independientes, protestas cívicas y encuestas recientes. “En las redes sociales están atacando a la Revolución, pero esa no es la realidad, la realidad es esta”, decía un locutor de Canal Caribe, mientras anticipaba que luego aparecerían críticas diciendo que los asistentes habían sido obligados a ir.

“El Gobierno necesitaba medio millón. Las imágenes muestran bastante menos”.
“El Gobierno necesitaba medio millón. Las imágenes muestran bastante menos”. / 14ymedio

El discurso oficial reconocía, sin quererlo, la grieta. “Aquí todo el mundo pasa trabajo: no hay transporte, a veces falta el pan, pero la gente sigue resistiendo”, afirmó uno de los comentaristas. La frase pretendía exaltar la resistencia, pero terminó describiendo el fracaso. En un país con apagones prolongados, inflación, salarios pulverizados, transporte precario, jubilados empobrecidos y una emigración masiva que vacía barrios y familias, convocar a los trabajadores a celebrar su día tiene algo de burla.

La jornada también estuvo marcada por el cerco policial contra voces críticas. La Redacción de este diario en La Habana fue rodeada con un operativo policial, desde la madrugada, para impedir a los periodistas Yoani Sánchez y Reinaldo Escobar salir a la calle este 1 de mayo. La medida confirma que, mientras el Gobierno intentaba exhibir una imagen de respaldo popular en la Tribuna Antiimperialista, mantenía bajo vigilancia y control a periodistas independientes y ciudadanos incómodos. 

La contradicción mayor estuvo en el lenguaje. El blanco de las camisetas fue presentado como símbolo de paz, y las firmas como respaldo al diálogo y la soberanía. Pero esa invocación pacifista convivió con una retórica belicista de “guerra de todo el pueblo”, sacrificio, sangre y fusil. “Hablaban de paz, de diálogo, y a la vez que si el pueblo está dispuesto a morir, que si dame mi fusil, que si recogerán sangre. Bastante incoherente el discurso”, remata el asistente.

Desfile del 1 de mayo en La Habana: menos gente y más cansancio bajo el sol

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