La obsesión de los cubanos por el pan, de mala calidad, que resuelve las tres comidas diarias

La escasez de harina de trigo se ha manifestado recientemente en las larguísimas colas que doblan la panadería

Aunque la panadería fabrica varios tipos de pan, esta jueves solo había de ajo. (14ymedio)
Aunque la panadería fabrica varios tipos de pan, esta jueves solo había de ajo. (14ymedio)

Una larga cola aguardaba en la mañana frente a la panadería de la avenida Carlos III para comprar pan de ajo, el único que se podía adquirir este jueves a un precio de 6 pesos la unidad y un máximo de 10 piezas por persona.

"Esta panadería, como el transporte, tiene sus horarios complicados. Yo trato de venir bien temprano, que hay menos personas", comentaba una clienta que esperaba sentada en un pequeño banco que trajo de su casa. Mientras, una mujer ordenaba el flujo de personas para que entraran de dos en dos a la tienda.

Cuando el producto se agota pueden pasar entre 30 minutos o una hora hasta que una nueva tanda esté lista para la venta. (14ymedio)
Cuando el producto se agota pueden pasar entre 30 minutos o una hora hasta que una nueva tanda esté lista para la venta. (14ymedio)

"El pan de ajo me conviene bastante, porque me ahorro untarle aceite y ajo. Lo comemos así solo", seguía la mujer. "¿Pero qué ajo ni qué ocho cuartos? ¡Si ese pan no sabe a nada! Se puede comer, pero de ajo nada", replicaba una vecina en medio de las risas del resto de los congregados.

En la panadería de Carlos III producen también otros tipos de pan, como el de molde, por 25 pesos que no goza de gran aceptación entre los consumidores, o la popular barrita de 5 pesos, que es el preferido por ser más barato. Pero no siempre hay variedad y, cuando el producto se agota pueden pasar entre 30 minutos o una hora hasta que una nueva tanda esté lista para la venta.

"¿Pero qué ajo ni qué ocho cuartos? ¡Si ese pan no sabe a nada! Se puede comer, pero de ajo nada"

La escasez de harina de trigo, que en mayo llegó al punto de tener que ser sustituida por la de maíz, se ha manifestado recientemente en las larguísimas colas que doblan la panadería, dando lugar a numerosas discusiones y peleas en las que, en ocasiones, ha debido intervenir la policía. Aunque la situación ha mejorado este verano, a la panadería de Carlos III no acaba de llegar una normalidad que tal vez en Cuba no exista: esa en la que se pueda adquirir el producto sin largas esperas de pie bajo el intenso sol.

La obsesión con el pan se debe en parte a que el producto sustituye a muchos otros alimentos que han ido desapareciendo de las mesas cubanas. Pan con aceite, pan con mayonesa, pan con dulce de guayaba y otras muchas combinaciones se convierten en el bocado más común para aguantar entre comidas o sustituir al tradicional plato de arroz, frijoles y carne.

El pan, de harina refinada, lo mismo termina en una mochila escolar para ser la merienda entre clases que sustituyendo la desabrida comida de los pacientes en los hospitales. Donde quiera que lo vendan, allá irán sus fervientes consumidores, especialmente si el precio es más bajo que el de las panaderías privadas, con recetas más elaboradas.

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