Poco a poco, los reclutas del Ejército Juvenil del Trabajo han desaparecido del paisaje cubano

Cuba

El éxodo y la crisis económica han acabado con el modelo productivo creado por Raúl Castro

En un país donde el ferrocarril atraviesa una crisis crónica, la ausencia del EJT ha dejado un vacío difícil de llenar.
En un país donde el ferrocarril atraviesa una crisis crónica, la ausencia del EJT ha dejado un vacío difícil de llenar. / Trabajadores / Archivo
Natalia López Moya

26 de marzo 2026 - 06:21

La Habana/Durante décadas, para muchas familias cubanas, escuchar que un hijo había sido asignado al Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) equivalía a un suspiro de alivio. No iría a una unidad de combate ni a un puesto de guardia en una frontera remota, sino a sembrar boniatos, reparar un tramo de vía férrea o fumigar contra mosquitos en un barrio habanero. Era, dentro del rígido sistema del servicio militar activo, la opción menos temida. Hoy, sin embargo, ese destino parece haberse evaporado. El EJT, una de las estructuras más visibles del engranaje productivo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), ha ido perdiendo presencia hasta convertirse en una sombra de lo que fue.

El declive no ha sido anunciado con discursos ni reconocido en informes oficiales. Ha ocurrido, como tantas transformaciones en la Cuba contemporánea, a golpe de silencios y de ausencias. Los uniformes beige con botas embarradas ya no se ven en los campos cercanos a La Habana ni en los barrios donde antes los jóvenes reclutas tocaban a las puertas para revisar depósitos de agua en busca de larvas del mosquito Aedes aegypti. Tampoco aparecen en las cuadrillas que durante años remendaban líneas férreas en un país donde la mejoría del ferrocarril sigue siendo una promesa incumplida.

"Antes los veías por todos lados, ahora no queda casi ninguno", resume a 14ymedio Ernesto Valdés, un jubilado que vive cerca del antiguo mercado del EJT en la calle Tulipán, en el municipio de Plaza de la Revolución. A sus 72 años, recuerda cuando ese establecimiento abrió sus puertas con la promesa de ofrecer viandas y vegetales a precios más baratos que los particulares y cultivados en tierras administradas por la propia institución militar. "Venían camiones con yuca, malanga, plátanos. No siempre había mucho, pero al menos los pobres podíamos comprar", añade.

"Venían camiones con yuca, malanga, plátanos. No siempre había mucho, pero al menos los pobres podíamos comprar", añade

Hoy, el panorama es otro. El mercado de Tulipán ha pasado, sin anuncios oficiales ni ceremonias de traspaso, a manos privadas. Los puestos ubicados en toda el área venden carne de cerdo importada, cerveza enlatada y paquetes de productos procesados. La presencia militar prácticamente ha desaparecido. La escena simboliza un cambio profundo: la retirada silenciosa de una institución que durante décadas representó el intento del Estado cubano de militarizar la producción agrícola.

Los precios subsidiados que garantizaba aquel modelo son también cosa del pasado. En Tulipán, esta semana un cartón con 30 huevos alcanzó los 2.900 pesos, casi la pensión media mensual que recibe un jubilado en la Isla. Con la zanahoria a 350 la libra y el lomo de cerdo a 1.200, nada queda de aquel lema raulista de que "los frijoles son más importantes que los cañones". Al menos en ese mercado, los frijoles son traídos de México o Estados Unidos y superan los 300 pesos la libra. Algo similar ocurre con el mercado de 17 y K en El Vedado.

El Ejército Juvenil del Trabajo nació en agosto de 1973, en plena era de las movilizaciones masivas hacia el campo y el corte de caña. Su creación respondió a una lógica política y económica: utilizar la disciplina militar para garantizar la producción de alimentos y la ejecución de obras estratégicas. Bajo la dirección de las FAR, el EJT se convirtió en una pieza clave del modelo productivo impulsado por Raúl Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas y más tarde presidente del país.

Cuando en 2008, Castro asumió formalmente la presidencia, el EJT fue presentado como parte de la solución para llevar más alimentos a los platos cubanos. Sus militares y reclutas estaban por todas partes. El discurso oficial oponía aquellos imberbes soldados que trabajaban de sol a sol por un mísero salario, a los campesinos particulares que ponían sus productos en mano de los intermediarios que sumaban dígitos a unos precios que, ya para ese entonces, iban en ascenso. 

