El sector privado, clave para alimentar a los cerdos que darán combustible a las guaguas
Cuba
Con la planta de biogás que está a punto de arrancar en Matanzas, se abastecerá inicialmente a cinco guaguas adaptadas, pero se necesitan más cabezas de porcino para sostener la producción
Madrid/Los habitantes de Martí, en Matanzas, llevan ocho meses esperando que los cinco ómnibus Yutong propulsados por biometano –o biogás refinado– entren en funcionamiento, una promesa que se les hizo en agosto de 2025 y que aún sigue sin fecha. Las guaguas, que costaron más de 3.600.000 dólares, permanecen aún paradas y pendientes de que la planta, que suministrará energía a partir de residuos orgánicos, arranque.
En el proceso deben participar los expertos españoles que han acudido a la Isla para dar el pistoletazo de salida a este proyecto, financiado por la Unión Europea e implementado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud). Aunque lo más difícil está por llegar, ya que la planta debe alimentarse con los desechos de los cerdos, empresa complicada en una Isla mermada de masa animal.
Por el momento, la cochiquera que lo abastece cuenta con 1.000 cerdos, pese a tener una capacidad de 15.000. “En lo que se buscan soluciones para mejorar su alimentación y adquirir nuevos ejemplares en medio del complejo contexto económico, se ha apostado por la excreta vacuna y otros desechos, incluso se prevé el procesamiento de sargazo”, cuenta una nota de Granma publicada este martes.
La información, donde se explica el funcionamiento de la planta de biogás, revela que el Estado volverá a apostar por los privados –en este caso, a través de convenios– para intentar que crezca esa masa porcina. “Una posibilidad a tener en cuenta, dice [el doctor en Ciencias Agropecuarias Giraldo Martín], es que las dos más grandes cochiqueras sean administradas por convenios públicos privados, con mejores posibilidades de garantizar la importación del alimento para los cerdos”.
"A partir de ahí se bombea el gas hasta la planta a través de una tubería de 11 kilómetros de largo, soterrada a un metro y medio"
Wilber Oliva Rodríguez, guajiro y ahora experto en la supervisión de la producción de biogás, cuenta que la cochiquera principal está a 100 metros. Desde ahí, a través de los drenajes, llegan los desechos, que se filtran y homogeneizan antes de ser bombeados al biodigestor, una piscina de siete metros de hondo, con dos agitadores, cubierta por una gran carpa de goma, donde se genera un proceso de ebullición o desprendimiento de gases.
“A partir de ahí se bombea el gas hasta la planta a través de una tubería de 11 kilómetros de largo, soterrada a un metro y medio. El residuo restante se recolecta para ser usado como fertilizante orgánico, así mismo ocurre con las partículas sólidas. En un proceso circular donde nada se desperdicia”, señala el especialista.
“El biodigestor almacena 3.000 metros cúbicos de gas de una capacidad de 4.000 y puede llegar a bombear a la planta hasta 18.000. Nuestro principal problema ahora mismo es gestionar la materia prima suficiente para sostener la producción”, insiste.
De acuerdo con Granma, hay una docena de productores que se han adherido al proyecto entregando materia prima. A cambio, los campesinos reciben los biofertilizantes que se producen en la propia planta.
Los trabajadores, dice Oliva, están entusiasmados con el inicio del proyecto, tanto por el dinero que consideran que van a ganar como porque gracias a él se han construido siete kilómetros de vías. Además, en un zona donde las comunicaciones son un problema, las guaguas se vislumbran como una esperanza que, eso sí, se está haciendo desear.
“Este es un territorio que queda lejos de todo. Incluso las distancias entre los consejos populares son considerables. Hoyo Colorado queda a doce kilómetros de la cabecera municipal, Itabo a siete y Camilo Cienfuegos a 21”, dice Geovanny Castanedo Lareda, intendente del municipio.
'Granma' echa las cuentas de la lechera y calcula que, si todo va bien, y la producción de gas alcanza los 150.000 metros cúbicos planificados
En su descripción del panorama, la nota de Granma no escatima detalles, que llevan hasta un Martí varado casi a inicios del siglo XX, con “carreteras vacías”, “burros” y almendrones a 1.500 pesos hasta Cárdenas, a menos de 45 kilómetros.
Cuando la planta y la estación de metano –ubicadas en el consejo popular Esteban Hernández– estén listas, los biodigestores enviarán el biogás a través de gasoductos y, culminado el proceso de limpieza de los gases, que implica también incrementar la proporción de metano hasta el 90%. Será entonces cuando se pueda enviar el producto tanto a las guaguas como a vehículos pequeños.
El servidor tiene, según el diario oficialista, capacidad para 1.800 kilos y el ómnibus necesita 60 para recorrer unos 300 kilómetros.
La nota señala que el entorno completo se ha empapado del proyecto, y cita a Javier Fal Vera –uno de los productores agroecológicos “con mejores resultados en el municipio”– como contribuyente, a través de los deshechos de sus animales. Su finca produce vegetales, frutas y viandas sin químicos, así como leche y carne de ganado menor y mayor a partir de la alimentación 100% orgánica.
“En un primer momento, reconozco que algunos productores tuvieron sus dudas respecto a la agroecología. Sobre todo, porque en términos de rendimiento, no puede competir con la siembra que emplea fertilizantes químicos”, cuenta el campesino, que ahora habla de las maravillas que ha descubierto en busca de “alternativas sostenibles”.
Granma echa las cuentas de la lechera y calcula que, si todo va bien, y la producción de gas alcanza los 150.000 metros cúbicos planificados, “se podrán sostener una ruta de ómnibus de dos viajes hacia Matanzas, una hacia Cárdenas, una a Colón y otras dos dentro del propio Martí”. No solo eso, también generador eléctrico “podría sumar hasta tres megawatts al sistema eléctrico nacional, lo que equivale a un 80% del consumo del municipio”.
Queda por ver si la esperanza que el diario oficial del Partido Comunista dijo haber observado “en los rostros de las personas” de Martí se hace por fin realidad o, una vez más, se incumple lo proyectado.