En la procesión de Viernes Santo en Guanabacoa cada cubano cargó su propia cruz

Cuba

La ceremonia religiosa dejó ver también el peso de la vida en la Isla

La procesión no borra la persecución religiosa que marcó buena parte de la historia reciente del país.
La procesión no borra la persecución religiosa que marcó buena parte de la historia reciente del país. / 14ymedio
Darío Hernández

03 de abril 2026 - 17:35

La Habana/Bajo el sol de Viernes Santo, entre viejas columnas y vecinos devotos o simplemente curiosos, la procesión de la parroquia Nuestra Señora de la Asunción volvió a abrirse paso por las calles de Guanabacoa. La imagen de Jesús, llevada en hombros, avanzó precedida por los músicos y rodeada por decenas de creyentes. El viacrucis transcurrió despacio, con la gravedad de una ceremonia que vuelve a ocupar el espacio público, pero sin olvidar los años en que estuvo arrinconada, vigilada y reducida al interior de los templos.

Había niños vestidos como centuriones romanos, como habitantes de la antigua Judea o como las mujeres que acompañaron a Jesús en el camino al Calvario. A su alrededor, una multitud parecía moverse entre la devoción, la costumbre y la memoria, en el contexto de una de las barriadas más pobres de La Habana. 

Los niños cargaban símbolos de hace dos mil años en un país donde las estaciones del calvario encuentran paralelismos demasiado nítidos.
Los niños cargaban símbolos de hace dos mil años en un país donde las estaciones del calvario encuentran paralelismos demasiado nítidos. / 14ymedio

Los niños cargaban símbolos de hace dos mil años en un país donde las estaciones del calvario encuentran paralelismos demasiado nítidos. La cruz ya no es solo la del Gólgota. Es también la que cada cubano lleva sobre sus hombros. En el Evangelio, la Pasión está hecha de azotes, burlas, condenas y silencio cómplice. En la Isla, la pasión cotidiana adopta las formas del miedo, la represión selectiva, el éxodo y, sobre todo, el sacrificio perpetuo.

Hace más de diez años que esta procesión se ha vuelto a realizar como parte de la Semana Santa en Guanabacoa. Para muchos puede parecer una tradición ya asentada. Pero en Cuba, donde el poder político se empeñó durante décadas en expulsar a Dios del espacio público, cada expresión pública de espiritualidad ha debido abrirse paso frente a la intolerancia y el ateísmo institucional.

Durante décadas, escenas como la de este viernes en Guanabacoa estuvieron prohibidas. Desde los sesenta, el Estado cubano cerró el paso a las manifestaciones religiosas públicas, confinó la fe al interior de los templos y dejó las calles reservadas para los desfiles ideológicos, las consignas y la liturgia revolucionaria. La religión debía practicarse en voz baja, sin campanas y sin imágenes sagradas recorriendo la ciudad.

Durante años, escenas como la de este viernes en Guanabacoa estuvieron prohibidas.
Durante años, escenas como la de este viernes en Guanabacoa estuvieron prohibidas. / 14ymedio

La ofensiva fue feroz. Hubo expulsión de sacerdotes, confiscación de colegios religiosos, presión sobre los creyentes, vigilancia, discriminación laboral y exclusión de quienes profesaban una fe. Ser católico practicante, o simplemente creyente, podía cerrarte puertas en la universidad, en un empleo estatal o en cualquier aspiración de ascenso social.

Por eso resulta engañoso mirar hoy una procesión y creer que siempre estuvo ahí, al alcance de todos, como una postal pintoresca más de la ciudad. En Cuba, sacar una imagen religiosa a la calle fue durante décadas un gesto vedado por el poder, incluso tener un cuadro del Sagrado Corazón en la sala hogareña podía acarrear muchos problemas. La normalidad que ahora se intenta exhibir llegó después de una larga anormalidad hecha de prohibiciones, amenazas y castigos.

Mientras la procesión recuerda a un inocente condenado, el Gobierno cubano acaba de anunciar la liberación de 2.010 presos como “un gesto” por Semana Santa. Las primeras excarcelaciones observadas corresponden a reos comunes y, hasta ahora, no hay confirmación de liberaciones de presos políticos o de conciencia. El régimen, como de costumbre, ni siquiera admite que existan. “Han soltado a Barrabás”, murmuran algunos, pero no han liberado a los crucificados por disentir.

La procesión de Guanabacoa avanza, además, por un territorio cargado de capas espirituales.
La procesión de Guanabacoa avanza, además, por un territorio cargado de capas espirituales. / 14ymedio

La procesión de Guanabacoa avanza, además, por un territorio cargado de capas espirituales. En ese municipio donde conviven el catolicismo, la religiosidad popular y los cultos afrocubanos, la calle tiene una resonancia especial. Aquí la fe no es un asunto abstracto, sino una práctica visible, mestiza, sobreviviente. Quizás por eso mismo el control estatal sobre lo religioso necesitó ser tan severo: porque toda espiritualidad autónoma representa, en el fondo, una forma de libertad.

La procesión no borra la persecución religiosa que marcó buena parte de la historia reciente del país. Tampoco corrige, por sí sola, décadas de hostilidad oficial hacia quienes se negaron a cambiar la fe por el marxismo. Apenas recuerda, con la fuerza serena de los ritos, que hubo un tiempo en que esto era impensable. Y que ese tiempo no pertenece por completo al pasado, porque quienes la prohibieron y persiguieron todavía conservan el poder.

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