La viejita tramposa y el guajiro desconfiado sortean la crisis en Cuba

El timo de pequeña envergadura o aparente ingenuidad es el que más cala en la Isla

Este jueves en la mañana una anciana ensayaba una disculpa para llevarse sin pagar una libra de arroz del improvisado punto de venta ubicado en el parque de las calles Carlos III y Belascoaín. (14ymedio)
Este jueves en la mañana una anciana ensayaba una disculpa para llevarse sin pagar una libra de arroz del improvisado punto de venta ubicado en el parque de las calles Carlos III y Belascoaín. (14ymedio)

Con un vaso de papel en la mano, un hombre de rostro curtido se acerca a quienes pasan por el Parque Central de La Habana. "Mi hija sufrió ayer un accidente y necesito comprarle sus medicamentos", explica. Lleva años repitiendo la misma historia, que sazona con más detalles escabrosos en la medida en que la crisis económica se agrava. A pocos metros, un vendedor de granizado maldecía este jueves porque le habían pagado con un billete de cinco pesos como si fuera otro de 500. Una burda falsificación muy común debido a la reciente llegada de billetes de altas denominaciones y al parecido de colores de algunos de ellos.

Al escuchar la historia del granizadero, el colega que lo ayudaba empujando el carrito, también aprovechó para contar el timo que sufrió en unas transferencias a través del móvil y que le costó todo su saldo telefónico. "La gente está que no se mide, va con el cuchillo en la boca a ver qué te puede tumbar", sentenció.

La sensación de desconfianza se extiende por todas partes y se vuelven a contar con temor las estafas más sonadas del Período Especial. Desde el bistec hecho con frazada de piso hasta la pizza con supuesto queso a partir de preservativo, las leyendas urbanas del fraude callejero regresan con fuerza a las conversaciones cotidianas.

Pero más allá de estos hitos del engaño, el timo de pequeña envergadura o aparente ingenuidad es el que más cala en la Isla.

La sensación de desconfianza se extiende por todas partes y se vuelven a contar con temor las estafas más sonadas del Período Especial

Este jueves en la mañana una anciana ensayaba una disculpa para llevarse sin pagar una libra de arroz del improvisado punto de venta ubicado en el parque de las calles Carlos III y Belascoaín. "Mijo, dámelo que ahora mismo voy hasta el cajero y te traigo el dinero", repitió varias veces la señora, pero el comerciante no se dejó convencer. "Vaya y regrese con los 50 pesitos y entonces le entrego el arroz", respondió categórico el campesino que añadió en voz más baja: "Yo seré guajiro pero no soy bobo".

El engaño también se extiende por las cafeterías particulares: bocaditos que solo muestran una lasca de jamón hacia afuera pero por dentro están vacíos y presuntos jugos naturales que se venden a precios exorbitantes y en realidad son concentrados artificiales mezclados con agua. Sin embargo, el campeón del sablazo al bolsillo sigue siendo el Estado: picadillos que de carne no tienen ni el recuerdo pero se comercializan a precio de alimento gourmet, paquetes turísticos con todo incluido donde hay que llevar el vaso porque en los hoteles no tienen envase para servir las bebidas y un servicio de acceso a internet, de entre los más caros del mundo, que apenas garantiza unas pocas horas al día de conexión a la 4G.

El timador de esquina justifica sus tropelías señalando a los constantes delitos económicos que comete el oficialismo. Él mismo es una víctima de la voracidad y la ineficiencia estatal. "Mi vieja, si va a ahora al cajero a sacar dinero va a regresar mañana porque hay apagón y están fuera de servicio", bromeaba otro cliente del punto de venta de la calle Carlos III. La crisis puede propiciar las estafas pero, al mismo tiempo, se nota que la gente está más desconfiada y no se deja timar con tanta facilidad.

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