Los vientos de Ian dejan a La Habana a oscuras y más desabastecida

"Aquí no hay nada de nada para estos eventos: ni cintas para proteger ventanas de cristal, ni lámparas recargables, ni kerosene, ni velas"

En la tarde de este martes 27 de septiembre se veían muchos árboles caídos en la capital. (14ymedio)
En la tarde de este martes 27 de septiembre se veían muchos árboles caídos en la capital. (14ymedio)

La Habana amaneció este martes con las lluvias y vientos que llevaba horas dejando Ian en territorio cubano, pero la gente, en la calle, parecía no haberse enterado de que el huracán que se les venía encima era de intensidad considerable.

La escasez de alimentos en la capital era más fuerte que la amenaza del ciclón. "Nada evita que la gente salga para hacer la cola del pan como sea", decía una anciana de Centro Habana que el día anterior no había alcanzado a comprar ni una pieza.

En esta misma barriada capitalina y bajo lluvia, los vendedores ambulantes no dejaron de promover unas pocas mercancías, principalmente los carretilleros, que no se movieron de las esquinas sin antes despachar algunas frutas y viandas.

En otras zonas como el municipio Plaza de la Revolución, el aullido del viento atemorizó a los residentes, sobre todo cuando, además del ruido estremecedor que provocó la fuerza del huracán, comenzaron a ver cómo volaban tejas de zinc, hojas de palma, pedazos de plástico y algunos árboles caían al suelo.

"Hubo una ráfaga tan fuerte y sostenida que todos, humanos y mascotas, corrimos a escondernos y resguardarnos debajo de la mesa", cuenta un joven desde Nuevo Vedado.

Los cortes eléctricos comenzaron desde temprano en la mañana y aún mantienen a gran parte de la capital a oscuras. Tampoco faltó el sonido de las sirenas rumbo a Centro Habana y La Habana Vieja, dos de los municipios más poblados y hundidos en un gran deterioro habitacional. "Escucho una sirena, son bomberos, acabo de verlos pasar hacia la calle Reina. Debe ser por algún derrumbe", decía sobresaltada a este diario una residente vía telefónica.

Y ante el sonido de las sirenas y del viento, no faltó quien recordó la severa crisis económica que azota la Isla, peor que un huracán como Ian: "Aquí no hay nada de nada para estos eventos: ni cintas para proteger ventanas de cristal, ni lámparas recargables, ni kerosene para 'chismosas' o para hornillas, ni velas", se quejaba una habanera. "Bueno, estamos plagados de dengue y no hay ni mosquiteros, ¡qué podríamos esperar!".

En horas de la tarde, cuando el agua y el aire dieron por fin tregua, se pudo atestiguar el desastre en la ciudad. Árboles tras árboles caídos, al igual que techos y fachadas, y algún que otro mueble que salió volando, eran el panorama general.

En esta parte del occidente cubano, "la gente está muy molesta por las demoras en los preparativos y también en la cautela de los primeros pronósticos del huracán", reprochaban algunos. "Ayer mismo, varios vecinos de El Vedado se sorprendieron cuando les advertimos de Ian".

Mientras que en Florida, adonde se dirige la noche de este martes Ian con intensidad crecida, las autoridades llevan preparando a la población sobre los posibles estragos del temporal desde la semana pasada, en la Isla, donde el ciclón ha dejado Pinar del Río en zona de desastre, los mensajes del Gobierno en días pasados estuvieron exclusivamente centrados en el referendo sobre el Código de las Familias, que entró en vigor este mismo miércoles. "Una ley pasada por agua", ironizan los cubanos en la calle.

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