Las cuatro plagas de Santiago de Cuba

Además del covid, la ciudad sufre embates de dengue, sarna y piojos

Durante horas, en los portales y a la luz del sol, las madres se dedican a la erradicación manual de los piojos que invaden las cabelleras de sus familiares. (El Mundo)
Durante horas, en los portales y a la luz del sol, las madres se dedican a la erradicación manual de los piojos que invaden las cabelleras de sus familiares. (El Mundo)

El covid-19 no es la única epidemia que sufre la ciudad de Santiago de Cuba. Las cifras de dengue han aumentado tanto que ni siquiera la prensa oficial puede ocultarlas. Este sábado, Sierra Maestra reportaba que existe en la ciudad oriental una " amplia transmisión de dengue en tres de los nueve municipios". La mayoría de los casos se concentran en la cabecera provincial y en los municipios de Palma, San Luis y Contramaestre.

Uno de ellos es el de Antonio, un maestro de primaria de 22 años. "La semana pasada me empecé a sentir mal, me dio fiebre el día entero y terminé en el Hospital Provincial, yo tenía miedo y pensaba que tenía coronavirus. Me diagnosticaron dengue, que por suerte no era hemorrágico".

Al joven le decretaron ingreso domiciliario durante siete días. "El problema es que me recetaron polivitaminas, como el Polivit, también ácido fólico y mucho líquido, sobre todo zumos de limón y de cítrico en general". Antonio lo llama problema porque, en efecto, una libra de limones cuesta 40 pesos y las polivitaminas están desaparecidas de las farmacias. "Lo único que pude conseguir fue ácido fólico, y lo encontré en el mercado negro: a 150 pesos un blíster de 10 pastillas".

La situación en Santiago de Cuba se debe, principalmente, al déficit de recursos contra el mosquito Aedes aegypti, pero también al aumento de basureros y salideros de aguas

La situación en Santiago de Cuba se debe, principalmente, al déficit de recursos contra el mosquito Aedes aegypti, pero también al aumento de basureros y salideros de aguas, que, además, añade otras dos enfermedades a la lista de plagas que padece la ciudad: la sarna y los piojos.

"Todos en mi casa estamos sufriendo lo mismo", cuenta Maritza, un ama de casa santiaguera de 47 años, acerca de la picazón que padecen ella y los nueve miembros de su familia, que se hace insoportable de noche, con el calor. "Cuando fuimos al médico nos dijeron que era escabiosis (sarna), pero que en las farmacias no había el medicamento".

La escabiosis o sarna no es mortífera como el covid o, en algunos casos, el dengue hemorrágico, pero es muy molesta.

Los que están peor, asegura Maritza mientras se rasca el brazo derecho, son dos niños y dos adultos mayores, "que se desesperan de la comezón". Su doctora les recetó benzoato de bencilo, a pesar de que la medicina no se encuentra en ningún lado.

Así, han tenido que recurrir a soluciones alternativas. "Nos hemos bañado con montones de hojas, entre ellas la de guayaba, isora, ciruela y nada ha dado resultado". Nada, salvo un remedio que les proporcionó un veterinario: un antiparasitario que se usa en animales. "Un pomito de unos 10 mililitros nos costó 50 pesos y con esto estamos resolviendo". Del pomo disuelto en una bala de agua (una botella de litro y medio), la familia echa una tapita al cubo del agua con la que se van a bañar. "A los niños casi se les ha quitado la ardentía y yo he mejorado bastante".

La permetrina, que se usa también contra la sarna, está desaparecida de las farmacias estatales, y en el mercado negro está por las nubes

Maritza ya ha compartido más de la mitad de la botella en su barrio: "En la cuadra, la mayoría de los vecinos estaban igual".

A Juana, por su parte, la mortifican los piojos. Se contagió mientras pintaba uñas. Con ese tipo de servicios compensa esta santiaguera, estomatóloga de profesión, la difícil situación económica. "Como estoy trabajando dos veces a la semana en servicios de urgencias, el resto del tiempo lo dedico a arreglar uñas". Cómo iba a imaginar que se contagiaría de pediculosis. "Después de una segunda infección, ya me protejo la cabeza usando una jabita de nailon cuando tengo alguna clienta".

El tratamiento, lamenta, le sale carísimo. La permetrina, que se usa también contra la sarna, está desaparecida de las farmacias estatales, y en el mercado negro está por las nubes. "En estos días, 1 mililitro de permetrina (menos de una cucharada) está costando 20 pesos, y para un ciclo completo yo necesito por lo menos 6 mililitros". A eso le suma el champú, el suavizante y otros productos del cabello, con lo que el tratamiento, en total, supera los 1.000 pesos, una buena parte de su salario mensual.

A falta de los productos para combatir la indeseable plaga, los santiagueros optan por detectar las liendres y extraerlas, a la vieja usanza, una labor que no solo lleva buena vista y un peine de dientes apretados sino también paciencia. Durante horas, en los portales y a la luz del sol, las madres se dedican a la erradicación manual de los piojos que invaden las cabelleras de sus familiares.

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