El mito del sistema educativo en Cuba

El adoctrinamiento en los textos desde preescolar hasta el último año de bachillerato es lo único que no ha variado en las últimas tres décadas

Cuando la Unesco habla del elevado nivel de Cuba en educación hace referencia a su carácter gratuito, pero eso no demuestra que el sistema cubano prepare bien a las nuevas generaciones. (14ymedio)
Cuando la Unesco habla del elevado nivel de Cuba en educación hace referencia a su carácter gratuito, pero eso no demuestra que el sistema cubano prepare bien a las nuevas generaciones. (14ymedio)

Determinar la calidad de la educación del sistema cubano es una tarea llena de escollos y suposiciones interminables por la imposibilidad de acceder a datos macros verificables. Tanto secretismo provoca aún más suspicacia.

En la región de América Latina y el Caribe asumimos que los países con mejores resultados en educación son Chile –paradójicamente, vitrina del denostado neoliberalismo–, seguido por Uruguay, Costa Rica y México, según la lista generada por las pruebas PISA (Programa Internacional para la Evaluación Estudiantil), que mide la aplicabilidad de los conocimientos adquiridos en la vida cotidiana al finalizar la educación obligatoria. Cuba no aparece en los datos, por un hecho simple: no participa en las mediciones.

En 2013, el núcleo duro del "socialismo del siglo XXI", Cuba, Bolivia y Venezuela, se negó a participar en estas evaluaciones. Para los Gobiernos de estos países la educación era considerada un puntal fuerte de los procesos sociales que desarrollaban y prefirieron que sus "logros" no fueran cuestionados.

Sin acceso a información gubernamental y negados a proporcionar datos a las instancias internacionales, cabe preguntarse de dónde sale la idea de que Cuba es la referencia del mejor sistema educativo regional.

Ha sido la misma ONU la encargada de mostrar al sistema cubano como paradigma, pero si se lee entre líneas, los indicadores destacados por Unicef no son pruebas fehacientes de la calidad de la educación

Ha sido la misma ONU la encargada de mostrar al sistema cubano como paradigma, pero si se lee entre líneas, los indicadores destacados por Unicef no son pruebas fehacientes de la calidad de la educación.

Cuando la Unesco habla del elevado nivel de Cuba en educación hace referencia al carácter gratuito del sistema educativo, pero la inexistencia de un costo no demuestra que el sistema cubano prepare bien a las nuevas generaciones.

Mientras en los países latinoamericanos existe un ritmo promedio de cinco años para la actualización de los libros de textos, en el caso cubano los textos, desde Física hasta Español y Literatura, fueron cambiados por última vez entre 1989 y 1990, con el único criterio educativo de eliminar la propaganda soviética y fortalecer el carácter socialista único de la revolución cubana.

El adoctrinamiento en los textos desde preescolar hasta el último año de bachillerato es lo único que no ha variado en Cuba en las últimas tres décadas. Esto se corrobora revisando los libros digitalizados del Ministerio de Educación de Cuba.

Cuando se aplica la rigurosa regla de la pobreza a los sistemas educativos latinoamericanos y se comprende el impacto real que la falta de recursos de las familias provoca en la calidad de la educación, se olvida que Cuba pasó de ser la economía número 23 del mundo, en 1958, a competir con los indicadores de miseria de Haití a partir de los años 90, con la caída de la URSS.

Las mediciones de la sociedad civil cubana determinan que el 51% de la población vive actualmente en situación de pobreza, y las zonas rurales y suburbanas muestran situaciones de pobreza extrema. El salario mínimo mensual es de 19 dólares, según el valor real de esa divisa en el mercado negro. El ingreso per cápita anual de los cubanos se fija en los 300 dólares, un dato similar al de República del Congo).

Qué podremos decir de la alimentación necesaria que deben tener los estudiantes para enfrentarse a clases en las mañanas y a la realización de deberes en la tarde

En un país donde el promedio de las familias tienen tan bajos ingresos y el acceso a proteínas ha sido difícil desde 1990, qué podremos decir de la alimentación necesaria que deben tener los estudiantes para enfrentarse a clases en las mañanas y a la realización de deberes en la tarde.