Durante años, las unidades del EJT se extendieron por todo el territorio nacional. Cultivaban arroz en los llanos de Camagüey, producían hortalizas en las periferias urbanas y mantenían brigadas dedicadas al saneamiento. En los barrios, la presencia de los jóvenes reclutas era cotidiana. Tocaban a las puertas con una libreta en la mano, revisaban tanques de agua y aplicaban larvicidas. Su labor formaba parte de una estrategia sanitaria que combinaba vigilancia epidemiológica y disciplina militar.

Tocaban a las puertas con una libreta en la mano, revisaban tanques de agua y aplicaban larvicidas. Su labor formaba parte de una estrategia sanitaria que combinaba vigilancia epidemiológica y disciplina militar

Pero ese engranaje comenzó a desgastarse con la misma velocidad con que se deterioraba la economía nacional. La falta de combustible, la baja natalidad y el éxodo masivo han golpeado con especial fuerzaal servicio militar, dejando unidades incompletas y campos sin manos para trabajar.

"En mi tiempo había que buscarse algún contacto para entrar al EJT y no terminar en el verde de verdad, botado en un albergue militar de los más duros", recuerda Marlon Hernández, un mecánico de 38 años que cumplió el servicio en una unidad agrícola en Artemisa. "Los padres hacían gestiones para que los muchachos no fueran a unidades de combate".

Ese déficit humano se refleja en la desaparición progresiva de las brigadas de mantenimiento ferroviario. En un país donde el ferrocarril atraviesa una crisis crónica, la ausencia del EJT ha dejado un vacío difícil de llenar. Las vías deterioradas y los trenes fuera de servicio se han convertido en un símbolo del abandono de infraestructuras que durante décadas dependieron de la mano de obra militar. Sin el "ordeno y mando", contratar trabajadores para esas duras tareas es prácticamente imposible con los bajos salarios que hoy puede pagar el Estado.

La retirada también se percibe en la campaña antivectorial. Durante años, la lucha contra el mosquito transmisor del dengue y otras enfermedades fue una de las tareas más visibles del EJT. Hoy, esa presencia se ha diluido. En barrios de Centro Habana y Diez de Octubre, los vecinos aseguran que hace años no ven a los inspectores uniformados.

"Antes venían cada semana, ahora nadie aparece", comenta María del Carmen Padrón, una enfermera jubilada. "El mosquito sigue ahí, pero los muchachos del EJT ya no".

El debilitamiento de la entidad coincide con un cambio más amplio en el modelo económico y militar del país. La apuesta del raulismo por la militarización de la producción agrícola, una idea que pretendía combinar disciplina castrense y eficiencia, ha demostrado sus límites. Las unidades del EJT, que alguna vez fueron presentadas como ejemplo de organización, se han visto atrapadas en la misma crisis estructural que afecta al resto del sector agrícola.

La apuesta del raulismo por la militarización de la producción agrícola, una idea que pretendía combinar disciplina castrense y eficiencia, ha demostrado sus límites

La pérdida de relevancia de la institución también refleja una transformación demográfica. Cuba envejece y se vacía de jóvenes. La emigración sostenida ha reducido la base de reclutamiento del servicio militar, obligando a las autoridades a reorganizar unidades y reducir operaciones. En ese contexto, el EJT ha sido una de las tantas víctimas.

En zonas rurales, muchos de los antiguos campamentos del EJT permanecen en silencio, según una fuente militar que, bajo condición de anonimato, confirmó su declive a este diario. "Es un problema incluso para los oficiales porque cuando teníamos más reclutas los recursos fluían para estos lugares". Las barracas se deterioran bajo el sol y la lluvia, y los terrenos que antes producían alimentos están cubiertos de malas hierbas. La imagen resume una historia de ambiciones frustradas y promesas incumplidas.

"La ventaja era que nuestros reclutas podían ir y regresar a su casa cada día cuando eran de aquí de La Habana", detalla la misma fuente. "Casi ninguno se quedaba a dormir en el albergue y eso dejaba un excedente de alimentos en el comedor, pero ahora ni siquiera nos están llegando esos suministros".

La caída en picada del EJT refleja la erosión de una estructura que fue concebida como símbolo de disciplina y autosuficiencia, pero que terminó sucumbiendo ante la misma crisis que pretendía resolver.

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