"Los tiempos de las vacas gordas ya pasaron" para los comercios cubanos DiTú

Los establecimientos, en decadencia en los últimos años, han visto cómo la Tarea Ordenamiento les daba su golpe de gracia final

Los pomos de agua de la marca nacional Ciego Montero son prácticamente el único producto que se repite en los mostradores de los DiTú. (14ymedio)
Los pomos de agua de la marca nacional Ciego Montero son prácticamente el único producto que se repite en los mostradores de los DiTú. (14ymedio)

Lo que un día fue, no será. Lo dice una canción de José José y lo repetía este martes una vendedora de maní mirando nostálgica los restos del DiTú ubicado en Zapata y C, en La Habana. La decadencia de estos establecimientos, que en su día brillaban por su amplia oferta en pesos convertibles, es visible desde hace unos años, pero la Tarea Ordenamiento les ha dado su golpe de gracia final.

Eran cientos los establecimientos, pertenecientes a la Empresa Extrahotelera Palmares S.A. que recorrían el país y que en el pasado fueron populares por su venta de pollo frito, croquetas, chorizos, refrescos gaseados, helados, cervezas y cigarrillos de distintas marcas. Ahora, los que quedan en pie, sólo comercializan escasas ofertas en pesos cubanos.

Los pomos de agua de la marca nacional Ciego Montero son prácticamente el único producto que se repite en los mostradores de los DiTú. Rara vez venden cigarrillos y solo en los más céntricos se venden potes de helado o botellas de ron que generan inmensas filas y se agotan al instante. Unos pocos comercializan jugos naturales e incluso "timba cubana" (barra de guayaba con queso), por iniciativa de los mismos dependientes que buscan un extra.

En medio de la crisis económica que atraviesa el país, el Gobierno ha trasladado muchos de los productos que solían venderse en los DiTú a las tiendas en dólares. (14ymedio)
En medio de la crisis económica que atraviesa el país, el Gobierno ha trasladado muchos de los productos que solían venderse en los DiTú a las tiendas en dólares. (14ymedio)

Los trabajadores pasan largas jornadas sentados, navegando en internet o haciendo videollamada con sus familiares. "Es horrible tener que pasar todo el día aquí sin hacer nada", alega una vendedora del DiTú de la calle 23, entre 28 y 30, el barrio de El Vedado de la capital. "Pasan las horas sin que nadie venga a comprar y es muy aburrido tener que estar aquí solo para vender agua gaseada y una marca de cigarros que nadie fuma", lamentó.

"Los tiempos de las vacas gordas ya pasaron para nosotros", cuenta a 14ymedio Rafael, un ex trabajador de otro DiTú, que añade que solían tener muy buenas ganancias gracias a la variedad de mercancías que había en sus inventarios. "En días buenos podíamos hacer hasta 60 CUC, pero ahora ya todo cambió, y los inventos pueden salir caros", cuenta.

A inicios de la pandemia, Rafael decidió echar mano del dinero que había reunido para salir del país. "Tenía dos caminos: irme para otro país o invertir mi dinero y así no gastarlo". Pero los vuelos estaban suspendidos y nunca le agradó la idea de cruzar las 90 millas del estrecho de Florida en una embarcación rústica. "Abrí mi taller de reparación de motos eléctricas, y hasta la fecha vivo de eso", agrega.

En medio de la crisis económica que atraviesa el país, el Gobierno ha trasladado muchos de los productos que solían venderse en los DiTú a las tiendas en dólares, lo que ha causado malestar y protestas entre la población, que recuerda con añoranza la "abundancia" que se podía encontrar en estos pequeños locales.

En las madrugadas habaneras y sobre todo los fines de semana, los DiTú eran muy frecuentados por trasnochadores que acudían a buscar una cerveza bien fría y algo para picar, ya que ofrecían servicio las 24 horas.

"Antes iba a cualquier hora y con 3 CUC compraba los cigarrillos, un surtido de croquetas y choricitos, una Tukola, y me daban vuelto", rememora Adrián, un vecino del municipio de Marianao. "Así y todo, antes nos quejábamos porque a nadie le pagaban en esa moneda, pero por lo menos uno podía ir al banco y comprarla con los pesos cubanos. Éramos ricos y no lo sabíamos", lamenta.

Con su estructura metálica pintada de blanco y rojo, los DiTú se convirtieron en los salvavidas de innumerables almuerzos. En la calle Tulipán de Nuevo Vedado, uno de ellos abastecía con sus productos a los padres que llegaban buscando algo barato que añadir a la merienda de sus hijos en la escuela José Luis Arruñada, pero poco después de inaugurado la calidad de las ofertas se desplomó.

"Usaban el aceite de freír infinidad de veces para poder robar el resto", lamenta la madre de dos niñas que era asidua cliente del local que fue desarmado ya hace varios años. "Las croquetas al principio estaban buenas, pero después eran pura harina y daban tremenda acidez. La gente hacía chistes con eso: que tenías que ir con un poco de bicarbonato en la cartera si pensabas comprarlas".

Con su estructura metálica pintada de blanco y rojo, los DiTú se convirtieron en los salvavidas de innumerables almuerzos.  (14ymedio)
Con su estructura metálica pintada de blanco y rojo, los DiTú se convirtieron en los salvavidas de innumerables almuerzos. (14ymedio)

Entre los productos más demandados de estos llamativos kioscos estaba la cerveza de lata producida en la Isla, que los consumidores acompañaban con los alimentos recién fritos que salían de sus fogones. En los DiTú que contaban con mayor espacio, las mesas ubicadas en el exterior permanecían muchas veces llenas de grupos de amigos que, no en pocas ocasiones, provocaban la molestia de los vecinos cercanos por hablar en voz alta hasta tarde en la noche.

El nombre de DiTú fue de los primeros en aparecer en una familia de locales estatales que también trajo a los DiMar, especializados en pescados y mariscos, y los DiNos que ofertaban pizzas y sándwiches. De aquellos parientes tampoco queda mucho, reconvertidos en cafeterías de otro tipo, cerrados o con una oferta paupérrima.

Ahora el óxido se ha adueñado de las planchas metálicas que componen los pocos DiTú que quedan funcionando en la capital cubana. Aquel olor de fritanga que salía de ellos desapareció, a las mesas laterales se las llevó el tiempo con su deterioro y las remató la pandemia con sus medidas de alejamiento. Las croquetas que una vez fueron blanco de las burlas ahora pueblan las nostalgias de quienes las probaron.

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