La merienda escolar, la más reciente víctima de la crisis económica en Cuba

Las galletas y panes que apuntalaban la merienda de los estudiantes prácticamente han desaparecido

La merienda escolar, que comenzó a distribuirse en 2003, incluía un vaso de yogur de soya y un pan que podía contener salchicha, butifarra, queso, jamonada o croqueta. (14ymedio)
La merienda escolar, que comenzó a distribuirse en 2003, incluía un vaso de yogur de soya y un pan que podía contener salchicha, butifarra, queso, jamonada o croqueta. (14ymedio)

Un beso en la puerta de la casa y la mirada de la madre siguiéndolo hasta que dobló la esquina fue parte de la rutina de Jeancarlos este lunes. El niño de once años reanudó este 5 de septiembre un curso escolar en el que, a diferencia de hace unos meses, ya no podrá contar siquiera con un pan para la merienda.

Desde que las clases cesaron para dar paso a las vacaciones de verano, mucho ha cambiado en la Isla. Los apagones se prolongaron, el peso cubano se hundió ante las divisas y la harina de trigo se volvió un producto cada vez más escaso. Las galletas y panes que apuntalaban la merienda de los estudiantes prácticamente han desaparecido.

"Para que pueda llevarse un pan con algo a la escuela, alguien en la casa tiene que dejarse de comer el suyo", aclara la madre de Jeancarlos en alusión al producto del racionamiento. Pero el alumno de sexto grado no es el único estudiante de la familia. "La niña empezó en primer grado y el pan mío se lo di a ella porque es más chiquita y no entiende eso de no tener merienda", explica.

Días antes de reiniciar el curso escolar, la mujer estuvo indagando sobre posibles soluciones. "Un paquete pequeño de galletas lo mínimo que te cuesta son 100 pesos y no hay nada que echarles, así que esa opción ni la cuento porque no soluciona el problema", explica a 14ymedio. Una comerciante informal le vendió "un extracto de refresco que garantiza que al menos no lleve solo agua a la escuela".

Recientemente, la joven Trilce Denis lanzó una agria diatriba contra el gobernante Miguel Díaz-Canel a través de un video publicado en su cuenta de Facebook. "Ahora yo quiero saber, cuando empiece la escuela, qué merienda se le va a dar a los niños, (...) ya me tienen enferma de los nervios", cuestionó la mujer.

"Un paquete pequeño de galletas lo mínimo que te cuesta son 100 pesos y no hay nada que echarles, así que esa opción ni la cuento porque no soluciona el problema", explica una madre

Denis lamentó que, incluso cuando ella pudiera gestionar una merienda para su hijo, éste tendría que comerla al lado de otros niños que no podían llevar ningún alimento. La preocupación es compartida por muchos padres que temen un aumento de las desigualdades sociales expresado en la incapacidad económica de las familias para ofrecer un pan a sus hijos.

Los contrastes no se perciben ahora solo en la calidad del calzado o de la mochila en la que los alumnos llevan sus libros, sino que el solo hecho de tener unas galletas dulces, un sándwiches o un pan marcan la pertenencia a cierta clase social que tiene acceso a las tiendas en moneda libremente convertible o recibe remesas del extranjero.

Ulises, de 43 años, aterrizó este sábado en La Habana proveniente de Miami. Tras llegar hace seis años a Estados Unidos, es la tercera vez que regresa a la Isla a visitar a su hermana y dos sobrinos en edad escolar. "La mayor parte de las maletas las traje llenas de comida", cuenta a este diario. "Latas de todo tipo, harina, galletas y pan", enumera.

"Le traje todo lo que necesitan para la merienda del próximo mes, después ya veremos cómo nos las arreglamos para que puedan llevar algo de comer a la escuela, pero por el momento al menos tienen resuelto el inicio del curso". Polvo de refrescos instantáneos, leche en polvo y algunas confituras formaban parte también del "rescate familiar", como Ulises llamó a su equipaje.

"Con la harina que traje mi hermana ya empezó a hacer su propio pan porque el de la libreta no hay quien se lo coma, ácido y duro". Pero los primeros días del curso no son la prueba más dura para las familias con niños o adolescentes que van a la escuela. "Normalmente esta primera semana de septiembre todo es más relajado. Lo peor vendrá luego", reconoce el emigrado.

En los sitios de clasificados abundan por estos días los anuncios que prometen "paquetes de galletas ideales para la merienda escolar" o "confituras variadas en sobres independientes, perfectas para llevar a la escuela". Pero los precios disuaden a muchos posibles compradores. Un estuche con cuatro galletas dulces con "chispas de chocolate" en 200 pesos, da la medida de la inflación.

"No se trata solo de llevarse algo a la boca, sino que a esta edad los adolescentes son muy sensibles", lamentaba este lunes un padre a las afueras de la secundaria

"No se trata solo de llevarse algo a la boca, sino que a esta edad los adolescentes son muy sensibles", lamentaba este lunes un padre a las afueras de la secundaria básica protesta de Baraguá en Centro Habana. "Mi hijo me dice que no quiere traer nada porque le da pena con sus amigos que no tienen, pero eso significa toda la mañana sin comer nada, eso no puede ser bueno".

A las afueras del centro docente, y mientras los estudiantes formaban para el primer matutino de este septiembre, algunos padres recordaban que a inicios de este siglo se implementó "una merienda fuerte" para los alumnos de la secundaria. "El Gobierno no quería que los niños estuvieran vagando por las calles y en lugar de salir en el horario de almuerzo se les daba un pan con algo y un yogur", rememoraba una madre.

Esa merienda escolar, que comenzó a distribuirse en 2003, incluía un vaso de yogur de soya y un pan que podía contener salchicha, butifarra, queso, jamonada o croqueta. La oferta buscaba que los estudiantes no tuvieran que salir a sus casas en el horario del almuerzo, del que muchos no regresaban. Pero la iniciativa, apoyada por la comodidad económica que permitió el petróleo venezolano, sobrevivió apenas una década.

"Yo soy de esos adolescentes que tiraba el pan por la cerca de la escuela o nos poníamos a jugar a tirarnos la salchicha", comentaba uno de los padres a las afueras de la secundaria de Centro Habana. "¿Quién me iba a decir que ahora iba a estar aquí soñando con que al menos mi sobrino tuviera algo así?". Los tiempos han cambiado y ahora la merienda es un lujo que pocos pueden darse.

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