Una reunión para recuperar la pesca provoca una oleada de críticas en Gibara
Pesca
“A los mandamases les dejó de importar la pesca y se pusieron para los hoteles. Ahora no tienen ni turistas ni pescado”
La Habana/En Gibara, una ciudad que sobrevive de cara al mar, el pescado se ha convertido en un lujo para muchos de sus habitantes. Los vecinos recuerdan los tiempos en que los camiones salían del muelle cargados de capturas frescas para distribuirlas en las carnicerías. Hoy, según denuncian, entre las embarcaciones abandonadas, el combustible por las nubes y las restricciones a los pescadores, conseguir un pescado para la comida familiar puede ser una aventura costosa. Por eso, cuando las autoridades municipales anunciaron este lunes una reunión con el sector para “fortalecer la producción pesquera”, la reacción en las redes sociales estuvo lejos del entusiasmo.
Un holguinero con familiares en Gibara explica a 14ymedio que el problema va mucho más allá de la falta de combustible. “Allí la gente para ver un pescado en su plato tiene que pagar caro porque a los pescadores les han cerrado el cuadro por todos lados”, asegura. Según su testimonio, los controles, las multas y las entregas obligatorias a los canales oficiales dejan muy poco margen para el autoconsumo y la venta directa a la población.
“Comprar un palangre, un anzuelo y hasta reparar un bote ya es algo que solo pueden hacer los pescadores con más recursos”, lamenta. La fuente sostiene que el cierre de la antigua cooperativa pesquera agravó la situación de las familias que tradicionalmente vivían de esa actividad.
Rafael Márquez ironizó con que los vecinos tendrán que esperar hasta que “el pescado eche plumas”
En los comentarios de la publicación oficialista de Gibaravisión, al recordar que se han celebrado numerosos encuentros semejantes, la tónica era similar a la fuente de este diario: “Seguimos sin pescado”, escribió por ejemplo Merlins Pérez. El medio estatal había presentado la reunión, celebrada el 19 de octubre, como “un espacio para compartir ideas, expresar inquietudes y fortalecer la producción pesquera del territorio”. Sin embargo, evitaron precisar cuáles eran esas inquietudes, qué reclamaron los pescadores ni qué soluciones ofrecieron los dirigentes locales.
“¿Y qué resultados dio el encuentro para mejorar la alimentación de la comunidad y la atención a ese sector tan ligado a la identidad gibareña?”, preguntó Jorge Barciela. Otros internautas fueron menos diplomáticos. Michel Ortega Bauta preguntó cuándo volvería a haber pescado en Gibara, mientras Rafael Márquez ironizó con que los vecinos tendrán que esperar hasta que “el pescado eche plumas”.
Una de las principales instalaciones históricas del sector fue el establecimiento Luis Hernández Hernández, perteneciente a la empresa estatal Pescahol, pero conocido popularmente como la cooperativa de pesca. Un reportaje publicado en 1978 por la revista Mar y Pesca documentaba que aquella instalación contaba con 138 trabajadores, de los cuales 95 se dedicaban directamente a las faenas, y disponía de 19 embarcaciones.
La pesca privada también tuvo un peso importante en la economía local. Según una investigación de IPS de julio de 2019, la Base de Pesca Deportiva Pepín Infante agrupaba entonces a 272 pescadores y 53 embarcaciones, de ellas 23 motorizadas. Los trabajadores estaban obligados a vender una parte de sus capturas al Estado, mientras podían destinar el resto al autoconsumo o a la comercialización.
Un gibareño asegura que necesitan “más papeles que para salir del país” y que salir a pescar puede exigir una inversión de hasta un millón de pesos
Precisamente, el estado de los barcos aparece entre las preocupaciones expresadas por los vecinos. Omar Córdova Ferraz denuncia que una embarcación permanece abandonada en el muelle de la base pesquera del Gobierno y asegura que otras 31 han desaparecido. El comentarista también describe las dificultades de quienes todavía intentan ganarse la vida en el mar: asegura que necesitan “más papeles que para salir del país” y que salir a pescar puede exigir una inversión de hasta un millón de pesos, sin recibir ayuda gubernamental.
Las quejas no son nuevas. En abril de 2025, otro reportaje de la agencia IPS recogió testimonios de pescadores gibareños que denunciaban llevar aproximadamente un año sin recibir el combustible subsidiado que antes les proporcionaba el Estado. Obligados a adquirirlo muchas veces en el mercado informal, debían afrontar gastos cada vez mayores mientras el Gobierno local establecía topes a los precios de venta del pescado.
“Topan el precio del pescado, pero el del combustible no baja a un precio módico”, explicaba entonces Frank, uno de los entrevistados. El problema se agravaba por las características de la actividad en Gibara, donde los pescadores debían recorrer varias millas mar adentro y regresar en menos de 36 horas. Una jornada de escasas capturas podía terminar convirtiéndose en una deuda.
La localidad consiguió atraer visitantes gracias a sus hoteles, su patrimonio arquitectónico y el Festival Internacional de Cine Pobre, pero la crisis del turismo cubano también ha afectado a ese sector
En los comentarios a la reciente reunión también aparecen propuestas para cambiar el modelo de gestión. Rigoberto Rubio pide privatizar la pesca o permitir que las mipymes se hagan cargo de las embarcaciones. Luis Orlando Martínez reclama mayores facilidades para importar botes y barcos, como las que, a su juicio, existen para otros vehículos. Edir Pérez Mayo, por su parte, recuerda cuando los camiones distribuían las capturas por las carnicerías y “todo el pueblo comía un pedacito de pescado fresco”.
Gabriel Santos plantea otra preocupación: el destino de las cojinúas (una especie de jurel) capturadas en los corrales pesqueros y el posible daño a las poblaciones de peces por el tamaño de las mallas y la falta de respeto a los períodos reproductivos. Sus denuncias apuntan a la necesidad de conocer tanto el destino comercial de las capturas como las condiciones en que se realizan.
Mientras tanto, el Gobierno municipal insiste en la importancia de “escuchar, dialogar y construir juntos”. La publicación oficial no detalla acuerdos, plazos ni compromisos para recuperar la producción. Tampoco aclara si se facilitará combustible, se repararán embarcaciones o se modificarán las condiciones de comercialización.
Para el holguinero consultado por este diario, el deterioro de la pesca está relacionado con las prioridades económicas de las autoridades, que durante años apostaron por convertir Gibara en un destino turístico. La localidad consiguió atraer visitantes gracias a sus hoteles, su patrimonio arquitectónico y el Festival Internacional de Cine Pobre, pero la crisis del turismo cubano también ha afectado a ese sector.
“A los mandamases de Gibara les dejó de importar la pesca y se pusieron para los hoteles y el turismo”, sentencia la fuente. “Ahora no tienen ni turistas ni pescado”.