De la resistencia creativa al parche desesperado

Una improvisada banda de tela ayuda a los contenedores a echar la basura dentro del camión

"Muchos contenedores han perdido el enganche y tuvimos que ponernos para hacer algo porque sino era más trabajo para nosotros". (14ymedio)
"Muchos contenedores han perdido el enganche y tuvimos que ponernos para hacer algo porque sino era más trabajo para nosotros". (14ymedio)

El traqueteo del camión de Servicios Comunales hace que la gente suba a la acera y dé paso al coloso. Dos hombres se bajan y empujan un contenedor de basura rajado por los costados. Entre moscas y gritos, los clientes que aguardan para comprar en la Plaza de Carlos III ven al depósito elevarse, abrazado por una improvisada banda de tela y soltar los desperdicios dentro del camión. "¡Tremendo invento!", ironiza uno. "Esa es la resistencia creativa de la que habla Díaz-Canel", se burla otro.

El truco tiene más de desespero que de artificio. "Muchos contenedores han perdido el enganche y tuvimos que ponernos para hacer algo porque sino era más trabajo para nosotros", lamenta uno de los trabajadores de la empresa estatal que lleva encima una de estas bandas para cuando la necesite. "Sin esto, parte de la basura nos cae arriba cuando izamos el contenedor o tendríamos que usar palas para echarla en el camión. Nadie quiere trabajar en esta condiciones pero es lo que hay".

Durante décadas, las autoridades cubanas han alardeado de los logros de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (Anir), una entidad que busca solucionar con inventiva los problemas de abastecimiento de piezas de repuesto. Pero detrás de los elogios, cuando un empleado sustituye un engranaje de importación por otro hecho en un torno nacional o repara una compleja maquinaria extranjera con alambres y viejos tubos, hay más de desesperación que de ingenio.

"Primero tuvimos que inventar un soyuz (acople) para poder usar los camiones de basura que donó Japón con estos contenedores porque no eran compatibles"

"Primero tuvimos que inventar un soyuz (acople) para poder usar los camiones de basura que donó Japón con estos contenedores porque no eran compatibles", explica a 14ymedio Walfrido, ex chofer de un camión de recogida de basuras. En abril pasado, el trabajador estatal fue tajante cuando definió a los azulitos: "No son malos, son malísimos". Pasados los meses, el original soyuz ya no servía para nada porque, en la mayoría de los casos, el mecanismo de enganche de los depósitos se rompió.

Cuando hace unos años los azulitos comenzaron a aparecer en las esquinas habaneras, tenían ese aire de novedad que le hizo creer a muchos que se iba a resolver el problema de la basura en la capital cubana. Pero la mala calidad de estos depósitos de desechos pronto comenzó a notarse y se combinó, fatalmente con el pillaje del que siempre han sido objeto sus primos menos coloridos pero que también han terminado despedazados o desaparecidos en las calles de la Isla.

"Pagan mal, el sueldo no alcanza para casi nada y las condiciones de trabajo son muy difíciles pero si no se cumple la norma diaria entonces se cobra mucho menos", detalla Walfrido. "Ahora se está inventando con una banda, mañana habrá que utilizar otra cosa y llegará el día en que se recogerá con bulldozer la basura en toda La Habana si la cosa sigue así", lamenta. Mientras la "creatividad" la ponen los empleados de Comunales, la resistencia le toca a los residentes de la ciudad que tendrán que convivir con más montañas de desperdicios.

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