Hasta los peces están tristes en el Acuario Nacional de Cuba

Reabre este lugar de ocio, tras meses cerrado debido a la pandemia de covid, con grandes desperfectos por falta de mantenimiento

El Acuario de La Habana se ha convertido en un lugar decadente, con pasillos resbaladizos, grandes áreas cerradas al público por falta de mantenimiento y una pobre oferta gastronómica. (14ymedio)
El Acuario de La Habana se ha convertido en un lugar decadente, con pasillos resbaladizos, grandes áreas cerradas al público por falta de mantenimiento y una pobre oferta gastronómica. (14ymedio)

"Mamá, quiero ir a ver los delfines", escuchó miles de veces, a lo largo de un año, Ana Laura, madre de un niño de siete años fascinado con el espectáculo de estos animales que había visto en el Acuario Nacional de Cuba, en La Habana. Este miércoles, finalmente, se cumplió parte del sueño del pequeño, tras meses de encierro por la pandemia. Pero más que alegría, a medida que iban transitando por los estanques, un puchero se dibujaba en su rostro.

El local, que desde su fundación en 1960 ha estado dedicado al ocio y aprendizaje sobre la naturaleza marina, se ha convertido con los años y la falta de inversiones en un lugar decadente, con pasillos resbaladizos por los salideros que brotan de los acuarios empotrados en la pared, grandes áreas cerradas al público por falta de mantenimiento y una pobre oferta gastronómica.

Esta mañana, decenas de familias con niños se acercaron al local que reabrió sus puertas a inicios de este mes en dos turnos, uno en la mañana y otro en la tarde, y en los que solo se permiten un total de 150 personas. Tras el anuncio del reinicio, los deseos de volver a una instalación de la que muchos habaneros guardan gratos recuerdos, hizo a los visitantes trasladarse desde distintos municipios hasta la calle 3ra y 62, en Miramar.

El panorama que encontraron queda muy lejos de aquellas memorias de un sitio luminoso, con diversidad de especies en exposición y unas hermosas áreas pintadas de un refrescante tono azul que remedaba el color de las aguas del mar

Sin embargo, el panorama que encontraron queda muy lejos de aquellas memorias de un sitio luminoso, con diversidad de especies en exposición y unas hermosas áreas pintadas de un refrescante tono azul que remedaba el color de las aguas del mar. En lugar de eso, el Acuario "da más ganas de salir corriendo que de quedarse", a decir de un frustrado padre que llevó a sus dos hijas.

"Aquí todo está sucio, destruido y derrumbándose. Hasta los animales se ven tristes, en agua sucia, y transmiten esa tristeza a las personas", lamentaba una abuela que se había despertado entusiasmada para llevar por primera vez a su nieto al local pero, poco a poco, se arrepintió de haberle llenado la cabeza con tantas historias que no tenían nada que ver con la realidad que encontraron.

"Para poder tomar refresco hay que traer el pomo de la casa porque lo venden dispensado pero no hay ni vaso. La gente viene con los niños a usar el pequeño parque de diversiones con algunos aparatos que hay aquí dentro, pero mejor no pasar por las peceras, porque las que no están rotas están deprimentes", lamentó la mujer.

"Hay que venir con un menor de edad para que te den el ticket de compra de un paquete de pastillitas dulces, además hay que traer la jaba para poder comprarlas porque no tiene dónde echarlas", añadió la abuela. "Si viene un adulto solo y quiere comer algo, que no pierda su tiempo porque se va a ir con el estómago vacío".

"Lo único que hay para disfrutar es el momento en que alimentan a los lobos marinos, el único sitio donde nos dimos cuenta de que estábamos en un acuario. Por cierto, los animales se veían bastante hambrientos, hasta una loba marina, que se llama Aisha, se escapó porque se metió entre la gente, desesperada por comer".

"Por cierto, los animales se veían bastante hambrientos, hasta una loba marina, que se llama Aisha, se escapó porque se metió entre la gente, desesperada por comer"

Una baranda atravesada cierra el paso a un pasillo donde antes se podía disfrutar de una secuencia de peceras con morenas, cangrejos, diferentes anémonas y algunos coloridos peces que viven en las aguas alrededor de Cuba. Este miércoles, lo que se divisaba desde fuera era un suelo encharcado, unas paredes mohosas y unos cristales sucios sin ninguna vida en su interior.

Las paredes despintadas, parte del techo con huellas del daño que ha dejado la humedad y una iluminación deficiente en las galerías completaban el triste cuadro. Tres apuntalamientos de madera intentan evitar que se desprenda un pedazo de una cornisa, justo encima de la pintura que recrea a tres delfines saltando y que está a las afueras del delfinario. Frente a los puntales una loma de material de construcción sin proteger daba la impresión de una obra sin terminar de la que los constructores se habían ido hace varios días o semanas. Dentro, las gradas vacías y el espectáculo sin reiniciar debido a que "los animales han perdido el entrenamiento", según explicó una empleada.

"Le dije al niño que veníamos al Acuario y lo que menos hemos hecho es ver peces", explica otra madre con los hombros y el rostro enrojecidos de todo el sol que ha recibido en las extensas zonas del local que no tienen ningúna protección contra los rayos solares. "Por suerte trajimos nuestra propia merienda y hemos disfrutado de la brisa marina. Ahora regresamos a casa y vamos a ver cómo está el transporte".

Afuera, a pocos metros de la entrada del Acuario Nacional, decenas de personas levantaban el brazo para intentar tomar un taxi particular de regreso a su casa. Los niños esperaban sentados en las raíces de los árboles cercanos, bajo la sombra. Se contaban los detalles del columpio, la canal del parque de diversiones, además de reírse del pan con croqueta de pescado de la cafetería. Ni una palabra sobre los peces que tanto habían querido ver.

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