El Ciervo Encantado rompe con la institucionalidad cultural cubana tras décadas de vigilancia y censura

Teatro

El colectivo teatral abandona su sede en El Vedado y apuesta por una creación al margen del Estado

Imagen del espectáculo 'Cubalandia'.
Imagen del espectáculo 'Cubalandia'. / El Ciervo Encantado
14ymedio

04 de febrero 2026 - 11:43

La Habana/El emblemático grupo El Ciervo Encantado anunció este martes su ruptura definitiva con el sistema institucional del régimen cubano. En una declaración pública firmada por sus fundadoras, Nelda Castillo y Mariela Brito, el colectivo informó que deja de tener vínculo laboral con el Centro de Teatro de La Habana, el Consejo Nacional de las Artes Escénicas y el Ministerio de Cultura. La decisión, explicaron, responde al hartazgo frente a la vigilancia permanente, el control ideológico y la censura sistemática ejercidos sobre sus procesos creativos.

La agrupación también anunció que abandonará su sede de Línea y 18, en El Vedado, espacio que durante años fue referencia ineludible de la escena alternativa habanera. “No continuaremos sometiendo nuestra obra a las normas, regulaciones y mecanismos de evaluación y aprobación practicados por estas instituciones hacia nuestro trabajo”, señala el texto, que marca un punto de inflexión en la relación entre uno de los colectivos más respetados del teatro cubano y el aparato cultural del Estado.

Fundado en 1996, El Ciervo Encantado ha sido durante tres décadas una de las experiencias más singulares, incómodas y coherentes del panorama teatral de la Isla. Desde sus primeros espectáculos hasta sus performances y dispositivos escénicos más recientes, el grupo apostó por un lenguaje corporal extremo, una poética del riesgo y una mirada crítica sobre la identidad, el poder, la violencia simbólica y el deterioro moral del país. Su trabajo, deliberadamente ajeno a la complacencia, le valió reconocimiento dentro y fuera de Cuba, así como múltiples premios y una sólida reputación internacional.

“No continuaremos sometiendo nuestra obra a las normas, regulaciones y mecanismos de evaluación y aprobación practicados por estas instituciones hacia nuestro trabajo”

Esa coherencia artística, sin embargo, ha tenido un costo. El teatro cubano ha sido históricamente una de las manifestaciones culturales más castigadas por el poder. Desde el célebre “tengo miedo” pronunciado por Virgilio Piñera frente a Fidel Castro, el mensaje de Palabras a los intelectuales –discurso que regula la política cultural– dejó claro que la creación solo sería tolerada mientras no cuestionara al sistema. Los teatristas menos dóciles fueron parametrados, enviados a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (Umap), expulsados de las escuelas de arte, prohibidos, silenciados o empujados al exilio. El aparato institucional ha funcionado durante décadas como un filtro político más que artístico.

En ese contexto, la decisión de El Ciervo Encantado conecta con una tradición de resistencia que se remonta a los sucesos del Teatro Villanueva, cuando la Isla era colonia de España. La rebeldía de los bufos cubanos se convirtió en un símbolo del enfrentamiento entre arte y poder. Frente a los “voluntarios” culturales de hoy al servicio del discurso oficial, el grupo opta ahora por asumir el costo de la independencia y preservar una obra que, según sus propias palabras, seguirá siendo “genuina”.

Numerosos artistas y creadores expresaron públicamente su respaldo al colectivo. Entre ellos, Mario Junquera, Atilio Caballero, Osvaldo Doimeadios, Ulises Rodríguez Febles y Eberto García Abreu, entre muchos otros. El gremio ha destacado la importancia ética y simbólica de la decisión del colectivo escénico. También se pronunció la crítica teatral oficialista Vivian Martínez Tabares, quien lamentó la ruptura y escribió: “Lo siento mucho. Qué será de la mejor sala de La Habana, hecha a imagen y semejanza de un grupo de notables resultados artísticos. Y quiero seguir siendo su espectadora, donde decidan estar”.

“La sangre del teatro es la ética de quienes lo hacen”

Uno de los textos más comentados fue el escrito por el dramaturgo y crítico Norge Espinosa, quien calificó la noticia de “grave y dolorosa” y subrayó que, sin El Ciervo Encantado, el teatro cubano pierde “un eslabón esencial”. En su reflexión, Espinosa insistió en que el trabajo del grupo ha demostrado durante 30 años que el cuerpo del actor, el escenario y el país son una misma cosa, y que prescindir de esa mirada empobrece aún más un panorama cultural ya asfixiado.

En la misma línea se expresó Carlos Celdrán, Premio Nacional de Teatro, quien resumió el conflicto en una frase: “La sangre del teatro es la ética de quienes lo hacen”.

Este 2026, El Ciervo Encantado cumple 30 años. Lo hará fuera de la tutela institucional, sin sede fija y sin aval oficial, pero con la decisión explícita de seguir creando. En un país donde el arte independiente es tratado como una amenaza, la ruptura del grupo con la institucionalidad dignifica la independencia de los creadores frente al control y la censura. 

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