En San José de las Lajas la gasolina se volvió un rumor

Combustible

Taxistas y motoristas sobreviven entre promesas incumplidas y largos días sin suministro

La gasolinera está abierta, lo que no hay es combustible.
La gasolinera está abierta, lo que no hay es combustible. / 14ymedio
Julio César Contreras

31 de enero 2026 - 08:51

San José de las Lajas (Mayabeque)/Con apenas cinco litros de gasolina en el tanque de su vehículo, Yasmany lleva dos días durmiendo a medias y mirando el teléfono cada pocos minutos. El turno para comprar combustible lo tiene "asignado" en la aplicación Ticket desde el domingo en el servicentro San José, conocido en el pueblo como el Oro Negro, pero la promesa de que "hoy sí entra el camión" se ha ido diluyendo con cada amanecer. La orden ejecutiva de Donald Trump, anunciada este jueves, ha avivado sus peores pesadillas.

"Desde antier están con lo mismo. Lo único que llega aquí son más carros y más motores", dice el taxista, apoyado en la puerta de su almendrón, mientras calcula cuántos viajes dejó de hacer esta semana y cuánto dinero dejó de entrar en la casa. "Ahora con esto de que pondrán aranceles a los que vendan petróleo a Cuba no sé si podré finalmente alcanzar unos litros algún día".

A primera vista, la escena frente a la gasolinera parece repetirse sin cambios: autos parqueados en doble fila, motocicletas recostadas a los surtidores apagados, hombres sentados o de pie, con los brazos cruzados, mirando la pista vacía. La gasolinera está abierta, lo que no hay es combustible. Sin embargo, basta con que corra el rumor de que "viene la pipa" para que el lugar se llene como si fuera un día de abastecimiento seguro. "Aquí hay carros porque alguien avisó. A veces los propios empleados se quedan con números de teléfono y llaman a ciertos choferes. Después viene la propina", comenta Yasmany sin bajar la voz, convencido de que, una vez más, solo los dispuestos a pagar por fuera podrán comprar algo.

"Da igual que sea en pesos o en dólares, si no hay electricidad no se despacha nada".
"Da igual que sea en pesos o en dólares, si no hay electricidad no se despacha nada". / 14ymedio

La tarde cae sobre San José de las Lajas con una luz rojiza que alarga las sombras de los surtidores y acentúa el cansancio de los que esperan. El problema ya no es solo si llega o no el combustible, sino si habrá corriente cuando eso ocurra. "Da igual que sea en pesos o en dólares, si no hay electricidad no se despacha nada", resume Carlos, sentado sobre su moto MZ, con el casco colgado del manubrio.  

Carlos cuenta que en la calle el litro de gasolina ya supera, en algunos casos, los 1.000 pesos. Y aun así no está garantizado. "Antes de pagarle 1.500 pesos a alguien para que me haga la cola aquí, prefiero comprar directamente al que tenga, aunque me vea obligado a recorrer medio pueblo", explica. La frase se repite entre los motoristas, los taxistas privados y los dueños de carros viejos adaptados con piezas de todo tipo. Mantener un vehículo en circulación se ha vuelto un acto de resistencia diaria. "Si esto sigue así, voy a tener que parquear la motorina o venderla. Y vender ahora es perder", admite.

Frente a la ventanilla de expendio, varios choferes intentan arrancarle una respuesta concreta a los empleados del servicentro. Nadie sabe nada. Nadie confirma ni desmiente. "Ayer fue la misma historia", recuerda Roberto, propietario de un Chevrolet de los años 50. "Me pasé el día entero aquí, esperando a un camión que nunca apareció". La indignación se mezcla con el cansancio. Algunos se sientan en la acera y otros conversan entre ellos.

"El camión cisterna es como un fantasma. Nadie sabe el día ni la hora en que aparece".
"El camión cisterna es como un fantasma. Nadie sabe el día ni la hora en que aparece". / 14ymedio

A pocos metros, un taxi amarillo permanece estacionado, el chofer recostado al capó, mirando el teléfono sin demasiada fe. Un motorista entra, pregunta, sale. Otro conductor de un carro arranca cansado de esperar y se va en busca de algún vendedor ilegal que le resuelva aunque sea unos litros.

La esperanza de algunos es conseguir gasolina en La Habana. La capital cubana, siempre privilegiada en el suministro, también vive semanas de estrecheces en el suministro petrolero pero "siempre se puede encontrar lo que aquí no hay", advierte un conductor. "Cuando aquí no quede ni una gota y todo San José de las Lajas esté paralizado, todavía por allá habrá como llenar el tanque".

La escasez, reconocen muchos, no tendrá solución a corto plazo, pero lamenta la pésima información. "El camión cisterna es como un fantasma", ironiza Roberto. "Nadie sabe el día ni la hora en que aparece". Mientras tanto, San José de las Lajas se organiza alrededor del rumor, del aviso de última hora, del favor pagado y del mercado informal que fija precios sin freno. En la pista del Oro Negro, el combustible sigue siendo una promesa que no se materializa.

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