Las tarjetas prepago, otro intento desesperado por evitar el robo de combustible en Cuba

La población se resiste a la prohibición de pagar en efectivo la gasolina, que no termina de implantarse

Aunque las autoridades han endurecido las inspecciones, en los Cupet sigue vendiéndose gasolina en efectivo 'por la izquierda'. (14ymedio)
Aunque las autoridades han endurecido las inspecciones, en los Cupet sigue vendiéndose gasolina en efectivo 'por la izquierda'. (14ymedio)

A pesar de los denodados esfuerzos del Gobierno, los cubanos se resisten a dejar de pagar en efectivo la gasolina. La obligación de pagar con tarjeta en los servicentros Cupet, pertenecientes al conglomerado estatal Cimex, se preveía obligatoria para diciembre de 2020, pero la medida, lejos de concretarse, sigue despertando recelos entre la población.

Del descontento se hizo eco esta semana la prensa oficial de Villa Clara, donde reportan que en 41 de las 55 gasolineras del territorio solo se puede pagar con tarjetas, bien sean magnéticas o de prepago desechables. Eduardo Acosta, gerente comercial de Cimex en esa provincia, reconoció a la emisora CMHW que "en estos momentos se ralentizó el proceso porque no estamos acostumbrados a esta nueva forma de pago" y que no en todas las unidades han podido introducir los escáneres para el código QR de las tarjetas.

Además, opinó que con cualquier medida nueva que se toma "hay resistencia por todas las partes", pero que es una "decisión de Estado", parte del "reordenamiento".

"En la práctica, por la burocracia administrativa, hay demasiada lentitud por momentos y se crean cuellos de botella y el cubano entonces se pregunta por qué tengo yo que pagar los platos rotos"

Fue el reportero de la nota radiofónica, Abel Falcón, quien, en el contrapunto, expresó lo que hay detrás de las disposiciones: "Es una táctica para evitar lo que estaba sucediendo, que era el trapicheo y el desvío de combustible", a la vez que criticó: "En la práctica, por la burocracia administrativa, hay demasiada lentitud por momentos y se crean cuellos de botella y el cubano entonces se pregunta por qué tengo yo que pagar los platos rotos".

"Si en cualquier lugar de La Habana te vendieran las tarjetas, no habría problema", dice a 14ymedio el chofer de un carro que trabaja en la capital. "Lo malo es que no en todos los Cupet está a la venta y a veces llegas, haces horas de cola y tienes que virar para comprar la tarjeta en otro sitio. Y tampoco te avisan si se acepta efectivo o no".

Justamente sobre ello habló también el gerente comercial de Cimex en Villa Clara al medio provincial, al asegurar que se encuentran negociando con la empresa de telecomunicaciones Etecsa para que ofrezcan las tarjetas en sus puntos de venta.

Cuando Cimex anunció la implantación del pago con tarjeta obligatorio, en marzo de 2020, esgrimió vagas razones de "modernización de la red", sin dar más explicaciones. Era un día antes de que Cuba cerrara sus fronteras al turismo para evitar la propagación del covid-19. La pandemia hizo que el conglomerado estatal pospusiera la medida de agosto a diciembre, momento en el que también presentó las tarjetas desechables o scratch (que se rascan y proporcionan un número exclusivo), que funcionan como una tarjeta prepago telefónica y que pueden ser de 25, de 75, de 125, de 250, de 500 o de 1.250 pesos.

"Ahí hay otro problema", continúa el mismo chofer, "porque la tarjeta tienes que usarla completamente. Por ejemplo, si la tarjeta es de 500 litros tú no puedes echar 250 y guardar lo que sobra". Además, si puedes llenar con esa cantidad 20 litros pero a tu carro solo le caben 15, ¿qué haces con lo que sobra? Tienes que andar con un pomo por si acaso. Y ningún carro te marca exactamente los litros que tienes y menos en Cuba, que son una vaina antigua".

Otro botero, al tanto de la conversación, intercede: "Nosotros estamos pasando mucho trabajo con las tarjetas, porque tienen que pasar por el sistema y a veces el sistema está caído". Por ejemplo, menciona, a causa de apagones, cada vez más frecuentes en la Isla. "Compras los cupones y al final no puedes echar el combustible. Porque el sistema será muy moderno, pero no hay tecnología para eso. Si con lo que tienen están colapsando, imagínate tú con lo nuevo".

Aunque las autoridades han endurecido las inspecciones y "la cosa se ha puesto bastante difícil", asevera, "el negocio nunca va a parar y no importa que no reciban efectivo"

Al final, se resigna el primer chofer, "el único objetivo que tiene eso no es ni mejorarle la vida al cliente, ni facilitar nada, sino tratar de controlar el robo de combustible, que ya ellos han intentado de mil maneras y no tienen idea cómo hacerlo".

Es célebre, por ejemplo, la cruzada contra la corrupción en Cupet llevada a cabo en 2005 por el propio Fidel Castro, que envió a miles de "trabajadores sociales" a las gasolineras para evitar el robo de combustible. "Terminó siendo un fracaso igual", cuenta a este diario Lizy, empleada en un servicentro de la capital, "porque también los trabajadores sociales empezaron a hacer negocio por la izquierda".

Aquellos grupos, unas especies de guardias rojos a la cubana que lo mismo repartían electrodomésticos en los barrios que servían de tropa de choque contra disidentes, terminaron también por entrar en las redes de la corrupción, el desvío de recursos y la venta al mercado informal. Menos de una década después, pocos de aquellos trabajadores sociales seguían trabajando en los servicentros, y algunos hasta se habían hecho millonarios con el desfalco.

Lizy confirma a este diario que trabajar en un Cupet "trae muchos beneficios" y que, en pocos meses, los empleados "se hacen de un carro, de una moto, de una casa".

Aunque las autoridades han endurecido las inspecciones y "la cosa se ha puesto bastante difícil", asevera, "el negocio nunca va a parar y no importa que no reciban efectivo".

El "negocio", refiere, "comienza cuando viene la pipa y deja el combustible en el Cupet. Ahí por ejemplo le dice el pistero: tienes ahí 150 litros de petróleo y 100 litros de gasolina para ti, me tienes que pagar tanto. Se le paga su parte y ellos después la venden por la izquierda y de ahí se reparte el dinero. Así es como ha funcionado siempre".

Aunque impongan el pago por tarjeta, los clientes "saben" y algunos piden pagar en efectivo. "Y no pasa nada, ese dinero va para los trabajadores del Cupet".

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