"Si no tienes dinero te mueres de hambre": la Cuba que encontró el ‘Wall Street Journal’
Cuba
El periódico estadounidense vuelve a la Isla y recoge el testimonio de jubilados, emprendedores y comerciantes
Madrid/“Fuimos a Cuba para ver cómo la crisis del combustible está obligando a La Habana a abrir su economía”. Así ha titulado el Wall Street Journal la información publicada este miércoles por dos de sus reporteros, que recibieron un visado de prensa de los que el régimen cubano entrega con cuentagotas. El medio llevaba sin pisar la Isla desde el deshielo y su presencia forma parte del despliegue que el Gobierno ha hecho en los últimos meses para llevar su relato al público estadounidense.
El resultado de este viaje es, por ahora, un video de poco más de 12 minutos en el que se habla de un sector privado emergente que contrasta con una población empobrecida, la que no tiene familiares ni ayudas procedentes del exterior. "Vimos una Cuba que crece en dos velocidades", avanzan.
"Si no tienes dinero te mueres de hambre", resume una jubilada, Bárbara López Chávez, consultada para la ocasión. La pensionista dice cobrar unos 10.000 pesos entre la jubilación y un pequeño trabajo limpiando, un monto que el medio calcula en 13 dólares mensuales, aunque de acuerdo con la tarifa informal de este jueves son más bien 11,5.
"Pero si a la bodega no llega nada, mija"
Cuando el reportero pregunta a López Chávez cómo puede vivir así y desde cuándo las cosas están tan mal, ella es contundente: “Después que se murió Fidel, esto se ha puesto malísimo”. Es en ese momento cuando la intercepta Yindira Cerqueda, administradora del comedor social al que tiene que recurrir la mujer y quien, cogiéndola del hombro, la reprende con condescendencia: “Bueno, pero la Revolución se ocupa de ustedes”, replica, añadiendo que gracias a estos servicios pueden comer. La jubilada, con el gesto torcido, se queja: “Pero si a la bodega no llega nada, mija", dice, aunque acaba conviniendo que el comedor es al menos un alivio.
El diálogo, que transcurre en los dos últimos minutos del video, echa por tierra la parte más optimista del reportaje, en el que se señala la oportunidad que puede suponer la tímida apertura para el sector privado.
El primer entrevistado es Oscar Fernández, que aspiraba a convertirse en el mayor exportador de fruta deshidratada de Cuba y ha visto sus planes “frustrados por las sanciones estadounidenses y el colapso económico de la Isla”. Este emprendedor cuenta que comenzó a construir una fábrica en un terreno alquilado por el Gobierno, pero las obras debieron terminar hace un año y ahora lo único que hay son seis meses sin electricidad y unos trabajos que avanzan a cuentagotas.
"De este modo, lo que era un establecimiento estatal se está convirtiendo, de hecho, en un negocio privado”
Fernández es optimista con las nuevas medidas de la economía cubana –aunque afirma que las autoridades las han tomado porque no había más remedio– y confía en que las cosas van a ir aún mejor. “Por supuesto que va a cambiar. Seremos los dueños de toda esta compañía. Lo sé; tengo la certeza de que las cosas están cambiando. Grandes cambios, un giro de 180 grados”, sostiene.
El reportero también se acerca a una panadería antes estatal y ahora privada y subraya que este tipo de negocios abren oportunidades que antes no existían. “Hace unas dos semanas, el Estado dejó de suministrar los ingredientes para elaborar el pan. La gente solía comprarlo a un peso la unidad y solo podía llevarse uno. El administrador, en lugar de cerrar, decidió conseguir los insumos por su cuenta y seguir vendiendo pan, ahora a 50 pesos la pieza, pero permitiendo comprar la cantidad que se desee. De este modo, lo que era un establecimiento estatal se está convirtiendo, de hecho, en un negocio privado”, relata.
En el video aparece el ministro de Inversión Extranjera, Carlos Luis Jorge Méndez, que sonríe cuando se le pregunta por la importación de combustible de EE UU. “Es irónico, sí”, sostiene. “Resulta que nadie puede venderle combustible a Cuba y que el poco combustible que hemos podido recibir proviene de EE UU. Y uno no puede hacer otra cosa que pensar que es una manera de someternos a la dependencia. Nos parece totalmente inaceptable”, defiende. El funcionario también admite que se compran todo tipo de bienes en el país vecino, pero insiste en que no se hace siguiendo las normas de comercio internacional habituales –al exigirse el pago por adelantado y en efectivo, de acuerdo con las normas del embargo–.
"Hasta ahora hemos operado en una especie de burbuja donde competíamos solos frente a empresas estatales, lo que nos daba grandes ventajas"
De interés resulta también la participación de Oniel Díaz Castellanos, de la consultora Auge, que sostiene que es común para él recibir “muchísimas solicitudes de empresas del sur de Florida, algunas de ellas propiedad de cubanoamericanos, que vieron una oportunidad enorme para abastecer al sector privado. Y eso está pasando a gran escala”.
Preguntado sobre si la normalización de las relaciones en un futuro genera incertidumbre entre los empresarios de la Isla, el especialista sonríe. “Los más inteligentes del sector privado sí tienen ese temor. Hasta ahora hemos operado en una especie de burbuja donde competíamos solos frente a empresas estatales, lo que nos daba grandes ventajas. Tendremos que competir con nuevos actores que llegarán con más experiencia, mayores recursos y con la intención de aprovechar con rapidez las oportunidades del país”, argumenta.
El reportero del Wall Street Journal también se acerca al sector informal. En la calle, en la cola de un banco, se topa con Fernando Pérez Hernández, un ingeniero industrial que vende cigarrillos y café a los que esperan en la fila. En un día bueno para él puede lograr 10 dólares. “Yo estoy ganando aquí en un día lo que podría ganar en un mes con el Estado”, dice, frente al estupor del periodista. El vendedor sostiene que carece de ahorros para poner una mipyme y regularizar su trabajo, pero sorprende cuando se le pregunta por la actual apertura económica. “Yo temo que se pierda lo esencial del proyecto”. “¿Que es qué?”, inquiere el reportero. “El bienestar social”, espeta.