El sol también se cotiza en dólares en Cuba

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En una calle de Sancti Spíritus, unos paneles solares a 320 dólares cada uno ponen precio al sueño de escapar de los apagones

¿Cuánto cuesta escapar, aunque sea parcialmente, de los apagones?
¿Cuánto cuesta escapar, aunque sea parcialmente, de los apagones? / 14ymedio
Mercedes García

09 de agosto 2026 - 07:10

Sancti Spíritus/En una calle de Sancti Spíritus se exhibe un panel solar. No está detrás de una vidriera, ni bajo las luces de una tienda especializada. Descansa directamente sobre la acera, apoyado contra la fachada de una vivienda, con un pedazo de cartón en el centro que anuncia, en una caligrafía improvisada: "Se venden paneles".

En un país donde cada día hay que sacar cuentas para el arroz, los huevos, el aceite, el transporte y hasta para recargar el teléfono, ahora los cubanos incorporan otra cifra a su calculadora mental. ¿Cuánto cuesta escapar, aunque sea parcialmente, de los apagones? La respuesta empieza, en el caso espirituano, por un precio que este sábado se ubica en 320 dólares, pero puede seguir creciendo con baterías, inversores, controladores, cables y demás componentes necesarios para convertir un rectángulo bajo el sol en unas horas de autonomía doméstica.

"Pronto van a ser más caros que las baterías", se queja una vecina al pasar frente al panel. No se detiene demasiado. Mira, pregunta y sigue su camino con ese gesto tan habitual de quien acaba de confirmar que algo que necesita está bastante más allá de lo que puede pagar.

La crisis energética ha cambiado incluso el paisaje de las ciudades cubanas

Otros reducen el paso. Observan las placas oscuras como hace unos años se contemplaba una motocicleta eléctrica o un aire acondicionado detrás de una vidriera. Cada cual parece ponerles encima su propia lista de deseos: mantener funcionando el refrigerador para que no se eche a perder la comida, recargar un ventilador que alivie las noches sofocantes, encender unos bombillos o conseguir que el móvil llegue vivo a la mañana siguiente.

La crisis energética ha cambiado incluso el paisaje de las ciudades cubanas. Los generadores eléctricos, las llamadas estaciones de energía, las baterías y los paneles solares han pasado de ser equipos especializados a formar parte del vocabulario doméstico. Se habla de watts, amperes y capacidad de almacenamiento con la misma naturalidad con que antes se discutía sobre libras de arroz o taxis colectivos. La necesidad ha terminado impartiendo un acelerado curso nacional de electricidad.

Pero aprender la teoría no significa poder pagar la práctica. Los 320 dólares por panel representan una inmensa fortuna para quien cobra su salario en pesos cubanos. Y ni siquiera resuelven por sí solos el problema: son apenas una pieza del rompecabezas que permite alcanzar cierta independencia de una red energética nacional cada vez más inestable.

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