A pesar de que esta realidad es palpable en las aulas, Unicef y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) reconocen sin cuestionamiento los datos no corroborables del Gobierno cubano de "inexistente desnutrición infantil" en Cuba. Este tipo de planteamientos genera más cuestionamientos sobre el papel de las instancias internacionales en el país.

Los maestros cubanos reciben una remuneración salarial que parte de los 4.825 pesos mensuales (70 dólares). Para poder sostenerse en medio de la inflación galopante, los docentes recurren a trabajos extra de repasos y nivelación, que cobran a 100 pesos la sesión (menos de un dólar y medio). Recibir clases extras de refuerzo no es una alternativa para todos los estudiantes, por lo que la capacidad económica de las familias determinará quién tiene mayores posibilidades de lograr mejores calificaciones y obtener a posteriori un escalafón a la altura de la carrera universitaria deseada. Una muestra de que el sistema "gratuito" para todos es solo una pantalla para el subrepticio darwinismo social del sistema.

La idea que tenemos en América Latina sobre una educación de mediana calidad incluye el uso del internet y las tecnologías informáticas. En Cuba esta visión se limita a conocer las partes de la computadora y al manejo mediocre del paquete de Office. El internet de acceso social se aprobó en el país en 2013 y su uso como recurso de investigación y trabajo en clases es un sueño que aún no llega, en consonancia con la política de Estado de mantener la educación en el riguroso sistema tradicionalista.

La disposición de las aulas, las formas de organización, las metodologías y la promoción de la innovación son estáticas y eminentemente teóricas; en la práctica, los cambios en los últimos 40 años son poco perceptibles. Entre las transformaciones que requieren mención meritoria está la implementación de políticas de inclusión educativa, donde se han integrado estudiantes con necesidades educativas especiales que antiguamente estaban destinados a escuelas especiales. Los primeros en ser integrados a la educación con estudiantes promedio fueron los niños y adolescentes provenientes de escuelas de conducta, en la que eran marginados como delincuentes juveniles hasta 2003, que fueron asignados a colegios regulares.

La disposición de las aulas, las formas de organización, las metodologías y la promoción de la innovación son estáticas y eminentemente teóricas; en la práctica, los cambios en los últimos 40 años son poco perceptibles

A pesar de estos cambios, la formación de maestros ha tenido que enfrentarse a la deserción masiva, las constantes crisis migratorias y la desmotivación por la falta de incentivos económicos y el decadente reconocimiento social de los los docentes, vistos como portavoces de un régimen totalitario y responsables de décadas de adoctrinamiento.

Ante esta crisis, Fidel Castro abrió en el año 2000 las Escuelas de Formación Emergente de Maestros, que, como dice su nombre, formaba docentes de manera acelerada. En un primer momento, un profesor debía estar listo para ir a las aulas en seis meses, luego en un año. Este paliativo quitó protagonismo a la formación universitaria de pedagogos y extendió las debilidades del aprendizaje de estos adolescentes devenidos en maestros.

La intervención directa del dictador en las políticas públicas para la educación generó la destrucción sistemática de la estructura de gestión docente de las escuelas. Se llegó al punto de asumir que un maestro de enseñanza secundaria podía impartir Física, Matemática, Literatura, Química y Artística bajo el presupuesto que si "Aristóteles pudo enseñar varias ciencias a sus discípulos, los profesores generales integrales (PGI) también podían". Al final, los PGI no pudieron brindar conocimientos profundos de nada, aunque tenían que hablar de todo.

Veinte años después del desastre de la "Formación Emergente", la educación cubana tiene un 70% de profesores que son el resultado de maestros mal formados en todos los niveles de educación del país. Cuando prestamos atención a la preparación académica y práctica de los docentes este debería ser un indicador a la hora de determinar la calidad de la educación que se imparte en Cuba.

Poner en contexto los datos de la realidad cubana debería llamar a la reflexión sobre si realmente su modelo educativo debería ser el paradigma para América Latina. ¿Cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a que se garantice educación gratuita con acceso para todos a expensa de nuestras libertades individuales? ¿Cuántos padres eligiríamos una educación ideologizada con adoctrinamiento explícito? ¿Cuántos docentes preferiríamos un modelo educativo estático, tradicionalista, que además tiene los niveles más bajos de remuneración del hemisferio occidental? Hay ciertos cuentos que están mal contados.

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