"No puedo despacharle porque usted está reportado como muerto"

Libretas anuladas o duplicadas por errores en la digitalización del registro de consumidores

"Fui a la Oficoda y me repitieron que en el registro que llevan mi libreta estaba circulada por el motivo 1 y es que yo aparecía como muerto". (14ymedio)
"Fui a la Oficoda y me repitieron que en el registro que llevan mi libreta estaba circulada por el motivo 1 y es que yo aparecía como muerto". (14ymedio)

Ricardo, de 75 años, se levantó con mucho ánimo aquella mañana sin imaginar la sorpresa nada agradable que le esperaba en la bodega donde llegó para comprar la cuota del racionamiento de noviembre: "No puedo despacharle porque usted está reportado como muerto", le explicó el empleado después de recibir la libreta.

Tres días y muchos trámites después, este jubilado habanero pudo demostrar que seguía vivo.

El bodeguero le explicó que debía ir a la Oficina del Registro del Consumidor (Oficoda) con su carné de identidad, su libreta de racionamiento y alguna evidencia de que no había fallecido. La escena parecía salida de la comedia negra La muerte de un burócrata (1966), pero en lugar de suceder en la pantalla de un cine tenía lugar en La Habana de 2022.

"Fui a la Oficoda y me repitieron que en el registro que llevan mi libreta estaba circulada por el motivo 1 y es que yo aparecía como muerto", cuenta Ricardo a 14ymedio. "Era una situación muy absurda, porque cómo se puede demostrar que uno está vivo, como no sea llegar caminando ante una funcionaria, hablar y hacer preguntas", ironiza. "Al final me acerqué y le pregunté a la mujer ¿usted me siente olor a muerto?".

Más allá de las bromas de Ricardo, subsanar el error le llevó bastante tiempo, papeleo y tener que aplazar la compra de su cuota de arroz, granos y otros productos racionados. "Mientras estaba en la Oficoda llegaron como tres personas más en la misma situación. Dos estaban dadas por fallecidas y la otra como emigrada", detalla.

Más allá de las bromas de Ricardo, subsanar el error le llevó bastante tiempo, papeleo y tener que aplazar la compra de su cuota de arroz, granos y otros productos racionados

En 2018 comenzó el proceso de digitalización de datos en las Oficoda. Aunque inicialmente las autoridades del sector plantearon esta informatización como una posibilidad de agilizar y mejorar los trámites que se prestan a la ciudadanía, en realidad su objetivo fundamental era detectar los casos de personas fallecidas o que están por largo tiempo en el extranjero y cuyos familiares siguen comprando los alimentos racionados que les corresponden.

La obligación de dar de baja de la libreta de racionamiento a los muertos o emigrados no es algo tan novedoso. En la Resolución 78 del Ministerio de Comercio Interior, de 1991, se impone esa trámite para los recluidos en centros penitenciarios, hogares de ancianos, hospitalizados de forma permanente o residentes en el extranjero por más de tres meses y tienen un plazo de entre 10 y 60 días para ser dados de baja de la libreta del racionamiento.

Pero la normativa apenas se aplicó durante décadas, lo que contribuyó a la existencia de miles y miles de "consumidores fantasmas". Solo en 2021, en la provincia de Ciego de Ávila, 15.000 de los 437.000 consumidores registrados ya no residían en el país, según datos de la Dirección de Identificación, Inmigración y Extranjería difundidos por la prensa oficial. El fenómeno se extiende por toda la Isla y ha aumentado con el éxodo masivo de los últimos meses.

Con la crisis económica y la falta de liquidez que sufre Cuba para comprar productos en el extranjero, las Oficoda han hecho más estrictas las pesquisas para detectar a estos consumidores fantasmas. La digitalización de su registro debería contribuir a esa práctica pero los errores, el dejarse llevar por informaciones no comprobadas que aportan bodegueros u otros consumidores, junto a la corrupción, han dejado un amplio margen a las irregularidades.

"Fui a hacer un trámite a la Oficoda y cuando introdujeron los datos de mi núcleo familiar detectaron que había un duplicado de mi libreta"

"Duplicaron mi libreta de racionamiento", comenta a este diario Ángela, residente en la barriada habanera de Luyanó. "Fui a hacer un trámite a la Oficoda y cuando introdujeron los datos de mi núcleo familiar detectaron que había un duplicado de mi libreta". Hasta ese momento, otra persona había estado comprando el pan y otros productos normados que correspondían a Ángela y sus parientes más cercanos, pero nadie lo había detectado.

"Yo no tengo una fotocopiadora en mi casa para duplicar la libreta, ¿quién hizo eso?", reclamó con indignación la mujer. Pero el empleado de la Oficoda respondió con vaguedad: "Debe de haber sido un error en la digitalización del registro". Durante la hora y media en que Ángela permaneció en el local para enmendar el problema, al menos llegaron dos consumidores más con problemas similares. A todos se les respondió con el argumento de la informatización de los datos.

Duplicar una libreta de racionamiento o hacer desaparecer a un consumidor porque presuntamente falleció no es pura formalidad, se convierte en un quebradero de cabeza para las víctimas. Este documento, que acompaña a los cubanos desde el lejano 1962, ha ganado protagonismo en el comercio estatal en los últimos años. En lugar de desaparecer, como auguraban los más optimistas, ahora resulta indispensable presentarlo para comprar productos que hasta hace poco se vendían de manera liberada.

"Aparecer como muerto no solo me impide comprar el arroz o el café normado, sino que me limita para comprar un paquete de cuartos de pollo o un poco de detergente en polvo", advierte Ricardo. Desde aquella mañana aciaga, cada vez que se despierta se mira bien, se toca el pecho, respira y se dice con alivio: "Estoy vivo y espero que la Oficoda también lo sepa".

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