La tienda de los muchos rostros y las largas colas

En el antiguo Tencent, la fila para hacerse con algún electrodoméstico se forma en plena madrugada

En el antiguo Tencent, la fila para hacerse con algún electrodoméstico se forma en plena madrugada. (Facebook)
En el antiguo Tencent, la fila para hacerse con algún electrodoméstico se forma en plena madrugada. (Facebook)

Hace más de medio siglo todos llamaban "Tencent" a la gran tienda ubicada en la esquina de Galiano y San Rafael de La Habana, pero las nacionalizaciones la convirtieron por décadas en un comercio estatal regido por la distribución de productos racionados. Así fue, hasta que a inicios de este siglo los pintorescos almacenes pasaron a ser gestionados por los militares cubanos bajo la empresa Trasval, que comercializaba insumos de ferretería en chavitos.

Este 2021 ha traído un nuevo cambio el emblemático inmueble que ocupa prácticamente toda la manzana. El local, que hace más de 60 años era parte de la compañía Woolworth, ahora pasó a convertirse en una tienda en moneda libremente convertible especializada en electrodomésticos. Su reapertura en medio de la pandemia de coronavirus no ha sido motivo para evitar las larguísimas colas por alcanzar una cafetera eléctrica, un split de aire acondicionado o los apetecidos freezer para congelar alimentos.

Con la disminución de los viajes al extranjeros, las mulas que importaban muchos de esos dispositivos para revender en el mercado informal ahora ven un nuevo nicho de negocios

Con la disminución de los viajes al extranjeros, las mulas que importaban muchos de esos dispositivos para revender en el mercado informal ahora ven un nuevo nicho de negocios en comprar en el antiguo Tencent y ofrecer la mercancía a los tantos cubanos que no tienen acceso a una tarjeta magnética con divisas extranjeras. De ahí que, desde la madrugada -incluso antes de que a las cinco de la mañana se levante el toque de queda impuesto en la ciudad- los alrededores de la tienda se llenan de gente.

Muchos de los que aguardan, desde horas antes de que salga el sol, no conocieron las escaleras eléctricas que antes caracterizaban al lugar, su barra donde se servían "los mejores sándwiches y batidos de frutas de La Habana" y tampoco recuerdan los detalles de la etapa en que los generales convertidos en gerentes ofrecían en sus salones herramientas eléctricas, sillas plásticas y enormes aparatos de barbacoa.

Los que esperan para entrar solo saben que allí dentro hay mucho de eso que falta en otras partes: los símbolos de estatus de la clase con dólares en esta Isla.

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